La disruptividad de "La Vendedora De Rosas" ante las peliculas navideñas genericas 

Nunca he entendido los especiales de Navidad o de cualquier festividad que he visto en la televisión, las producciones americanas tienen un toque fantasioso e idealista que muchas veces imagino que es lo que la gente que está acostumbrada a ver cuando buscan por los catálogos de streaming espera ver, una historia genérica con una enseñanza ambientada en un escenario festivo, pero en mi caso hay una producción que siempre me llego al alma por el sentimiento que transmite. La vendedora de rosas de Víctor Gaviria es una película de 1998 colombiana que narra la historia de un grupo de jóvenes marginados que tratan de pasar un 24 feliz a pesar de los problemas que acarrean.

EL CONTRASTE CON LA FANTASIA Y LA REALIDAD

Lo que hace especial este filme es que perfectamente cualquier colombiano o persona de clase baja se puede identificar con muchas de las situaciones retratadas en este filme, mientras que la protagonista “Mónica” está vendiendo rosas para pasar un 24 con su novio y su familia, sus amigas y todo su círculo social que conforman grupos juveniles delictivos y niños en condición de pobreza extrema roban, venden drogas, matan y se prostituyen como forma de vida, para poder pagar el alquiler de una pensión o para consumir "Sacol" para evadir sus problemas y la dura realidad que orbita a sus alrededores.

He visto muchas producciones de streaming navideñas que la mayoría de veces tienen la misma fórmula: protagonista solitario tratando de entender el valor de la Navidad con una enseñanza cliché en su desenlace. Lo que esta festividad ha condicionado a las personas es en reafirmar el valor de la familia, la unión y la fraternidad. Estas películas, aunque disfrutan de un éxito inmediato, no duran mucho en la cima, y la mayoría de veces estas películas terminan siendo solo productos vacíos y desechables.

Las plataformas como Netflix siempre prefiere hacer producciones sin mucho esfuerzo que no exigen mucha complejidad para que las personas puedan entenderlas más fácilmente. Y es aquí cuando viene el problema de cantidad no es igual a calidad, muchas de estas producciones tienen un éxito inmediato dentro de los consumidores que disfrutan de este contenido, pero terminan rápidamente en el olvido por su falta de originalidad y relevancia dentro del impacto que generan en las personas. Es aquí en donde quiero probar mi punto con La Vendedora De Rosas, una película que transcurre en Navidad, pero con un impacto narrativo y visual tan grande en su audiencia que desde su estreno hasta el día de hoy es considerada un clásico dentro del cine colombiano. Si bien países como Colombia, México y Venezuela son mayormente conocidos por popularizar el término “porno miseria” en Latinoamérica y gran parte del cine europeo como un género de películas que se centran en mostrar la cruda realidad de una población ya sea por problemas políticos o sociales, la vendedora de rosas encaja perfectamente en este género al tomar una festividad tan idealizada mezclándola con la crudeza de lo que es ser un marginado luchando por sobrevivir. Este género podrá ser cuestionable dependiendo del punto de vista que lo veamos, pero esto no le quita el mérito de querer romper con la estructura tan genérica de una película con un final feliz.

La cotidianidad de la violencia, la pobreza y de una sociedad descompuesta hace de este filme un retrato muy real de la vida de muchas personas. No apela de manera gratuita a la empatía o lástima de las personas con un melodrama ficticio, sino que fácilmente estás viendo la historia real de la protagonista en la que fue basada la película. Una adolescente que vende rosas en las calles de Medellín que recurre a las drogas para evadir sus problemas emocionales y la situación que pasa por su casa, el duelo de su abuela, la única persona que parecía cuidar de ella, ya que su madre y su tia parecen importarle poco al descuidarla y dejar que uno de sus familiares trate de abusar de ella. Todo esto resulto en que Mónica haya buscado un escape de su vida para entrar a algo que parece peor, la desolación.

Como espectadores no deberíamos de conformarnos con cualquier producción que una distribuidora quiera vendernos, debemos de indagar y explorar tópicos que puedan parecen poco convencionales o incómodos, de esta forma podremos apreciar más estas obras que parecen no ser del agrado de todos, pero que tienen un peso sociocultural tan fuerte y relevante que no deberían de pasarse por alto para entender mejor el contexto en el que vivimos.

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