Afuera, la nostalgia. The man how know too much (1956) 

Afuera llueve y hace frío. Está gris, el mismo color que la melancolía, no hay mejor manera de curarla que con pasado. Escuchar alguna canción con frituras, o algún libro con páginas amarillas. Decidí otra cosa, una película. La cura de tantos otros males. La película es de 1956 y la dirige un Hitchcock ya grande y con poco pelo. “The man how knew too much", así se llama. Nos cuenta la historia de los McKenna, una familia tipo de Estados Unidos. Ben McKenna (James Stewart), padre y médico, Jo McKenna (Doris Gray), madre y cantante, y Hank McKenna (Christopher Olsen), hijo e instrumento de extorsión.

La familia viaja por el caótico Marruecos, lugar donde se generará un enorme desencuentro que va a mantener en marcha el resto del relato. Los McKenna, sobre todo Ben, se encuentran en el medio de asuntos de política internacional que poco les incumbe, pero de los que rápidamente se hacen cargo. Las imágenes son las justas para que entienda el cuento y la mentira, porque el Fredo es un experto en hacernos creer cosas que no son, en desinformar al espectador, para así ponerlo nervioso, juega con nosotros. Involucra al espectador para hacerlo sentir vivo, para que tengas ganas de pararse del asiento y gritar ¡Nooo! ¡Guarda atrás tuyo!, para olvidarse de todo, las películas del Fredo son puro presente.

Subrayo la idea. La película gira al rededor del desencuentro, de la confusión de quien es quien. Todo puesto a favor de la acción y la aventura, del riesgo. Lleno de lo que Hitchcock llamaría MacGuffin, un instrumento muy sutil, pero eficaz. Los MacGuffins son situaciones o elementos que aparecen en la trama para generar tensión, pero no se justifican. En criollo, es un capricho argumental para generar nervios en el que está mirando. La magia de los MacGuffins está en que nadie los cuestiona, no importa saber como, donde o porque apareció alguien asesinado, importa que lo asesinaron.

Lo lindo del desencuentro es el encuentro, o fantasear con la idea de uno. Cuando Jo McKenna por fin cumple con la promesa de mostrar su voz de sirena, su hijo silba la melodía de la canción. A ambos se le dibuja la misma sonrisa. Cada tecla que toca Jo en el piano, mientras se produce ese encuentro a la distancia, es una gota de lluvia que cae afuera de mi casa, estoy adentro de la película. La escucho cantar y tocar el piano. De a poco me enamoro, nose si del momento o de ella. Miro las paredes, las cortinas, las baldosas. Apenas entre me convertí en un comensal más de la fiesta, y me olvidé el peligro que hay en esa casa. Ya no me importa quien va a asesinar a quien. Solo quiero que Jo, con su voz y con el piano, me cure la nostalgia.

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