¿El amor de mamá salva o daña?
En su intento por proteger a su vástago, una madre es capaz de llegar más allá de los límites conocidos, valiéndose de cualquier herramienta psicológica que le sea útil (como la manipulación). Nuestra querida madre, que es muy sabia, gracias a su perennidad, le otorga a su hija lecciones muy valiosas acerca de la vida (aunque su intención no hubiese sido de manera consciente), como el hecho de que la convivencia en la sociedad suele ser perturbadora y cruel, ajustarse a tantas normas para hacer feliz a la comunidad en general, muchas veces, a costa del sufrimiento propio. En general, esta visión pasa desapercibida, hasta que la realidad nos da un fuerte sacudón, que en ocasiones resulta ser una verdadera catástrofe.
A pesar de que Rapunzel no es su hija biológica, Gothel se encarga de ella asumiendo el rol, puesto que ve en la pequeña, su esperanza de lograr su meta principal: conseguir más tiempo, porque para ella, como para cualquier persona que no siente que haya logrado grandes méritos durante su paso terrenal, el mayor valor lo tiene el tiempo, para seguir intentándolo cada día.

Buscando su propio beneficio
Eventualmente, Gothel es capaz de proveerle a Rapunzel todo lo que necesita para vivir a plenitud cada día, mientras que su hija, a cambio, le brinda a ella su mayor anhelo; longevidad. Esto se configura como un win win (ganar-ganar), donde cada parte obtiene un beneficio, gracias al intercambio, que aunque no fue del todo honesto por parte de la madre, la inocencia de la hija no la dejaba entrever lo que tramaba su progenitora. De este modo, nuestra villana se encuentra en un aparatoso bucle, pues sigue alargando su tiempo, ya que considera que a través de esto, puede realizar mayores hazañas que le beneficien, o que simplemente le ayuden a alargar su paso terrenal, por miedo al fracaso, pero termina procrastinando y volviendo al punto de partida, buscando más tiempo.
Después de todo, ¿quiénes son los hijos? si no, la prolongación del legado y las vivencias de sus padres. Esta analogía representa realmente a una madre que intenta desesperadamente que su hija siga su patrón de conducta, porque está convencida que así como a ella le funcionó, tal cual ocurrirá con su sucesora. En niveles más básicos, son células compartiendo información genética, para asegurar su continuidad en el paso del tiempo.

No dejar ir lo que crees que te hace bien…
Sin embargo, el dilema empieza cuando la persona a la que intentas retener a tu lado (un hijo, en este caso), descubre que has creado una jaula de oro para ella, y cuál ave, decide que quiere emprender el vuelo, lejos de los horizontes de la opresión. Es así como se da inicio al conflicto y a una lucha entre partes, donde cada cual tiene su percepción y cómo no, un poco de razón. Para la madre no es sencillo dejar ir al hijo, puesto que añora su cercanía, la calidez y compañía que este le proporciona, sin dejar de lado que para Madre Gothel, Rapunzel representa su esperanza de seguir viviendo más tiempo, pues de ella brota el poder, la fuerza, el amor, el brillo, la inocencia y la tranquilidad, que son esas cualidades tan necesarias para todo ser humano, que mantienen encendida la chispa de vida en el corazón maternal.

Conclusión
En síntesis, aunque es un personaje cargado de fantasía y de ficción, ésta dura villana representa realmente a una madre, que está obcecada por lo que cree que es el amor, y presiona con fuerza para sacar a flote todo el potencial y la rudeza de su retoño, porque espera que en el momento de su ausencia, su pequeña esté verdaderamente preparada para enfrentarse a ese mundo que ella considera hostil. Tal vez faltó en ella un poco de experiencia y pericia, para encontrar que existen personas bondadosas, o tal vez vivió el tiempo suficiente para descubrir que cada quién busca obtener su propio beneficio, sin importar a quién tiran por delante. Y sin querer queriendo, tomó parte en el gran baile.




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