Las luces de Broadway iluminan con sus marquesinas las calles de esa noche movida. Bailarinas que hacen de sus piernas levantadas una repetición que se extiende por toda la pantalla; de alguna manera, se hace presente el estilo de Busby Berkeley en los escenarios. En uno de esos teatros, con una sala colmada, hace su ingreso la policía. No son actores personificando a los uniformados, son verdaderos agentes que acuden al lugar para resolver la muerte de uno de los protagonistas de la obra, John Woodford (D'Arcy Corrigan).Los agentes encargados del caso comenzarán a preguntar al resto del elenco y a los trabajadores del teatro cómo murió la víctima. Ahí tendremos la presentación de los personajes principales de la película, cada cual con un halo de sospecha sobre sus espaldas.
Personajes:
- Doris Terry (Laura La Plante), la protagonista principal de la obra.
- Richard Quayle (John Boles), el director.
- Harvey Carleton (Roy D'Arcy), otro de los actores.
- Mike Brody (Bert Roach), el director del escenario.
- Barbara Morgan (Carrie Daumery), otra de las actrices de la obra.
- Tommy Wall (Slim Summerville), el electricista del teatro.
- Gene (Torben Meyer), el secretario de la víctima.
- Robert Bunce (Mack Swain) y Josiah Bunce (Burr McIntosh), los dueños del teatro.
Todos estos personajes seguirán en la película, incluso luego de que el cuerpo de la víctima desaparezca, no se resuelva el crimen y el teatro cierre sus puertas.

Unos años después, un extraño productor, Arthur McHugh (Montagu Love), vuelve a reabrir el lugar para volver a poner en escena la obra que se estaba haciendo cuando ocurrió el crimen. A los personajes antes mencionados se les sumará una actriz nueva, Evalynda Hendon (Margaret Livingston), y el asistente del electricista, Buddy (Bud Phelps).
El teatro ahora es considerado un lugar maldito, por donde deambula el fantasma de John Woodford. El lugar es enorme; los pasillos le sirven al director para generar espacios que podrían ser parte de cualquier escenografía de un film del expresionismo alemán. Utiliza todos los mobiliarios del lugar para generar climas de suspenso: el ascensor que desciende al personaje Barbara Morgan mientras está en el escenario o la escalera que cae del techo y que Doris y Terry logran esquivar.Hay una escena muy lograda con un manejo del espacio que consigue dar la sensación claustrofóbica que todos viven al tratar de escapar de un incendio. Varios personajes están en una habitación y, del otro lado de una puerta, comienza a pasar humo. Arthur McHugh rompe la puerta; del otro lado, la lente fuera de foco muestra lo que parece ser algo que está tirando humo hacia adentro. Hay un tumulto; todos huyen de la habitación y llegan al escenario. Instantes después, alguien baja las escaleras con una máscara de gas; se la quita y es Tommy, el electricista, quien les dice que quisieron ahumarlos, que les echaron humo líquido.

La película es en parte igual: un poco de El Fantasma de la Ópera, otro poco de The Cat and the Canary y otro poco de los Whodunit que popularizaron Agatha Christie o Edgar Wallace. Hay varios personajes que cumplen con la función de tratar de hacer reír: el miedoso Gene, que piensa que su exjefe va a aparecer en cualquier momento; Tommy, el electricista y su ayudante, quienes siempre desconfían de todos los demás; Barbara Morgan, una de las actrices, la más vieja de todas, que en muchos casos parece ser ridiculizada por el director, como en la escena en que se vuelve a presentar cuando reabren el teatro y se le ve la cara cubierta de telarañas.Las sospechas del asesinato de John Woodford recaen desde el principio del film en la pareja protagónica, Doris y Richard; hasta avanzada la película dan la sensación de ocultar algo. Como buen thriller, esto va cambiando.Toda la escena final en donde se persigue al asesino por el teatro recuerda mucho a El Fantasma de la Ópera. El trabajo de cámara de Paul Leni es maravilloso; utiliza todos los ángulos posibles para darle un ritmo frenético a todo lo que se está viendo y marca escuela en un estilo que el cine de este tipo seguiría utilizando por varias décadas.El alemán Paul Leni es considerado uno de los mejores directores del periodo del cine mudo. Esta fue su última película antes de morir a los 44 años. Tiene en su filmografía grandes títulos: uno codirigido junto a Leo Birinsky, Das Wachsfigurenkabinett (1924), y sus dos clásicos, The Cat and the Canary (1927) y The Man Who Laughs (1928).Se suele decir que no es la mejor película del director ya que en el mismo año estrenó su obra maestra, pero es un producto muy digno que deja en alto la vara de su cine y nos hace pensar lo interesante que hubiera sido verlo trabajar en el sonoro.



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