¿Qué estamos dispuestos a hacer para alcanzar la belleza? ¿Debe dolernos? ¿Es válido sufrir? ¿Hemos soñado alguna vez con una versión mejor de nuestra persona? ¿Más joven, más hermosa, más perfecta?
La sustancia dirigida, escrita y coproducida por Coralie Fargeat, es una película que explora de manera extremista la presión social y las exigencias desmedidas que enfrentan las mujeres para cumplir con un estándar de perfección casi inalcanzable. La obsesión con la juventud es abordada a través de una combinación de efectos especiales exagerados y una narrativa absurda, en una película que busca provocar incomodidad en el espectador, aunque a menudo cae en lo desagradable.
Elisabeth Sparkle (Demi Moore) es la estrella de un programa de televisión sobre fitness. Su grandiosa carrera frente a las cámaras culmina cuando cumple 50 años y el ejecutivo a cargo del programa (Dennis Quaid) decide que es demasiado vieja para merecer ser vista. Él dictamina si alguien quiere verla y si aparta las cámaras de ella. Aquel hombre ruidoso y repugnante llamado Harvey le dice que “después de los 50, se acaba” pero ¿qué es lo que se acaba?. Ella ya no es atractiva por estar demasiado mayor y se la echa para reemplazarla por alguien más joven. Elisabeth, entonces, decide tomar la sustancia para crear una versión más joven y perfecta de sí misma, y es allí donde aparece Sue (Sarah Margaret Qualley).

La crítica feroz está marcada sobre la presión que sienten las mujeres conforme se van haciendo mayores en cuanto a su aspecto físico. Por alguna razón, esperaba algo más de sutileza, pero esta película es lo contrario de sutil: tiene un objetivo que es lanzarte a la pantalla y, de esa forma, una y otra vez reiterar el mensaje con un trabajo visual impactante. Desde los primeros 30 segundos ya estás dentro de la trama, aunque ese tercer acto se hace eterno, ya que cuando parece que está todo dicho la película continua de una forma muy agresiva y exagerada, es posible que la vayas a rechazar completamente, o del contrario podrías llegar a amar esa escena, depende de cómo lo veas. Termina en un colapso total: ya no hay una versión joven o adulta, se ve algo grotesco y evidentemente inhumano y no hay como esconderlo, se juega con el género del terror para explorar cómo el perfeccionismo puede convertirse en una verdadera pesadilla. Algo que se sentía a dos horas de la película es que suceden tantas cosas que la misma parece tener que recurrir a la locura extrema en sus últimos 20 minutos para generar un desenlace, lo que produce un desenfreno y catarsis de cosas horribles.
Superficialmente es una película que critica los estándares de belleza en la industria del entretenimiento y lo que vende de la misma. Pero cuando pasamos ese telón, lo que sigue es mucho más surrealista y seriamente asqueroso. Qué está dispuesta a hacer una persona para mantenerse vigente en este mundo que la glorifica y luego la desecha. De nuevo, produce esa sensación de querer involucrarse porque desde el inicio se sabe que las presiones y las malas decisiones son detonantes que generan cierta impotencia.
A nivel técnico, me fascinan los detalles y el sonido, aunque me inquieta bastante el fetiche con los excesos y la comida presente de principio a fin. Demi Moore es impresionante y el trabajo prostético es excelente, con la modificación del propio cuerpo y la apariencia, haciéndolo ver como un elemento necesario para ser valorada o aceptada, lo cual refleja el ciclo interminable de consumo y perfección que muchas mujeres enfrentan hoy, una identidad construida a espaldas de las miradas ajenas.


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