Si pudiéramos utilizar un término para definir a la ópera prima de Alan Scott Neal es el de historias cruzadas. En muchas oportunidades se utilizó este concepto para referir a aquellos largometrajes que revelan conexiones entre personajes y tramas que, en un principio, parecerían no tener nada que ver. También es utilizado para mencionar a aquellas películas corales en las que se presentan varias historias y personajes cuya conexión tiene lugar en el clímax de la película. También podríamos definirla desde las lógicas del Home Invasion, aunque la comodidad de la casa es reemplazada por la incomodidad del ámbito laboral. En Last Straw hay algo de todo esto. Dos historias se conectan en un mismo punto, aquel que refiere al conflicto del film, ofreciéndonos dos puntos de vista diferentes del mismo acontecimiento.
Nancy (Jessica Belkin) es una joven mesera que vive en un pueblo donde evidentemente nada interesante ocurre, o al menos hasta esa noche. Esa tarde, antes de ir a trabajar, descubre que está embarazada. Cuando decide contárselo a su amiga Tabitha (Tara Raani) lo hace con la inconsciencia y el desparpajo de quién está comenzando a transitar los 20. No sabe quién es el padre ni qué hará con el bebé. La única opción que baraja es “matarlo”, con el fin de evitar que sea su padre quién acabe con ella cuando se entere. Cuando su auto se rompe camino al trabajo, Nancy le pide ayuda a su compañero de trabajo Bobby (Joji Otani-Hansen) para evitar llegar tarde a su turno una vez más. Pronto descubriremos que Nancy es gerente del lugar y que su padre es el dueño del Fat Bottom Bistro, un negocio en caída que tiene más empleados que clientes.
A Nancy el cargo y el uniforme le quedan grandes. Cuando su padre, recientemente viudo, sale a una cita erá ella quien deba hacerse cargo de cubrir el turno noche junto a Jake (Taylor Kowalski), el extraño cocinero del lugar. Las cosas se salen de control rápidamente, cuando un grupo de motociclistas enmascarados decide hostigar a Nancy llevando al local un animal muerto. La tensión que genera esta situación en su espacio de trabajo hace que Nancy llame a sus empleados a una reunión de emergencia. La impertinencia de Jake, que trabaja en el lugar desde muy pequeño, hacen que Nancy lo despida sin consultarlo con su padre. Por primera vez, se puso firme tomando una decisión que tendrá consecuencias. Esa noche deberá hacer su turno sola, sin la ayuda de nadie. Lo que no sabe es que está a punto de vivir la peor experiencia de su vida.

Esta primera secuencia, que ocupa los primeros veinte minutos de película, presenta todos los elementos que serán centrales para la resolución del conflicto: clasismo, nepotismo, violencia extrema, horror y una cuota de drama social. Si bien puede experimentarse como una introducción demasiado extensa, en comparación con la duración de la película, lo que Alan Scott Neal construye es necesario para poder comprender la profundidad de las decisiones tomadas por los personajes y los conflictos que acarrean.
Si bien desde el comienzo sabemos que lo que vamos a ver es una tragedia, hay sangre en la máquina de discos y gente muerta en el suelo del restaurant, se nos indica mediante una placa que el film comienza 24 hs antes, donde aún reinaba la calma. A esto se le suma la decisión de narrar lo que ocurrió de manera fragmentada, alterando la linealidad por medio de la elección de dos puntos de vista opuestos de lo acontecido: El de Nancy como una nepo baby incapaz de empatizar con su entorno, y el de Jake como un extraño personaje al borde de una crisis mental.
Lo que estamos por ver es una vuelta de tuerca al clásico Home Invasion, subgénero en el que el peligro se entromete en la calma del hogar para acechar a quien reside en la casa. Neal en conjunto con Taylor Sardoni, que también debuta como guionista, construyen una película de acecho e invasión que ocurre, sorpresivamente, dentro de un restaurante ubicado en el medio de la nada.
Lo que vivió Nancy

Si hay algo que reconocer, es que todos los personajes de Last Straw son lo suficientemente complejos y problemáticos como para que al espectador les resulte difícil empatizar con ellos. En Nancy hay una cuota constante de desprecio por todo lo que ocurre en su vida. Desde el modo en que se refiere a su embarazo hasta la forma en la que rechaza a sus compañeros de trabajo, su comportamiento se nos presenta insoportable y antipático, digno de quien se cree superior a los demás por haber contado con mayores oportunidades. Sin embargo, conforme avanza la película y el drama se profundiza Nancy se quiebra, mostrándose más vulnerable y revelando que en realidad su tristeza se debe a sentirse atada a una vida que no siente que le pertenece.
A la angustia por la muerte de su madre, se le suma la incomodidad de tener que aceptar un cargo jerárquico, que no quiere ni merece, en el restaurante de su padre. Su impaciencia, los maltratos pasivo-agresivos a los empleados y la impertinencia con la que se comporta, la llevarán a enfrentarse a una prueba de fuego que no pasará. Cuando los motociclistas ingresan al lugar y se niegan a irse, con chistes y burlas misóginas y sexistas mediante, Nancy decide llamar a la policía. No lo hace pero simula hacerlo, consiguiendo que los jóvenes abandonen el lugar sin antes prometer que volverán a verse. A esta altura sabemos todo lo que va a pasar. Si sumamos una chica sola en el restaurante más adolescentes violentos, sabemos que el turno que le espera a Nancy no será para nada tranquilo.
Cuando todos los empleados abandonan el lugar, Nancy cierra el restaurante para sentirse segura. Luego de comer, vomitar, limpiar y bailar a solas entonando, casi como un himno identitario, I'm Yer Dad de GRLwood descubre que las motos están ahí. Es justo en este momento donde comienza a desplegarse el verdadero horror del film. Luego de llamar a la policía y de ser dejada en espera, Nancy comienza a ser acechada por los jóvenes enmascarados, que abandonan la violencia verbal del comienzo para ceder el paso a la violencia física. La llegada de Bobby y el apuñalamiento a uno de los intrusos la llevarán a descubrir que quiénes están detrás del ataque no son los jóvenes del comienzo del film, sino los propios empleados del lugar. Cuando apuñala a Petey, el hermano de Jake con síndrome de Down, todo se sale de control. Nada de lo que pasó esa noche tiene vuelta atrás.
Lo que vivió Jake

