Gladiador II: el regreso del sueño de Ridley Scott 

En tiempos de ‘secuelitis’ en Hollywood, resulta cada vez más difícil emocionarse con las continuaciones que se desprenden de grandes relatos. Sabemos, en el fondo, que la industria está profundamente marcada por el mercado, y cuesta discernir si detrás de cada secuela hay una genuina pulsión artística o simplemente un deseo de repetir el éxito anterior. La verdadera prueba llega cuando nos encontramos frente a la nueva historia: solo entonces podemos descubrir si realmente había algo nuevo y valioso que contar. Y, aunque es inevitable que surjan comparaciones, cada película merece ser vista como una obra única, con su propio pulso y carácter, sin la sombra de la entrega original.

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Paul Mescal (izquierda) y Pedro Pascal (derecha) en Gladiador II (2024), dirigida por Ridley Scott.

Con este preámbulo, hablemos de “Gladiador II”, que llega hoy a algunos cines de Latinoamérica, más de 24 años después de aquella epopeya original que fue “Gladiador” (2000). El incombustible Ridley Scott, a sus 88 años, nos transporta de vuelta a una Roma aún más voraz y despiadada, donde la brutalidad y el espectáculo se entrelazan en un circo de músculo, tensiones políticas y traiciones. Esta Roma renovada está no solo cargada de anabólicos y efectos de última generación, gracias al diseñador de producción Arthur Max y el director de fotografía John Mathieson, ambos trabajaron en la película original, sino que entregan una Roma con una suntuosidad oscura que presume un imperio espiritualmente enfermo al borde del colapso. Scott vuelve a dar un golpe de autoridad, explorando la violencia y la lealtad en una Roma donde la exactitud histórica es solo un decorado que el director desmonta sin culpa, a diferencia de su reciente Napoleón. En esta entrega, el director nos demuestra que su pulso para orquestar batallas, secuencias de pelea y enfrentamientos sigue intacto.

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Una escena de combate en la arena en Gladiador II (2024), dirigida por Ridley Scott.

En el “Gladiador II” seguimos a un joven bárbaro llamado Lucio, en la piel de Paul Mescal, que vive en paz junto a su esposa en Numidia, hasta que la región es arrasada por el implacable ejército romano liderado por el intrépido Marco Acacio, interpretado por Pedro Pascal. Aunque Lucius combate con valentía, su pueblo cae bajo el yugo romano, y su mujer es brutalmente asesinada. Capturado y llevado a Roma, Lucio es adquirido por el astuto y ambicioso empresario Macrinus (Denzel Washington), quien vislumbra en él un potencial letal para las arenas del Coliseo. Sin embargo, el único deseo que consume a Lucio es la venganza contra Marco.

Esta vez el escudo lo viste el actor Paul Mescal, el actor irlandés emergente que le calza perfecto, aunque por momentos muy seco y áspero, pero no olvidemos que interpreta a un hombre desterrado de su niñez. Con un elenco que acompaña sólidamente, un Pedro Pascal súper preciso como Acacio pero Denzel Washington se roba la película con su Macrino sediento de poder. Además, los gemelos emperadores Geta (Joseph Quinn) y Caracalla (Fred Hechinger), logran ser tan desagradables como el despreciable Cómodo de Joaquin Phoenix de la original. Y quien regresa es la correcta Connie Nielsen como Lucila, un papel clave para el arco narrativo de Lucio (Mescal).

Denzel Washington, la nota más positiva de 'Gladiator II':
Denzel Washington en una escena de Gladiador II (2024).

Mientras que algunos dirán que “Gladiador” imponía un espíritu más conmovedor con una fuerza aún más dramática, en esta secuela el director abre las puertas del coliseo para meditar sobre el espectáculo y el entretenimiento, al punto que hay secuencias que son más filosas, más grandiosas, y quedará en la audiencia decidir si abrazar o no el sueño de Ridley.

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