GLADIADOR II: CINE AUTOCONCIENTE DEL MAL GUSTO PARA ENTRETENER LAS MASAS 

Objetivo de esta crítica: comunicar que Gladiador II no es únicamente una película mala (¡malísima!) y fallida, ni todo lo grotesco que salta a la vista mientras se la ve en pantalla grande. Son tantas y tan deliberadas las decisiones que toma Scott por dar a los espectadores mundiales de este súper tanque una experiencia pochoclera al máximo, que bajo ningún punto de vista puede ser dable sospechar que Scott hizo una mala película por error o porque no le salió una buena obra.

Las casi dos horas y media de Gladiador II están embriagadas de autoconciencia. Es cine para entretener a las masas, como lo era el circo romano donde los hombres peleaban con leones hace dos mil años. Scott ya no pone leones en la arena, porque eso sería demasiado verosímil, entonces mete monos rabiosos digitalizados, un rinoceronte y hasta llena el Coliseo de agua y tiburones. ¡No le importa nada! A sus 86 años no tiene ninguna inhibición y evidentemente sí posee las espaldas suficientes para que la industria le dé centenares de millones de dólares para gastar como se le dé la gana. No tuvo que vender todos sus bienes como hizo Francis Ford Coppola para rodar Megalópolis, otra película que versa sobre el derrumbe del imperio romano.

Tampoco le importa a Scott sacrificar en el camino los dos géneros que hicieron que Gladiador fuera una película avalada por las audiencias y la crítica hace veinticuatro años: el épico y el drama. Porque si llena de agua y de tiburones el Coliseo y en la escena siguiente la arena aparece totalmente seca, entonces nada le importan a Scott los códigos del cine que adapta textos de la Antigüedad ni el drama shakesperiano que atraviesa a sus principales protagonistas (Sin spoilers: sólo decir el personaje de Paul Mescal es hijo del que interpreta Russell Crowe en Gladiador I y debe enfrentar más o menos los mismos obstáculos para vengar la muerte de sus seres queridos. ¡El guion es simplísimo!).

Mescal, el nuevo sex symbol de Hollywood, no sale mal parado del todo, pero poco puede hacer con un texto tan lleno de delirios y personajes secundarios híper caricaturizados. El actor irlandés no tiene la estampa del australiano Crowe en la película del año 2000, pero se defiende en las coreografías de las peleas y en escenarios que todo el tiempo parecen maquetas y cementerios de utilería televisiva.

Es observando -primero atónitos y luego haciendo consumo irónico- la arrolladora acumulación de vulgaridades estéticas, tanto visuales como sonoras, que se llega a la certeza de que el pillo de Scott buscó todo el tiempo crear la película de mayor mal gusto de los últimos tiempos. En ella actores importantes como Denzel Washington compiten en morisquetas con unos gemelos malévolos y queers que gobiernan Roma. Mientras que el chileno Pedro Pascal pasa desapercibido y el drama shakespereano naufraga en ese mar superficial lleno de tiburones digitalizados.

Como dijimos: la narrativa es lo de menos. Scott apela además a partituras obvias y llenas de subrayados y elige que cada trompada suene como una patada a un micrófono corbatero. Todo es rotundo y grotesco en Gladiador II, una película en la que están prohibidas las sutilezas.

No sé si Scott defenderá esta obra tomándose en serio lo que hizo. Sería un error tratar de proyectar alguna dosis de solemnidad a semejante disparate. Lo mejor que pueden hacer Scott y los espectadores es comprarse el balde más grande de pochoclos y pasar el rato.

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 3
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.