Filmografías: Wim Wenders - Parte 3 - Volver a ser 

Peña Peña

Completamos la filmografía de Wim Wenders con las películas de los últimos años. En el artículo previo hice un comparación entre Las alas del deseo y ¡Tan lejos, tan cerca!, refiriéndome a cómo sirven para reflejar cómo era el mundo antes y después de la caída del Muro de Berlín. Intentaré ahora otro paralelismo entre El final de la violencia (1997) y Tierra de abundancia (2004) como testigos del mundo antes y después del ataque a las torres gemelas.

Lo primero que habría que decir de estos dos títulos es que son irónicos, o por lo menos que refieren a ideales perdidos. Como ya hemos visto, lo perdido, lo que hay que reencontrar, es tema central en la filmografía de Wenders. Lo segundo es que una advierte sobre un mundo menos libre y mucho más controlado que está por venir, y la otra simplemente atestigua ese nuevo mundo y sus carencias. Por último, mientras la de 1997 es una gran producción, con estrellas del momento y mucha ambición, la del 2004 es mucho más modesta y cercana al neorrealismo. El final de la violencia no es la gran película que quiso ser, algo empieza a fallar en el sistema de Wenders, en particular cuando se trata de ficciones ambiciosas. Ya había sucedido lo mismo con Hasta el fin del mundo (1991). Aún así se pueden destacar algunos momentos aislados, yo disfruté del homenaje a Edward Hopper en la fotografía de Robby Muller, que ya estaba presente en Paris, Texas pero que aquí se vuelve mucho más directo.

Cita directa a un famoso cuadro de Hopper

Desde los años ´90 Wenders se ha diversificado, con trabajos en publicidad (recuerdo una para Reanult filmada en La Boca que lo trajo a Argentina), videoclips, cortos, muestras fotográficas e instalaciones. También empiezan a cobrar mayor fuerza sus proyectos humanitarios. Esa dispersión puede haber afectado parte de su obra de las últimas décadas, pero sobre todo, como he señalado, en las ficciones. Sus documentales se han vuelto más interesantes a lo largo del tiempo.

Los siguientes años lo encuentran revisitando algunos temas previos. La crítica empieza a ensañarse un poco con él. La búsqueda (2005) es una nueva colaboración con Sam Shepard, escritor de Paris, Texas, que en este caso también protagoniza, pero queda a la sombra de ese hito previo. Palermo shooting (2008) tiene puntos de contacto con Historia de Lisboa, con un protagonista anclado en una bella ciudad (que pasa a ser un personaje más). No genera la empatía de Philip Winter, y eso es central. Con sus tramas derivativas, las películas de Wenders se juegan todo al compromiso del espectador con el o los protagonistas, cuando se establece una conexión, crecen y cuando no pueden caer en la intrascendencia.

El director es un permanente abonado de ls films colaborativos. A los ya señalados en los artículos previos se suman Ten minutes, the trumpet (2002), en dónde se destacan mucho los otros directores convocados (Erice, Kiarostami y Kaurismaki, por ejemplo) y dos mucho más vinculados a sus proyectos humanitarios, Invisibles (2007) y Un mundo invisible (2012). También participa en otro proyecto colectivo Catedrales de la cultura (2014).

Como ya he señalado, lo más destacado de esta etapa de su carrera está en los documentales, que abordan grandes figuras del arte (primero la danza, luego la fotografía y por último, la plástica) y como se conjuga ese arte con su lugar y su tiempo.

Pina (2011) aborda la figura de l bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch. Y lo hace a través de su obra y de su legado. Por ese entonces el cine en 3D había vuelto a estar de moda, por supuesto que para el cine más comercial, pero Wenders lo reencausa y lo aprovecha de otra manera, en un lúcido registro de coreografías que poco tienen que ver con lo clásico, y deja que aflores las historias que habitan en esos cuerpos. Para el director es una suerte de regreso a los primeros planos, con cosecha de premios y nominaciones, incluida una al Oscar.

Pina

La sal de la Tierra (2014) sigue la extraordinaria vida y obra del fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. Como en Pina, deja que la obra hable por él, pero se beneficia además, y mucho, del testimonio en primera persona, generando otro tipo de vínculo. El proyecto de Pina la incluia a ella, pero la muerte la sorprendió antes de tiempo y fue reformulado. La sal de la Tierra no está atravesada por desgracias, pero sí, y mucho, el mundo retratado por Salgado. Hay mencionar también la propia fotografía del documental, que logra estar a la altura del talento del sujeto retratado. Otra nominación al Oscar y premio en Cannes.

Lo que siguió es lo más cuestionado de toda su obra, Películas realmente denostadas por la crítica, en parte por algo que puede interpretarse como un más de lo mismo o un intento fallido de recuperar glorias pasadas, en parte por el exceso de mensaje. Yo no encuentro tanto cálculo en el director, si una solemnidad que le juega en contra. Aunque es cierto que estas ficciones empalidecen en comparación con las del pasado muchas, sobre todo las primeras no eran tan geniales de la misma forma que estas no son tan desastrosas.

Las películas en cuestión son Todo saldrá bien (2015), Los hermosos días de Aranjuez (2016), nueva colaboración con Handke, e Inmersión (2017). En esta última creo que la primera parte, romántica y convencional, funciona muy bien, y que se beneficia del talento de sus actores, en particular del protagonista, James McAvoy, pero luego Wenders se pierde en el camino, como sus propios personajes de películas previas. Todas estas películas están puntuadas por debajo de los 5 puntos en Filmaffinity (y otros sitios), lo cual es llamativo, habla de un marcado rechazo del público que acompaña al de la crítica.

Wenders completó otro documental, que no tuvo tantas críticas ni tampoco tantos elogios Papa Francisco, un hombre de palabra (2018). Aquí el director muestra su cercanía, y admiración para con la figura del Papa y establece un paralelismo con la de San Francisco de Asís, también claramente admirado por él.

Wenders de artista admirado a profeta preocupado por el mundo, para después caer en desgracia y, finalmente, volver a ser. Su propia vida parece un errático guion de alguna de sus películas.

El año 2023 se vuelve central para este regreso, con tres películas que lo atestiguan. Primero, una que no fue dirigida por él pero que lo devuelve al centro de una discusión a retomar, Habitación 999, de Lubna Playout, casi una secuela de su propia Habitación 666 (1982), ya mencionada. La idea es la misma, convocar a una gran cantidad de directores que participan del festival de Cannes para que hablen del cine y su futuro (si es que lo hubiera) 40 años después de la primera convocatoria de Wenders.

En segundo lugar, se estrena Perfect days, que lo reconcilia tanto con el público como con la crítica. Wenders vuelve al cielo, pero desde la tierra, y su película establece un contrapunto interesante con todo su cine. Ya no se trata de qué pasa al buscar sino al encontrar. Dejo link a un artículo previo sobre esta película.

El cielo (pero esta vez desde abajo)

Por último, aún sin estrenar en Argentina, ya hay un nuevo trabajo de Wenders, muy en sintonía con Pina y La sal de la Tierra.

Anselm cuenta (también en primera persona, y acompañado de bellas recreaciones de ficción), la vida del artista alemán Anselm Kiefer. Su vida es también la de Alemania, y la del propio Wenders, con su infancia de postguerra. Su colosal obra lo refleja a la perfección. Y una vez más Wenders está a la altura (que en este caso es literal por la increíble gran escala de los trabajos de Kiefer). Hay una contradicción que se vuelve vital, y que permite cuestionar a Heidegger como persona a la vez que se sostiene su obra. Las películas de Wenders se siguen preguntando por el ser y por el tiempo.

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