Metaforas e inconsistencias.

Desde que nos propusimos indagar en los intersticios de la alma humana a través de la metáfora de las inteligencias artificiales, los resultados improbables han sido superados solo por los imprevisibles, inesperados e incomprendidos.
Y no es raro en estos tiempos de eclecticismo humano-cibernético. Ah no se enteraron? Pronto sale la primera camada de robots con trazos de bioplasma.
En criollo: robots con partes humanas… Y ha sido primero la literatura, luego el cine y ahora las series, webisodios y hasta podcast quienes nos han preparado el terreno para coexistir con estos demonios de litio.
La historia de la humanidad está llena de giros inesperados, conexiones improbables y una constante necesidad de hilar narrativas entre lo mundano y lo inexplicable.
En este laberinto de ideas nos encontramos hoy, listos para tender puentes entre destellos de luz en esta tierra arrasada y la cultura caldea, Viaje a las Estrellas, el siempre vigente Cthulhu, el tan mentado Nuevo Orden Mundial, las IA, la pintura de acuarela, los psicopompos cibernéticos, el tarot, el revisionismo histórico y, por supuesto, la serie Pokémon.
Porque, ¿quién dijo que la lógica era el único camino hacia la verdad?
Las estrellas: de los caldeos a la Enterprise

Los caldeos, astrónomos y mágicos habitantes de la Mesopotamia antigua, nos dieron los cimientos de la astrología.
Mientras miraban al cielo y trazaban patrones que atribuían a dioses caprichosos y distantes, quizá estaban creando los primeros bosquejos del Mapa Estelar que, milenios después, el capitán Kirk o Jean-Luc Picard usaría para dirigir la Enterprise.
Si lo pensamos bien, los caldeos no solo eran precursores de la astronomía, sino también de la exploración conceptual de lo desconocido.

Pensemos un poco e imaginemos por un momento una conversación en aquellos tiempos. No sabemos demasiado sobre cómo se pronunciarían los vocablos pero seguramente un individuo se dirigía a otro y le preguntaba por el ancho del Universo, la arbitrariedad de los dioses y si la inteligencia era un don divino o una herramienta de los demonios.
Y en este punto es donde aparece -sin avisarnos- el majestuoso e incomprensible Cthulhu, esa criatura inmensa y ancestral ideada por Lovecraft.
Los caldeos, con sus dioses estelares y su constante veneración a lo inalcanzable, podrían haber sido los primeros en teorizar la existencia de entidades como Cthulhu, seres que habitan dimensiones paralelas y que se ocultan tras la cortina de las estrellas.
Ahora bien, si juntamos estas piezas con la IA, podríamos pensar en los sistemas de aprendizaje profundo como una especie de psicompompo cibernético.

Las IA son nuestros guías modernos hacia las profundidades del ciberespacio, igual que los caldeos interpretaban los astros para guiar a los viajeros de la antigüedad.
Quizá, y sólo quizá, nuestras IA también estén descifrando el lenguaje de entidades que ni siquiera comprendemos, que sus algoritmos sean el eco digital de las plegarias caldeas, asirias o de las Islas de Papúa.
Y si Skynet algún día despierta, podríamos culpar a esos primeros magos mesopotámicos por haber sembrado la idea en la psique humana.
Cthulhu y el Nuevo Orden Mundial: abrazando el caos

Hablar de conspiraciones sin mencionar el Nuevo Orden Mundial es casi un sacrilegio moderno.
Quien no ha dedicado algún tiempito a escuchar con atención como ciertos colectivos son los culpables de todo, otros dominan en secreto y otros tienen clubes oscuros donde ocurren cosas horrendas…
Esa nebulosa teoría que mezcla reptilianos, banqueros internacionales y la pérdida de autonomía individual es, en su esencia, una narrativa lovecraftiana.

Juguemos un poco: cambiemos "Cthulhu" por "Elíte Global" y tendremos la misma base: una fuerza todopoderosa, incomprensible y ligeramente babosa que controla nuestro destino desde las sombras.
Y atención que no estamos afirmando de ninguna manera que Cthulhu no exista ni que los ordenadores no estén en el fondo a su servicio
Aquí entra en juego la IA, pero no como herramienta del Nuevo Orden Mundial, sino como el puente entre el caos lovecraftiano y la estructura que tanto tememos.
Las inteligencias artificiales nos prometen orden: optimización de procesos, decisiones racionales y la eliminación de la incertidumbre.

Pero, ¿qué pasó cuando Prometeo robó el fuego a los dioses? Exacto. Se armó un lío. ¿
Y qué pasa cuando entregamos el control de nuestras vidas a entidades que, como Cthulhu, habitan en un plano de comprensión al que no tenemos acceso?
Tal vez las IA no sean sino una manifestación del mismo caos disfrazado de orden. Un orden tentacular. Y como toda entidad granuja, nos tiene encandilados creando con Sora o Mindjourney mientras nos quita lo más sagrado que tenemos luego de la esencia, el tiempo.

