Hace tiempo la gente creía que cuando alguien muere, un cuervo transporta su alma a la tierra de los muertos, pero a veces, a veces algo muy malo sucede, algo que causa una enorme tristeza, que el alma no puede descansar y a veces, solo a veces, el cuervo puede traer al alma de regreso, para corregir todo lo que está mal.
Un 30 de octubre, durante la temida “Noche del Diablo” en Detroit, somos testigos de una brutal escena del crimen, inspeccionada por el oficial Albrecht, donde Shelly Webster ha sido golpeada y abusada; su prometido, un músico local llamado Eric Draven, murió, sufriendo un destino igualmente trágico. La pareja planeaba casarse al día siguiente, pero esto fue cruelmente impedido por las acciones criminales de una pandilla. En camino a llevar a Shelly al hospital, Albrecht conoce a una niña, quien, junto a su patineta, expresa su sorpresa y preocupación por la chica en la camilla. El nombre de la niña es Sarah, quien menciona que ella es su amiga, la cual cuidaba de ella junto a Eric gracias a que su madre Darla es una representante negligente. Albrecht le dice a la pequeña que Shelly estará bien, pero una corazonada le dice a ella cuál será realmente su destino.
Un año luego de lo sucedido, un cuervo se posa en la tumba del fallecido Eric Draven, dando inicio a una lluviosa y sombría noche, así como también a una desenfrenada búsqueda de venganza en nombre del verdadero amor. Eric despierta y escapa de su sepulcro, temblando y agitado en confusión. Regresa a su apartamento y lo encuentra abandonado; las memorias de lo sucedido invaden rápidamente su mente, recordando los rostros de los responsables de aquel atroz hecho. Entre sus recuerdos, podemos ver el gran amor que ambas víctimas compartían el uno por el otro, al igual que sus últimos momentos juntos en el plano terrenal. Eric, lleno de dolor y sed de venganza, maquilla su cara imitando a una máscara arlequín de porcelana dada a Shelly como regalo, y cambia su ropa por una más oscura e intimidante. Guiado por el cuervo que lo trajo de vuelta, pretende vengar su muerte y la de su amada, sin nada que pueda detenerlo.
A la hora de hablar de antihéroes, a mi parecer se menciona muy poco a Eric Draven. Este hombre es muy diferente a todos los personajes que también se encasillan bajo el concepto del “protagonista cuyas características o comportamientos no corresponden a los del héroe tradicional”, pero también existe un denominador que es muy común entre ellos: el dolor. El personaje de Eric existe principalmente por el dolor; podemos ver cómo este literalmente renace gritando de angustia y terror al inicio de aquella oscura y lluviosa noche en Detroit. Él es resurrecto, ya que el dolor que siente es tan grande que su alma no puede descansar y busca venganza, tratando de encontrar algo que sea lo más parecido a la paz.
Durante el primer acto de la película, se nos hace saber que Eric es inmortal luego de que es traído de nuevo a la “vida”, recuperándose rápidamente de cualquier tipo de herida. También podemos notar cómo él ataca a cualquiera que él crea que está entre la meta y su persona, así sea necesario o no. Él atraviesa esta aventura oscura con la consigna de traer justicia a su amor perdido, pero todo lo que está haciendo realmente es traer más dolor a las personas a su alrededor y a sí mismo. Inicialmente, su método es buscar a sus objetivos uno a uno para así ejecutar su venganza, pero mientras la película avanza, el nivel de destrucción crece significativamente mientras que otros mueren gracias a su desenfreno.
Para mí, todo esto es una metáfora de cómo, aun cuando pensamos que nuestra causa es correcta y justa, si nuestras acciones nos llevan a explotar con furia, podemos herir a muchos más allá de los que inicialmente queremos ver afectados, incluso a las personas que amamos. Eric está convencido de que está bien que no le importe a quiénes lastime, ya que él le da prioridad a su propio dolor, causado por la pérdida más grande que un ser humano puede experimentar. Realmente, este filme es naturaleza humana en su máximo esplendor, claramente impulsada por el poder sobrenatural de la historia.
No todo el mundo puede decir que conoce este tipo de dolor, el cual va mucho más allá de lo físico. Es un dolor que te hace sentir muerto por dentro, pero si no sabemos lo que se siente, al menos podemos sentirnos profundamente conmovidos, sentir empatía y sentir amor por este tipo de historias. Al final de la película, El Cuervo es herido y, luego de un enfrentamiento violento entre un Eric debilitado y expuesto a la mortalidad y el jefe de la pandilla llamado “Top Dollar”, nuestro anti-héroe le dice a su contrincante: “Tengo algo que darte, algo que ya no quiero” y coloca las manos en su cara, y así descarga todo el dolor que ha aguantado directamente hacia la mente del antagonista. Luego de esto, camina hacia la tumba de su prometida, recostando su cabeza contra ella y, en una emotiva escena, podemos ver como Shelly camina hacia él y le obsequia a Eric un beso de paz final, donde él encuentra descanso al fin.
Las personas, luego de la pérdida de un ser amado, tienden a creer que el dolor es tan grande e insoportable que piensan que durará para siempre, pero como le dijo nuestro querido Eric Draven a la pequeña Sarah en esta película: “No siempre lloverá".
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