¿Te gustaría que tus juguetes tomaran vida?, si la respuesta es sí tomate un segundo para pensarlo mejor.
Tan solo imagina esto, eres un niño de unos 11 años de edad, no tienes muchos amigos así que te quedas en casa todo el día jugando y experimentando con tus juguetes creando un extraño vinculo emocional en el cual incluso hablas con ellos, de algún modo aquellas figuras de plástico se han convertido en una forma de expresar tu creatividad y frustración. Hace unos días tuviste la suerte de ganar un nuevo juguete que te motiva a hacer algo que siempre soñaste, los días pasan y la emoción aumenta, hasta que por fin llega el día, el sol brilla, y el cielo está idílicamente despejado; todo parece ser perfecto hasta que todos tus juguetes resultan estar vivos e intentan atacarte.
Con lo anterior tal vez parece como si estuviera contando la trama de alguna de las pelis de Chucky, pero no, es una película que desde pequeños nos mostro la magia y el horror de vivir en un mundo donde nuestros juguetes tomaran vida, estoy hablando de “Toy Story” (1995, John Lasseter).
Sid es uno de los villanos más icónicos del cine animado, pero una vez te logras separar del punto de vista de Woody y Buzz para pensar la trama desde el papel de Sid es como si pasaras de ver una película infantil a una de terror que hasta puede jactarse de hacer referencia a varias de las mejores películas de terror que han existido y para demostrarlo simplemente necesitamos una escena.

La escena en la que los juguetes derrotan a Sid inicia siguiendo la estructura básica para crear un ambiente de terror, con un lugar donde todo está aparentemente bien, hasta que algo fuera de lo común llama la atención del niño, lo extraño va escalando poco a poco con Woody repitiendo sus frases sin necesidad de que jalen su cordón; hasta este momento Sid simplemente le busca una explicación lógica reusándose a aceptar lo sobrenatural, pero es en ese preciso momento que se da el primer giro de la escena, el muñeco le habla a él directamente, Sid cambia completamente su comportamiento pasando rápidamente de la confusión al miedo, su respiración se acelera y sus palabras empiezan a titubear en signo de un claro ataque de pánico. Música de ultratumba empieza a sonar, los juguetes comienzan a moverse y a salir de sus escondites en una clara referencia a películas clásicas como “Christine” (1983), “La momia” (1932), “Cementerio de animales” (1989), “La noche de los muertos vivientes” (1968) y “El amanecer de los muertos vivientes” (1978).

Lentamente Sid es rodeado por los juguetes, mientras Woody le sigue hablando directamente, girando su cabeza 360° tal como lo hacia Regan en “El exorcista” (1973), para este momento Sid ya esta muerto del susto, pero la estocada final es ver la forma cúlmine de aquello que lo aterroriza, Woody deja su expresión congelada para hablarle como si fuese un humano más. Sid tira a Woody para salir huyendo del lugar y así concluye la escena.

Sid es uno de los villanos que más traumas tiene encima, si nos damos cuenta en toda la película nunca demuestra tener amigos, siempre está solo, ni siquiera su mamá parece ponerle atención. De allí que Sid se comporte así, pues de alguna forma los juguetes le permiten simular el control que le gustaría tener sobre los demás. Él es un niño que para el inicio de la película ya esta roto y que al final termina muchísimo peor pues ahora puede agregar otro gran trauma a la lista que probablemente lo marcará de por vida.

Toy Story es una gran película con personajes tan bien construidos que nos permite fácilmente ponernos en los zapatos de cada uno, de tal forma que podemos pasar de una linda historia sobre la importancia de la amistad, a una radiografía de como se generan los traumas infantiles.
Aún después de todo esto… ¿Aun te gustaría que aquel juguete en tu habitación cobre vida?



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