Hoy conocí gratamente el cortometraje Soft Rain (Lluvia Suave) de 2021, gracias al Workshop de Peliplat. Y quiero compartir mis impresiones sobre esta pequeña obra multipremiada.
En los títulos finales se hace referencia a la depresión y a cómo puede afectar a alguien, sin que parezca padecerla. Pero para mí, habla de nuestra incapacidad de disfrutar del momento presente.
La vida ajetreada y acelerada, hace que pospongamos la felicidad, como esa meta final y grandiosa, en dónde todo va a ser perfecto por siempre. Y por eso nos privamos de ser dichosos ahora, con las cosas más simples y hermosas.
Pero primero, exploremos lo que nos ofrece el filme en sí mismo.
Su realizador
Soft Rain es una creación de Sacha Goedegebure, quien la escribió y dirigió. Es también la cabeza y dirección de Omens Studios, cuya sede está en Singapur. En una entrevista comentó que su realización llevó alrededor de tres años y que fue una oportunidad para que su equipo explore diversas formas de animación.
Originalmente la historia iba a rondar en base a un hombre y una mujer que se conocen bajo una lluvia de conejitos. Pero en el transcurso esto cambió a un relato sobre la percepción de la realidad.

Su elaboración esmerada, dio como resultado un producto que ahonda muy atinadamente en una temática sensible. Y al mismo tiempo, provee una visión esperanzadora.
La técnica detrás
La hechura de los personajes y los escenarios, tienen cualidades que podemos asociar con el stop-motion. Pero para mi sorpresa, esa no fue la técnica que se empleó, aún sí alude a sus virtudes.
El director explicó que cuenta con una licenciatura en Profesor de Bellas Artes 2D. Con el tiempo trabajó para plasmar su trabajo en tres dimensiones.
Como consecuencia, este cortometraje fue desarrollado en 3D con Blender en formato FBX. De este modo obtuvieron herramientas que les permitieron sombrear al estilo de la arcilla, sin rayos UV.
Es decir, le dieron a todo, una apariencia similar a la plastilina, una elección estética que transmite calidez y expresividad.
Los elementos de la imagen
El triunfo de este corto radica en la elección de las imágenes y de una paleta de colores llamativa. Sus tonalidades son cálidas, e incluso rondan los tonos pasteles.
Sobre todo, en la lluvia de peluches rosados inocentes, que el realizador apodó como flinkies.
Y a pesar de que esto configure un escenario, aparentemente feliz e idílico, la expresividad de su protagonista transmite un sentimiento de melancolía, de carecer de fuente alguna de satisfacción.
Gracias a esto, la historia nos permite entender estos sentimientos, pero al mismo tiempo tener una visión, no optimista, pero sí, empática.
Su mensaje
La vista del botiquín lleno de medicamentos alude a una realidad frecuente, y preocupante. El hecho de que muchos adultos recurren a soportes artificiales para lidiar con la vida diaria.
Esto puede tener que ver con los índices de depresión creciente en las sociedades modernas.
Pero también nos recuerda que todos podemos sentirnos alienados, apartados del más básico sentido de dirección y realización.

Con frecuencia no reparamos en el simple hecho de que la felicidad puede estar al alcance de disfrutar de la belleza de algo tan simple como la lluvia.
Eso hace que Soft Rain sea un producto audiovisual con corazón, que nos conecta con esos sentimientos a los que tal vez no les queremos prestar atención.
O, cómo también dice su director, entender que “no todos compartimos la misma percepción y que ser conscientes de esto podría ayudarnos a cuidarnos más, los unos a los otros”.




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