Wicked o darle entidad a lo que no tenía nombre Spoilers

El maravilloso mago de Oz de Frank Baum despertó una imaginería que se prolongó desde los más de 124 años que tiene la novela. El escritor escribió 14 libros ambientados en el mismo universo y otros autores sumaron más de 20 historias dentro de aquel canon. La película homónima del año 39, dirigida por Victor Fleming, supuso un antes y un después en el cine, no solo por explotar al máximo el flamante sistema technicolor que poseía, sino también por su cinematografía, sus icónicos personajes, sus canciones y una historia que dejó una fuerte marca en la conciencia popular estadounidense.

Frases como “We're Not in Kansas Anymore” (“No estamos más en Kansas”), locas teorías como la sincronización tan particular que se logra con el disco The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, o la iconicidad del tema “Somewhere Over the Rainbow” se expandieron a la par que las iteraciones tanto audiovisuales como literarias. Fue en el 2003 que se adoptó en formato de musical de Broadway una novela escrita por Gregory Maguire, que poseía una mirada revisionista a la historia: “¿Y si tal vez la Bruja del Oeste era buena y Oz le impuso esa imagen de enemiga?”. Fuera por su narrativa, por la calidad del repertorio musical, por sus interpretaciones o por una combinación de todos esos aspectos, la obra fue un verdadero éxito, lo que condujo a una inevitable adaptación audiovisual que llegó casi 21 años después Jon M. Chu.

La obra comienza con el final de Un mago de Oz, al festejarse la muerte de la Bruja del Oeste.

La primera parte de Wicked es un film que logra traspolar tanto la esencia de una obra de teatro de Broadway como la magia y la profundidad del universo creado por Frank Baum, sin perder la puesta cinematográfica en el proceso. Se nota el amor y el cuidado al detalle que impregnan los diferentes aspectos del film, tanto en lo técnico, como en lo actoral y en lo artístico. En mi caso personal, no soy muy apasionado de los musicales, pero esta obra me logró conmover.

La historia comienza justo al final de El mago de Oz, el plano del sombrero de la bruja en el suelo luego de que le hayan tirado el balde de agua. La cámara sale de su castillo a la par que los monos voladores y se tiene un vistazo a vuelo de pájaro de Dorothy, el León y el Hombre de Hojalata caminando por el Camino Amarillo hacia Ciudad Esmeralda. La gente de Oz festeja mientras carteles con la ilustración de la bruja y muñecos de ella son quemados al grito de “Good news, she's dead / The Witch of the West is dead” (“Buenas noticias, está muerta. La Bruja del Oeste está muerta”). Hasta que aparece Glinda, interpretada por Ariana Grande, que viene en su burbuja. Y al ser interpelada por uno de los habitantes, ella admite que se conocía con la Bruja del Oeste, lo que inicia el relato de su pasado.

Elphaba recibe una construcción de su origen, su historia y su personalidad, dándole tridimensionalidad.

Así, la película le pone nombre a quien desde siempre tuvo meramente un epíteto despectivo. La Bruja Buena del Norte, por el contrario, ya poseía su nombre, Glinda, desde la obra original. Esto ya marca la pauta de quién es el núcleo de toda la narrativa y por qué la obra se llama justamente “wicked”. La otrora arquetípica villana verde, vestida de negro, recibe el nombre de Elphaba, junto a una historia y una tridimensionalidad. La forma en la que esto se logra es mediante un guion inteligente, que la va construyendo capa por capa como aquel ser marginalizado por la sociedad por su color de piel —el subtexto del racismo es bastante explícito, pero no por eso menos funcional— y a su vez con un poder y una ira que no puede controlar. Claro que estos aspectos no podrían funcionar de no ser por la gran interpretación de Cynthia Erivo.

A la par, su presencia solemne e introvertida se ve contrapuesta y balanceada con el personaje más superficial, gracioso y caprichoso que se construye alrededor de Glinda. El sueño de Ariana Grande siempre fue interpretarla, y eso se refleja en una actuación sentida y pasional. El dúo de opuestos se complementa en su justa medida y logra así mezclar los tonos más cómicos con los trágicos mientras hace avanzar la trama y mantiene el ritmo de la narrativa. Este par complementario se logra no solo con las interpretaciones de sus actrices, sino también por el vestuario y por el maquillaje, en su gama de tonos opuestos.

El dúo complementario de Elphaba y Glinda mantiene el ritmo de la narrativa.

A su vez, la musicalidad no aparece ni está por qué sí; sus letras y sus melodías se engarzan de forma orgánica a la narrativa que se propone. Las voces de Ariana Grande y de Cynthia Erivo se lucen, y se ven complementadas de forma armónica por el resto del casting. Expresan por un lado la potencia fantástica del relato, el elemento emotivo de los eventos que se suceden, la relación disruptiva y luego afectiva entre Glinda y Elphaba, los diferentes vínculos entre los personajes y la subtrama que se va desprendiendo.

En ese sentido, lo que la película cuenta es en el fondo un subtexto sobre el fascismo y la propaganda como productora de posverdades. Oz se irguió como un líder en esta sociedad en base a su pretendida magia, pero en realidad de lo que se vale es de su tecnología. Y en orden de mantener aquella farsa necesita (como necesitaron, por ejemplo, los nazis de los judíos), un chivo expiatorio. Esto desembocó en los animales. Y su pérdida del habla sirve muy bien como metáfora del poder de la censura y la represión. Ni hablar de lo ajustada que esta la actuación de Jeff Goldblum para aquel papel; un gran casting.

El subtexto del fascismo está expresado mediante el personaje de Oz, interpretado por Jeff Goldblum.

El mundo que se apoya en el amplio lore de El mago de Oz está trasladado a la materialidad con un detalle preciosista. El cine se está dando cuenta en estos últimos años de que el efecto práctico y la escenografía tiene una autenticidad que jamás va a ser lograda por el CGI, no importa cuán avanzado sea. Y esta película abraza esa necesidad de forma completa. Eso se puede observar tanto en la Ciudad Esmeralda, como en la Universidad o en los campos y en las ciudades de los muchinks. Que la magia esté tan bien materializada suma otra capa de tridimensionalidad a la película.

La pasión puesta en la obra se puede observar también en los detalles y las referencias que pueden pasar desapercibidas. Planos que emulan a los de Un mago de Oz, la presencia de las actrices originales del musical en un número propio o las formas interesantes en las que se explican los orígenes de determinados elementos del universo (el sombrero, la escoba, los monos voladores) hacen que la película deslumbre de encanto.

El final de la obra es de un clímax enormemente logrado.

El film es la primera parte del musical. Como bien hizo Dune este mismo año, fue dividido no por una cuestión de extender el rédito económico, sino por lo que la narrativa pide que sea contado. Esta parte abarca muy bien lo que se quiere relatar y deja espacio para lo que se viene. El final construido de este film es de un clímax y de una potencia que no veía hace mucho tiempo en la pantalla grande. La épica sección musical de “Defying Gravity” se complementa con la épica persecución, puesta en escena y altitud del personaje de Elphaba. La interpretación de Erivo irradia presencia y poder cuando vuela por los aires mientras enarbola su amplia capa negra, una parte de la noche en pleno día, y se aleja hacia el reino en el que va a tomar parte de la historia de Un mago de Oz, hacia un horizonte que se mimetiza con los créditos de una película que este año brilló.


Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.


Publicado el 15 de diciembre del 2024, 4.08 PM | UTC-GMT -3.


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