El Extraño Mundo de Jack: Un Canto Existencialista en la Temporada Navideña 

Para este artículo, me vi plenamente tentada a escribir acerca de porqué Harry Potter y la Piedra Filosofal es, en sí, una elección válida como película navideña. Sin embargo, y bajo la esperanza de que quizás en otro desafío hable más a detalle sobre ella, he optado por analizar una de mis películas favoritas, y la que llevo tiempo atreviéndome a decir que es mi película animada favorita: El Extraño Mundo de Jack.

The Nightmare Before Christmas, que es su título original en inglés, sitúa a su protagonista, Jack, en la tierra de Halloween. Es en este lugar donde cobra partida el inicio de esta aventura, en medio de una triunfante celebración, acompañada de una de las canciones más icónicas en torno al halloween, en donde podemos ver a todos los habitantes de esta tierra felices por haber hecho otra noche de brujas exitosa. Luego de todo el bullicio, la gente se dispone a programarse mentalmente para la cuenta regresiva del próximo halloween, con las expectativas anuales de superar lo que lograron en la edición pasada. Realmente me puedo identificar con ellos, porque en el instante en que el calendario marca primero de noviembre, yo ya estoy haciendo la cuenta regresiva para el próximo halloween, dado que es mi celebración favorita. Sin embargo, paralelo a lo que vive “todo el mundo” en la tierra del halloween, sucede otra cosa con la que me identifico aún más: Jack se aísla de todos.

Es aquí cuando acontece mi parte favorita de toda la película. Pero antes, cabe aclarar que, aunque existe un alcalde, es Jack quien es considerado el rey calabaza, porque tiene el reconocimiento de todos como el mejor en su labor. E incluso el alcalde mismo respeta y toma mucho en cuenta la opinión y autorización de Jack en torno a cualquier decisión relacionada con el halloween. Sin embargo, pareciera que nada de esto es suficiente. ¿Por qué alguien que aparentemente lo tiene todo, tendría motivos para sentirse tan sólo y vacío? Para que algo nos motive, debe suponernos un reto, y a estas alturas, la labor de Jack en torno a la planificación del halloween ya se siente monótona y repetitiva. Es aquí cuando, dentro de lo que muchos podrían considerar una película más para niños, tiene cabida un tema tan elevado e importante como el existencialismo puro, en su mera búsqueda del sentido de la vida.

A estas alturas, me permito referenciar al filósofo Albert Camus, quien solía hablar de lo absurdo de la existencia. Puesto que la vida misma no tiene un significado inherente a ella, sino que es a base de nuestras rutinas, deseos, aspiraciones y metas, así como todo eso que nos llena en el camino, lo que nos da un motivo para vivir. Y es precisamente esta confrontación y el anhelo de algo “más” de Jack, lo que refleja la lucha humana por encontrar un significado más allá de las expectativas impuestas por la sociedad. Incluso la icónica escena de Jack sobre la colina me recuerda mucho al mito de Sísifo, condenado a cargar una piedra cuesta arriba hasta llegar a la cima de una colina, sólo para volver a bajar y repetir esto al día siguiente. Este personaje se vuelve como un arquetipo existencialista y se eleva como un ser que cuestiona su rol y su satisfacción en una vida repetitiva. Sally lo escucha sin que este la perciba, y se murmura para sí misma que lo entiende, puesto que ella también se siente así.

En medio de esta crisis de identidad que está sufriendo Jack, se encuentra caminando y adentrándose a un bosque al que parece que nadie más se ha adentrado, al mismo tiempo que se adentra en sus pensamientos. Es aquí cuando accidentalmente descubre el mundo de la navidad y no puede hacer más que encontrarse totalmente maravillado al darse cuenta que el universo ofrece, en su totalidad, mucho más de todo lo que él conocía y con lo que creía que tendría que conformarse. A su regreso, Jack está convencido de que es este nuevo descubrimiento a lo que se va a aferrar como su nueva identidad y sentido de vida.

