Ghostlight: la terapia a través del arte Spoilers

¿Cómo puede ayudar una obra de teatro a un padre depresivo que oprime sus propios sentimientos tras la muerte de su hijo? La respuesta está en “Ghostlight” de Alex Thompson y Kelly O’Sullivan (y una de las mejores películas de 2024). Estrenada en Sundance, esta cinta habla sobre la muerte y la salud mental en diferentes generaciones y cómo cada una trata de salir adelante tras un hecho traumático: en este caso, se utiliza el arte como terapia y la resignificación de una obra clásica como “Romeo y Julieta” como punto de partida para hablar de los sentimientos.

El arte nos rodea constantemente. El arte está en todos los detalles de nuestra vida, sean momentos felices o momentos tristes. Miramos películas, escuchamos música, bailamos o actuamos dependiendo nuestro estado de ánimo y, para ciertas personas, estas actividades funcionan como terapia. En este caso particular del que vamos a hablar nos vamos a centrar en las artes escénicas, específicamente sobre el teatro como herramienta para sanar, atravesar el luto por la muerte de alguien y de ayuda a poder liberar los sentimientos oprimidos durante mucho tiempo. Bajo esta premisa vamos a ahondar en la historia de “Ghostlight”: una película que utiliza la comedia y el drama para atravesar temas muy sensibles como el suicidio y la depresión y cómo las personas atraviesan diferentes momentos.

Dan (un brillante Keith Kupferer, de quien hablaré más adelante en detalle), es el padre de una familia destruida, compuesta por su esposa Sharon (Tara Mallen) con quien casi no tiene relaciones ni intimidad y su hija Daisy (Katherine Mallen Kupferer), una pequeña adolescente que tiene problemas de violencia y que claramente quiere llamar la atención constantemente de sus padres. (Dato de color: Keith, Tara y Katherine son una verdadera familia en “la vida real”). A priori, esta base se ha utilizado en cientos de historias y no es una novedad y quizás ni nos sorprendería enterarnos que el motivo por el cual esta familia está tan mal es porque su otro hijo falleció. Lo sospechamos desde un principio y con los indicios que se nos da, casi instantáneamente entendemos que no fue una muerte natural o un accidente: entendemos que se trata de un suicidio, pero lo que vamos a ir descubriendo son las circunstancias de la tragedia. Entonces, si ya sabemos lo que ocurrió, ¿qué nos motiva a seguir viendo el metraje? ¿Qué se nos esconde en la historia?.

“Ghostlight” es inteligente y toma una problemática que, tanto en lo ficticio como en la realidad, es un tema recurrente y hasta normal, y lo resignifica para brindarnos una reflexión cruda y en primera persona sobre la pérdida de seres queridos y la salud mental en las diferentes generaciones y cómo intentan lidiar con ella. El eje principal se mueve en Dan, quien será nuestro protagonista: él trabaja como obrero en construcciones viales y lo vemos desbordarse poco a poco. Quien parecía una persona tranquila (y de seguro lo fue toda su vida), pierde los estribos en la calle por un conductor que lo provocó. Dan le grita, lo baja de su auto y quiere golpearlo, pero al instante recapacita y no lo hace. Esta situación es tan ajena a él que se queda sorprendido, no entendiendo cómo podría reaccionar así. En ese momento, Rita (Dolly de Leon), es testigo de la pelea y ella nota algo raro en Dan: sin conocerlo, sabe perfectamente que nunca reaccionaría así. ¿Quién es Rita? La persona que cambiará la vida de toda una familia con solo un pequeño gesto de ayuda.

Ella pertenece a un grupo de teatro que invita a Dan a participar, quien acepta a regañadientes, ya que se considera un “hombre de vieja escuela”, alguien que jamás hubiese participado en una actividad como esa y mucho menos, actuar o hablar con desconocidos. Poco a poco, vemos a nuestro protagonista engancharse cada vez más con su grupo teatral y a soltarse (física y mentalmente), lo cual comienza a ser una mejora en su vida. Pero hay un problema con él y la obra que van a interpretar: harán su versión de “Romeo y Julieta” y Dan tiene que lidiar con la ficción de la muerte de los personajes y su realidad con la muerte de su hijo. Probablemente, su cabeza sea un infierno y un mar de recuerdos dolorosos, pero esta obra por más dura que le parezca, lo ayuda a atravesar la peor pesadilla que ha vivido en su vida. Como puse en el título, el arte contribuye en su recuperación, en reordenar su vida y sus pensamientos, animándose a contar lo que realmente le sucede y no guardarlo para él mismo, tragando toda la amargura y ocultando su evidente depresión. Y este avance no sólo es por él, sino por su familia, porque comienza a reconectarse con su esposa y su hija (de hecho, creen que él está saliendo con otra mujer y este es el alivio cómico durante gran parte del metraje).

Y como dije antes, “Ghostlight” también hace una enorme reflexión sobre la depresión y la salud mental en general en las diferentes generaciones. Reitero en que Dan se considera alguien de la vieja escuela y es un reflejo 100% real de toda una ola de hombres que ocultaron sus sentimientos durante muchos años (tanto los buenos y los malos) y ese mecanismo de ¿defensa? jamás los ayudó a seguir adelante. Por otra parte, su hija encuentra una salida en la violencia y rebeldía contra todos, pero lo que realmente está buscando constantemente es que la escuchen y la tengan en cuenta. Es que la muerte de su hermano acaparó (y con razón), toda la atención de sus padres y ella quedó casi en un plano inexistente, siendo ignorada todo el tiempo. De hecho, Daisy es una pequeña actriz con un talento enorme y justamente participaba todos los años en las obras escolares pero desde que murió su hermano, no lo hizo más. Que su padre encuentre una salida en el arte que tanto ama, fue un ayuda enorme en reconectar su relación tan distante. Por otra parte y lo más duro de tratar, es la depresión en adolescentes y en este caso, el suicidio de su hermano, el cual se nos revela que fue un acuerdo con su novia: ambos decidieron matarse porque ella iba a vivir lejos y no querían estar separados. Todo está conectado por pequeños detalles y las soluciones van llegando de a poco en la película.

El punto más alto de la película y por la que funciona tan bien es por la actuación descomunal de Keith Kupferer: el actor nos regaló una interpretación tan sentida (y quizás, la mejor de este año), de lo que puede ser un padre al que todos hemos conocido una vez. Esa “vieja guardia” de hombres que nunca harían nada artístico y muchísimo menos dirían un te amo o contarían lo triste que están. Esos hombres que, a pesar de ser grandísimos padres o esposos, sentían que la vida era injusta con ellos. Y Keith lo hace de forma superlativa, yendo de una persona callada, a un tipo actuando de Romeo y a quebrar en llanto al hablar de la muerte de su hijo. Es, sin dudas, el por qué “Ghostlight” se convierte en una de las grandes obras de 2024.


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