Desde el rostro desesperado de Nancy, accedemos al punto de vista de Jake de lo que ocurrió. En un primer plano vemos su rostro cuando lo despide del restaurante, sin escuchar sus ruegos por conservar el trabajo. El raro de Jake pasa a ser un joven desesperado, necesitado de trabajo para conservar el seguro social que le permite acceder a sus medicamentos psiquiátricos. Sus traumas de la infancia comienzan a desplegarse cuando decide comprar drogas junto a su hermano. Esa extrañeza que Nancy percibía en él no era sólo su inestabilidad mental sino, sobre todo, la diferencia de clases a la que pertenecen. Para Nancy, Jake es un estorbo en el restaurante, un hombre extraño y sexista que esconde bajo una sonrisa dudosa su misoginia. Para Jake, Nancy carece de méritos para el cargo que su padre le dió, siendo el clásico ejemplo de nepotismo.
En este punto es donde la película abandona las fórmulas del terror para centrarse en el desarrollo de la historia desde un punto de vista que privilegia el drama por sobre el resto de las formas. Esto opera generando un choque en el espectador, para el cual la película parece detenerse a medio camino. La resolución de la invasión se ve interrumpida por la necesidad de Neal de darnos a conocer cómo Jake y los empleados terminaron acechando a Nancy. Observamos la misma secuencia desde el punto de vista de un personaje que terminará por convertirse en el acechador pero también vemos sus pesares, en un intento de explicación, o incluso justificación, de por qué las cosas se dieron de esa manera.
Lo más interesante del film es el modo en que Neal no duda en ofrecernos personajes insoportables con los cuales nos resulta imposible generar cualquier tipo de vínculo sentimental. Si bien es cierto que Nancy es molesta y se comporta con la violencia propia de quien ocupa un cargo de autoridad, también es real que esa sensación que ella tenía respecto a Jake era correcta. Todo lo que él hace, desde su salida del trabajo hasta el apuñalamiento de Petey, lo revela como un verdadero psicópata.
Clasismo y Nepotismo: el especial del día

Es en el vínculo entre ambos donde la película construye un discurso que evidencia el clasismo inherente a la lógica del lugar. La despreocupación propia del privilegio y la desesperación de quien no tiene nada, se presentan como extremos opuestos que terminarán siendo dos caras de una moneda. La misma sensación de desesperanza define el comportamiento de Nancy y Jake. Ninguno sabe qué hacer con su vida, los dos se sienten atados a ese restaurante que está a punto de morir. Jake es hijo de un contexto en degradación, donde la violencia es la forma común de relacionarse. Y Nancy, sin quererlo, también forma parte de ese sistema. verbalmente, no duda en lastimar a quienes la rodean.
Si el objetivo de Neal era igualarlos, entonces la fragmentación de la narración en dos puntos de vista enfrentados (el de la víctima y el del acechador) tiene una justificación. Sin embargo, esta decisión va en desmedro de la construcción del horror. El miedo se disipa cuando descubrimos que son ellos quienes llevaron a cabo el ataque. Y aunque necesitamos algunas explicaciones para comprender en profundidad qué ocurrió, el interés por la conclusión de la historia se disipa rápidamente, haciendo que los últimos 15 minutos del film se vuelvan una ratificación de la lucha de clases entre la hija del dueño y el empleado que acaba de perderlo todo.
Uno de los dos será el vencedor. Quién lo haga, podría ser quién logró aprender la lección.
Como ópera prima, Last Straw es una apuesta interesante a la reversión del subgénero de Home Invasion. Las locaciones, el uso del color y las actuaciones de los protagonistas son determinantes para la construcción de un espacio, real y metafórico, que oprime y encierra a quienes lo habitan. Además, el empleo de múltiples puntos de vista sobre un mismo acontecimiento refuerza el carácter simbólico de los espacios, multiplicando las aristas de la historia y construyendo un relato que excede la dinámica de acechador-acechado para evidenciar una sutil lucha de clases sociales en un contexto donde las oportunidades, para todos, son nulas. El privilegio del drama social frente a los tropos propios del cine de terror terminan por diluir el potencial del film en tanto horror. Sin embargo, las estrategias empleadas para contar un mismo acontecimiento desde posiciones (sociales) diferentes es novedosa. La tensión será constante hasta el final, donde Neal parece entregarse al poder del cine para cambiar vidas, regalándole a uno de los protagonistas la posibilidad de obtener una segunda oportunidad.



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