"Los pájaros" de Camille Paglia: Hitchcock y la guerra de los sexos  Spoilers

Camille Paglia es una intelectual de Nueva York, feminista poco ortodoxa, como puede apreciarse en su libro sobre Los pájaros de Alfred Hitchcock, película que cuenta haber visto en tiempos de su estreno y que le causó gran impacto. El ensayo forma parte de una colección de libros llamada “La película de mi vida”, editada por Gedisa, que reúne textos de autores de diversos orígenes geográficos e intelectuales sobre una obra cinematográfica que los marcó al punto de cambiar el rumbo de sus vidas. Los pájaros (1963), para Paglia, es una película que habla de lo que el psicoanálisis llama la posición femenina. En sus mismas palabras: “una cartografía del retorno de lo reprimido, la liberación de las fuerzas primitivas del sexo y el deseo”.

La guerra de los sexos

La lectura de Paglia es poco ortodoxa porque ve en la película de Hitchcock, cosa poco común, un manifiesto feminista. Toda la primera parte, en que Melanie (Tippi Hedren) asume la posición de cazadora de hombres, puntualmente de Mitch (Rod Taylor), a quien investiga y persigue hasta Bodega Bay, muestra la autonomía y el instinto de dominación de la mujer. La autora se apoya en el concepto de guerra de los sexos, reflejado en el par Mitch-Melanie, personajes que buscan dominar al del sexo opuesto, haciendo gala de sus mejores destrezas.

La guerra de los sexos es un tópico que se repite en otras obras de Hitchcock, como por ejemplo en La ventana indiscreta (1954). El personaje de Lisa (Grace Kelly) busca doblegar la negativa de Jeff (James Stewart) a formalizar la relación. Para ello, asume el papel de mujer detective, colaborando en la investigación, al punto de poner en riesgo su vida. La desesperación de Jeff, que se encuentra encerrado con una pierna enyesada, al ver que Lisa corre peligro en el departamento de enfrente, donde vive un posible asesino, lo lleva a ceder al deseo de ella de formalizar la pareja. En La ventana indiscreta es la mujer quien termina venciendo en la pulseada entre ambos sexos. Según la fórmula de Slavoj Žižek, el deseo sólo se alinea con el objeto cuando este entra dentro del marco de la fantasía de quien desea. Como buena cazadora, Lisa sabe cómo atraer a Jeff, ingresando en el universo cerrado del marco de la ventana, a través del cual él observa el vecindario y alimenta su vocación detectivesca.

Otra película de Hitchcock que plantea las cosas de modo similar es Notorious (1946): Alicia (Ingrid Bergman) y Devlin (Cary Grant) se conocen bajo una falsa identidad de él, que trabaja en los servicios secretos de Estados Unidos y pretende reclutarla a ella, que es hija de un importante jerarca nazi escapado de Alemania luego de la guerra. Cuando Alicia descubre cuál es la verdadera identidad de Devlin, comienza un juego de oscilaciones entre el amor y los deberes patrióticos de ambos (ella es nacida en Estados Unidos, lo que la lleva a acceder a colaborar en la guerra de espionaje contra los conspiradores nazis). Nunca nada de lo que se dicen Alicia y Devlin parece ajustarse a la procesión que va por dentro: desde un lugar de cinisimo y resignación, ella cumple el papel de espía que la vida le ha asignado; bajo una fachada de obediencia a los deberes patrióticos, él oculta sus sentimientos. Estas alternancias de mostración y ocultamiento, van en paralelo a escalamientos en el límite de libertad de acción de los protagonistas, que se ven acorralados o en situaciones de encierro en un juego del gato y el ratón.

Melanie, una mujer libre y transgresora, parece quedar capturada en las garras de una familia normal y conservadora. La película Los pájaros es el relato de su caída desde el cielo de los dioses (ser la hija caprichosa de un padre exitoso y adinerado) a los brazos de una nueva madre protectora (la biológica la abandonó cuando era todavía una niña). Es decir que su libertad cede al convencionalismo social, lo que representaría una derrota del feminismo. Pero el asunto adquiere nuevos ribetes al advertir que, en realidad, es el instinto de caza de ella el que termina predominando. Va a cazar al hombre que despierta su interés y encuentra un escollo en la madre celosa: Lydia (Jessica Tandy). Pero termina ganando la confianza de esta última, aprovechando la situación adversa de pájaros al acecho, logrando incluso que la adopte como hija protegida. Nuevamente, en los terrenos de la subjetividad, quien caza o lucha por el reconocimiento de otro debe entender cuál es el deseo de la presa, para asumir el papel que requiere su fantasía: tanto Mitch como Lydia sueñan con una familia armoniosa y unida, algo que incluso la rebelde Melanie puede ofrecerles.

