El extraño mundo de Jack, y el verdadero robo de la navidad 

Cuando hablamos de aquel que robó la navidad, solemos pensar en el mítico personaje del Grinch, ese amargado y peludo ser verde que por despecho robó todos los juguetes de los quién, pero que al final terminó conmovido por el cántico de los habitantes, e incluso su corazón terminó creciendo tres tallas. Para muchos, el Grinch fue y siempre será aquel que robó la navidad, más sin embargo no me incluyo a mi mismo en ese grupo. Verán, yo considero que el Grinch no robó más que los regalos de los quién y algunos cuantos adornos navideños, mientras que Jack Skellington por su parte fue quien verdaderamente puso la navidad en riesgo.

En una noche de navidad del año 1993, Jack se disponía a repartir los regalos de navidad por todo el mundo, sin saber que lejos de estar repartiendo felicidad y espíritu navideño, Jack estaba sembrando el terror en todas las casas, a través de regalos siniestros y adornos mortíferos. Incluso el ejército mismo tuvo que interferir para frenar la repartición de regalos malignos de Jack. ¿Cómo pudo ser que las nobles intenciones de Jack terminaran causando un resultado mil veces peor, al que el Grinch con todo egoísmo y desdén quiso lograr? ¿Qué fue lo que salió mal? Pues para empezar que entregar los regalos no era la labor del esqueleto, no era cómo en otras ocasiones en las que alguien debía suplir al gordo bonachón para repartir los regalos y salvar la navidad, para nada, Jack fue la mente maestra detrás del secuestro de Santa Claus, y si quiso repartir los regalos aquella noche fría del 93 fue por una razón y sólo una razón, Jack estaba desesperado.

Algo que admiro y me fascina de esta película, es la forma en la que Jack se sumerge asimismo en la obsesión tras descubrir la navidad y quedar fascinado con lo que esta representa. Quién sabe desde hace cuanto tiempo Jack estaba ya harto de repetir la misma celebración año tras año y no hacer más que dedicarse e ella; nadie sabe decir por cuantos años Jack estaba esperando algo cómo la navidad, la desesperación y el lamento de Jack son palpables en su canción, así cómo lo es su tan puro y casi infantil asombro al descubrir el calor y sentimiento de anhelo que pueden transmitir las fiestas decembrinas. Jack incluso trató de compartir semejante maravilla con los habitantes de Halloween, pero cómo si de un burro intentando aprender a sumar se tratará, ninguno de los habitantes fue capaz de entender lo que Jack quería decirles, y si nos ponemos en los zapatos de Jack, repetir año tras año la misma celebración, sin poder ser visto cómo otra cosa que “el rey calabaza”, y que tras descubrir finalmente algo que te hace sentir vivo, pero que todo el mundo que te rodea sea incapaz de comprender, debe ser cuanto menos desesperanzador.

El profundo pesar de Jack se puede sentir verdaderamente genuino, y es comprensible que por un año, por al menos una vez entre tantos años, y posibles siglos, Jack quisiera hacer algo distinto, algo más alegre, algo menos fúnebre y repetitivo que la misma celebración de cada año, es comprensible que por al menos una vez en su vida, Jack quisiera sentir y esparcir alegría, o díganme ustedes ¿Acaso no han sentido, al menos una vez en su vida, que son infelices y les gustaría hacer algo diferente? ¿No han deseado alguna vez, ser alguien diferente?

Pero los hechos son los hechos, ni Jack ni los monstruos de Halloween Town sabían lo que hacían, y terminaron por convertir lo que debía ser una noche alegre y familiar, en una autentica pesadilla para quién sabe cuantas personas y familias.

Jack no es tan gruñón cómo lo fue el Grinch, y ni de lejos es tan amargado cómo Ebenezer Scrooge, más sin embargo para mí Jack fue verdaderamente, y pese a no quererlo de ese modo, aquel que se robó la navidad.

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