De esta forma, él intenta apropiarse de la navidad, pero fracasa porque no entiende completamente su esencia. El pueblo de halloween realmente no termina de comprender este nuevo concepto que Jack quiere introducirles, porque, en realidad, ni él mismo lo termina de comprender. Por demás está mencionar el toque “especial” que le dan a cada uno de los regalos que se dedican a construir, haciendo que juguetes adorables pasen a tener un semblante tenebroso. Se hace un juego total en esta especie de dualidad que existe entre ambas celebraciones: navidad como amor y luz, y halloween como un momento para abrazar la oscuridad interior y exterior. Es este choque entre halloween y navidad como una especie de metáfora del absurdo de internar encajar en un mundo que no corresponde a tu naturaleza. Pero más importante aún que los regalos, es la fijación que Jack encuentra en la figura de Santa Claus como líder de esta celebración, o “Santa Atroz”, como él lo interpretó según su experiencia, puesto que percibimos el mundo en gran medida mermado por esta, más que realmente desde un punto de partida objetivo. Este fracaso subraya cómo buscar identidad en algo externo puede ser un ejercicio vacío si no conecta con la autenticidad interna.

Pero, sin dar más detalles acerca de una historia ya ampliamente conocida, o en cuyo caso contrario, invito a conocer, esta película plantea la importancia de elegir y aceptar las consecuencias de nuestras elecciones. Claro está que, después de todo el desastre que provocan las decisiones de Jack, todo vuelve a cobrar el lugar que debía, pero no sin responsabilizarse de los estragos propiciados por estas. Finalmente, es a través de la aceptación de Jack por quién es realmente, lo que sirve para liberarlo de su insatisfacción inicial. Él aprende que la libertad conlleva responsabilidad, especialmente cuando su entusiasmo pone en riesgo a los demás. Y son precisamente los demás, y nuestra conexión con ellos, lo que también puede ayudarnos a enfrentar nuestras dudas existenciales. Es aquí cuando reconocemos a Sally como catalizador para el crecimiento de Jack: representa el apoyo y el entendimiento que lo ayudan a redescubrir su propósito.

Ahora bien, ¿por qué amo tanto esta película como elección navideña por encima de otras más llenas de luz? Porque creo que precisamente la atmósfera sombría y los personajes únicos de Halloween Town reflejan la soledad inherente de la condición humana. Es mi película predilecta para sentir que esa estética gótica de mi celebración favorita sigue acompañándome en la proximidad de días altamente cargados emocionalmente como lo son las fiestas navideñas. Y es a través de esta estética que la película logra conectar con la filosofía de aceptar lo oscuro y lo imperfecto de la existencia.

Pero también es ese ciclo interminable de halloween en el que vive Jack, lo que actúa como reflejo del concepto del “eterno retorno” de Nietzsche. Esta idea nos plantea que el universo y todo lo que ocurre en él se repiten infinitamente en un ciclo eterno. Según esta visión, cada acción, pensamiento y evento que vivimos no ocurre solo una vez, sino que se repite una y otra vez, exactamente de la misma manera, por toda la eternidad. Esto lleva a una pregunta existencial: ¿estás viviendo una vida que estarías dispuesto a repetir eternamente? Jack rompe este ciclo al buscar algo nuevo, cuestionando si la rutina da sentido a la vida o la limita.

En dicho sentido, cada año que veo nuevamente esta película, entiendo una capa más de este existencialismo. Y pasé años pensando “quizás el próximo año no me sienta tanto como Jack en la colina”, sin embargo, entre más crezco, más me siento así. No sólo dudo que este año sea la excepción, sino que estoy totalmente convencida de que será el año en que más identificada me sienta, pero más segura aún estoy de que el próximo me sentiré aún más identificada y así sucesivamente. Ya no lo veo como algo malo. Si la vida misma carece de un sentido inherente, sé que lo mejor que puedo hacer es aceptar esa realidad y apegarme por disfrutar el camino de mi transitar temporal en esta, haciendo lo que amo. Y entre esas cosas se encuentran el cine y escribir. Y si puedo escribir sobre cine y compartirlo con otras personas que posean la misma afición, me siento feliz al respecto. Por eso creo que, al menos de momento, este es el artículo que con más amor he escrito. Muchas gracias por tomarse el tiempo de leerlo, y les deseo felices fiestas. Únicamente me queda finalizar haciendo hincapié en que, así como Sísifo empujando la piedra, Jack nos regaló una hermosa postal en la sombría colina dos veces. Y es precisamente al final de esta historia, en donde vuelve a subirla, pero ya no se encuentra solo.

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