En Hitchcock siempre son complejos los juegos de dominación y doblegamiento entre hombres y mujeres. Nunca pueden ser del todo lineales las interpretaciones, permiten enfoques paralelos, que ven triunfos y derrotas parciales en ambas partes. El libro de Paglia toma nota de esa complejidad, lo que es su mayor virtud, junto con la genuina pasión que profesa por una película que conoce hasta en sus más mínimos detalles.

Las palabras y los ánimos

La autora se detiene a analizar una escena del comienzo de la película: la conversación inicial entre Melanie y Mitch en la pajarería, cuando ella simula ser una empleada de la misma y, como nos enteramos al final del diálogo, él simula que no la conoce cuando sabe perfectamente quién es. Ambos entran a la escena del otro simulando, mediante una estrategia de camuflaje que será clave en la guerra de los sexos, una primitiva confrontación de fuerzas naturales que empujan a prevalecer.

Este tipo de simulación también se da en una escena de Psicosis: cuando Marion (Janet Leigh) llega al motel y Norman (Anthony Perkins) la atiende en la recepción, ella simula ser quien no es para evitar sospechas acerca de su huída con dinero robado. Al mismo tiempo, él la manipula para que ocupe una habitación desde donde poder espiarla. Ambos levantan una fachada discursiva que oculta sus verdaderas intenciones. Esto lleva a pensar en el Hitchcock psicólogo, y su manejo diestro de los niveles discursivo y psíquico, separados pero interrelacionados, en cada escena de su cine.

La cuestión de la fachada discursiva está en el corazón de la teoría psicoanalítica en sintonía con los planteos de Jacques Lacan. El plano simbólico del lenguaje, lo hablado, las palabras que se ponen en circulación cuando se entra en relación con otros, y el plano real, aquellas fuerzas anímicas que subyacen a toda situación “normal”. La sexualidad como energía que circula bajo las cuidadas formas de la cultura es un tema hitchcockeano por excelencia que, al igual que en Freud, ocupa un lugar central en los planteos teóricos del director inglés.

Rescato una idea de Žižek, otro de los grandes artífices de la unión entre psicoanálisis y cine, según la cual la madre de Mitch descarga una energía incestuosa en el intento de frenar la consumación del acto sexual entre su hijo y Melanie. Lleva aún más lejos la hipótesis afirmando que la irrupción de los pájaros representa esa potencia en estado puro: una madre que quiere conservar para sí el amor de un hijo puede ser una fuerza del mal de magnitudes inenarrables.

Lo interesante del cine de Hitchcock es lo que subyace a cada diálogo. Las fuerzas vitales que corren en lo profundo, por debajo de la coraza lingüística. Cabe preguntarse cuánto de la mano del director determina la genialidad y profundidad de esas escenas. Un guionista, incluso un especialista en diálogos como los había en el cine clásico, puede construir una línea de conversación, donde intervienen dos o más interlocutores, y cada frase se conecta lógicamente con la siguiente. Pero lo que hace Hitchcock es mostrar el trasfondo de esas palabras. Lo que expone es espiritual pero se expresa a través de lo sensible: son gestos, miradas furtivas, espasmos corporales e incluso lapsus en la voz. Paglia lo afirma en cierto punto de sus reflexiones: la capacidad de observación de Hitchcock, su meticulosidad en la identificación de detalles del comportamiento humano, es lo que convierte a su cine en un tratado de psicoanálisis de una profundidad arrolladora.

El tópico de que la película Los pájaros es un manifiesto feminista requeriría más tiempo de análisis, al menos de mi parte. Cierro con otra mención a Žižek, quien afirma que el cine de Alfred Hitchcock pasa por distintas etapas conceptuales y que en cada una se va desglosando, con un rigor analítico realmente inquietante, las posiciones femenina y masculina en el campo de la subjetividad.

Nota originalmente publicada en la revista virtual de análisis cinematográfico La Cueva de Chauvet, en agosto de 2017.

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