Robert Eggers me ha vuelto fiel discípulo de su cine. Con solo 3 películas se ha consolidado como un autor que combina un estilo cuidado y pulcro con personajes que se dejan arrastrar por arrebatos emocionales y se consumen lentamente ya sea por fanatismo, soledad o venganza. Mientras que en su relato lleno de misticismo La Bruja el diablo se hace presente a través de la entrega de sus personajes a la paranoia y el delirio, en El Faro es la soledad que confronta a los dos hombres que en el encierro no pueden hacer mas que mirar hacia las ficciones de su mundo interior, donde la marea es aun mas violenta que en el exterior. En la primera, es el miedo producido por el fanatismo religioso el motor de la desgracia, mientras que en la segunda es la culpa y los secretos que van gestando una paranoia que conecta con el horror cósmico.
En el caso de Northman, Eggers, preocupado por la manera en que la manosfera y grupos de extrema derecha idealizan la cultura y filosofía nórdica tomándola como referente de hiper masculinidad y fuerza bruta, busca hacer un relato que integre todos los elementos de la misma y que cuestione a través del arco de desarrollo de su protagonista la validez de sus actos, llenos de violencia despiadada, deseo de venganza y destrucción del legado del enemigo.
A diferencia de películas como 300 en dónde los físicos imponentes de los personajes y su sed de sangre son presentados de manera romántica y estéticamente placentera, aquí el mundo es crudo y aterrador, el heroísmo es casi sinónimo de psicopatía y el legado de la sangre no lleva orgullo sino desgracia y dolor.
Northman fue un fracaso en taquilla, quizá por lo crudo de su imágen, lo poético de su diálogo y lo pesado de su violencia, sin embargo es impecable en todos los aspectos. Ethan Hawke nos entrega a un imponente Rey Aurvandill; Willem Dafoe aparece como un brujo psicótico que aparece y desaparece en alucinaciones inducidas por psicotrópicos, Björk está majestuosa como el espíritu del bosque y Anya Taylor-Joy brinda fuerza y porte a una esclava cristiana incluso en un mundo trágico y vuolento, por lo que estamos en presencia de un reparto estelar.
Sin embargo, todos estos seres míticos circundan los destinos de tres personajes, Amleth, interpretado por Alexander Skarsgård , su madre la Reina Gudrun, interpretada por Nicole Kidman y su tío bastardo Fjölnir, a cargo de Claes Bang , quienes protagonizan una trama de traición y muerte.
Basada en una leyenda tradicional escandinava que William Shakespeare utilizaría para escribir Hamlet. Sin embargo, mientras que en la obra del autor inglés las intenciones y los pecados son menos evidentes y la crisis del jóven Hamlet se lleva como un descenso a la locura que va arrastrando todo a su alrededor, jugando con la ambigüedad, en El Hombre del Norte, enfocada en el mito real, todo es claro y directo. Las motivaciones son simples. Lucha por el poder, deseo de venganza, traición y destino, todo ello se mezcla en un coctél trágico.
El lente de Jarin Blaschke junto a la visión de Eggers traducen los hermosos paisajes del Norte de Irlanda en ominosos parajes que parecen devorar las almas de quienes los habitan. Cielos vastos, planicies impresionantes, montañas imponentes, todo ello integrado en un paisaje demencial. La historia, basada en el relato del mito por parte de Saxo Grammaticus , historiador Danés del Siglo XII, adaptada por el director en conjunto con Sjón , novelista y compositor, quien ha participado en numerosas ocasiones con Björk y compuso las letras del turbio musical Dancer in the Dark junto a Lars von Trier , es un relato que nunca pierde la musicalidad de la poesía pero con un tono desvastador. Cada diálogo está lleno de irá y misticismo y cada decisión nos aterroriza pues sabemos les acerca un poco más a su terrible destino.
A semanas de poder ver su, estoy seguro, impresionante e impecable adaptación de Nosferatu, es importante retomar su obra y reconocer como su visión va progresando y volviéndose cada vez más compleja y elaborada.




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