Monstruo, caníbal, desalmado, son etiquetas que simbolizan el repudio de la sociedad hacia un ser como yo; no obstante, solo refleja la ignorancia de aquellos que juzgan, que se muestra a los demás con una moral intachable, cuando en realidad son todo lo opuesto. Claro que la vida no suele ser dulce con todos, más aún cuando la guerra toca a tu puerta y tu hermana se vuelve el alimento para los hacedores de muerte, mientras tu mente poco a poco se fragmenta, hasta el punto de bloquear aquel recuerdo, solo para ocultar la vergüenza por aquello que hice con total y pleno conocimiento.
Siempre recordaré la sensación de esos días, el frío no se comparaba con el hambre por el cual pasábamos, ni el dormir calmaba ese apetito, pues ni en mi sueños la tortura cesaba, peor aun cuando estos se materializaron en las miradas de nuestros verdugos. Nos observaban como si de perros hambrientos se tratasen, sus gestos reflejaban tal desesperación que no se contenían en ser tan obvios, fijando finalmente su vista en aquella que tenía entre mis brazos, a la cual trataba de brindarle calor en ese infierno helado.

¿Acaso el que mi hermana fuese pequeña la volvió más apetitosa? La respuesta es más que evidente, no eligieron al niño delgado. No debí dejarla sola, por qué no fui tras ella cuando la alejaron de mí, acaso perdí toda esperanza por vivir hasta el punto de dejarla a su suerte; qué debería haber hecho y sobre todo por qué lo hice, ambas preguntas solo tienen una respuesta: SOBREVIVIR. Decir que me obligaron sería la excusa más tonta, sabía que la carne en aquel plato pertenecía a mi dulce hermana, ¿acaso volvió a mí la esperanza de vivir a cambio de la de ella, o es tan cierta la frase “el fin justifica los medios”? La respuesta a esa pregunta no podría ser otra que la de querer seguir viviendo, aunque aquello no significaría que yo no fuese el siguiente, pero con la fuerzas recuperadas, la esperanza de ser salvado surgió nuevamente; sin embargo, hubo un detalle que no pude prever, y es el sabor de un manjar después de no haber probado bocado por mucho tiempo, pues eso fue la sensación que sentí cuando con lágrimas me deleitaba con la carne de mi hermana, mi paladar volvió a sentir, mi corazón volvió a latir, esas lágrimas que en un inicio eran de tristeza ahora se volvió de placer.
Quien habría pensado que a causa de la guerra, la vida podría regalarme tan apetecible vicio, el cual me convertiría en el más grande gourmet de la historia; y aunque con ello parte de mi humanidad se desvaneció, considero que la vida es la más grande de todas las aventuras, durante la cual se muestran muchos caminos a tomar, pero al final son nuestras decisiones las que nos convierten en el héroe o el villano de nuestra historia; por lo tanto, no me arrepiento de lo que hice, la vida fue cruel conmigo, por qué no enfocar esa ira en aquellos que se lo merecen, si ellos lo hacen, por qué no tomar el papel de verdugo esta vez.



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