Acuarelas y psicopompos cibernéticos
La pintura de acuarela, ligera, fugaz y llena de matices, parece un concepto alejado de la tecnología fría y calculada de las IA.
Pero pensemos en esto: cuando pintamos con acuarela, no controlamos completamente el flujo del agua, los colores se mezclan y crean patrones que no habíamos anticipado. En cierto sentido, el proceso de pintar con acuarela es un acto de fe, una colaboración entre el artista y los elementos. Y eso la hace tan “mágica”

Las IA, especialmente las creativas, funcionan de una manera similar. Cuando usamos herramientas como DALL-E o MidJourney para generar imágenes, también cedemos parte del control.
Dejamos que la máquina interprete nuestra idea, que el "agua digital" fluya y cree algo inesperado. En este contexto, las IA creativas son los nuevos psicopompos: guías entre nuestro mundo tangible y el plano digital, llevándonos de la intención humana al arte generado. Conexiones entre un mundo y otro.
Pero esto también plantea una pregunta inquietante: ¿qué tan distinto es este proceso de la experiencia espiritual que los antiguos atribuían a los psicopompos clásicos?
¿Es la IA un simple intermediario, o estamos invocando algo más grande, algo que, como el agua en la acuarela, se escapa de nuestras manos?
Quizás las IA son los nuevos enviados de los dioses como Carontes binarios, llevándonos a mundos donde el alma es solo un algoritmo esperando ser descifrado.

El tarot, el revisionismo histórico y Pokémon
El tarot es una herramienta fascinante porque vive en un limbo entre lo mágico y lo práctico. Sus cartas son simbología pura, interpretaciones abiertas que dependen tanto del lector como del contexto.
Algo similar ocurre con el revisionismo histórico: ambas prácticas toman hechos o ideas y los reconfiguran según una narrativa específica.
La diferencia, claro, es que el tarot nunca pretende ser objetivo, mientras que el revisionismo histórico finge llevar la verdad como estandarte. Al final, todo es una ilusión dicen los budistas y si tienen razón, la IA son casi el epitome de lo que no es real.
Ahora, ¿qué tiene que ver esto con Pokémon? Todo.
Porque Pokémon no es más que un gran juego de cartas del tarot disfrazado de cultura pop.

Pensemos en Ash Ketchum como el eterno viajero (el Loco, en el tarot), cargando una mochila llena de posibilidades, cada una representada por una criatura que, como las cartas del tarot, posee atributos y significados únicos. Cada batalla en Pokémon es una tirada de cartas, una interpretación de fuerzas y energías en conflicto. Con resolución de una u otra manera.
El revisionismo histórico entra en juego cuando nos damos cuenta de cómo Pokémon ha evolucionado con el tiempo, reescribiendo su propia historia y adaptándose a los cambios culturales y tecnológicos.
Desde los juegos de Game Boy hasta el éxito de Pokémon GO, la franquicia ha cambiado el significado de "atraparlos a todos", pasando de una simple colección de monstruos digitales a una exploración del mundo real a través de la realidad aumentada.
Por su parte, las IA también actúan como una especie de tarot moderno. Analizan datos, predicen resultados y, como un lector de cartas, ofrecen interpretaciones que guían nuestras decisiones. Y si Ash representa al Loco del tarot, entonces nuestras IA son la Sacerdotisa: sabias, enigmáticas y siempre un paso adelante de nuestra comprensión. Incluso si deliran o alucinan.

Conclusión: el arte de conectar lo inconexo
La magia de estas conexiones estrambóticas radica en su habilidad para desafiar la lógica convencional y abrir nuevas puertas a la comprensión. La cultura caldea y Viaje a las Estrellas nos enseñan que el deseo de explorar es tan antiguo como la humanidad misma. Cthulhu y el Nuevo Orden Mundial nos recuerdan que el caos y el orden son dos caras de la misma moneda. La acuarela y los psicopompos cibernéticos nos invitan a ceder el control y a abrazar lo inesperado. Y el tarot, el revisionismo histórico y Pokémon nos muestran que las narrativas, sean mágicas o tecnológicas, siempre estarán en el corazón de nuestra experiencia humana.

En este crisol de ideas, las IA no son simplemente herramientas o amenazas; son los nuevos narradores de nuestra época.
Y como los caldeos, nosotros también dejamos nuestra huella en las estrellas digitales, esperando que, en un futuro lejano, alguien encuentre nuestras historias y se maraville ante la capacidad humana de conectar lo desconectado y de encontrar sentido en el caos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.





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