Sin que nos demos cuenta, el año que viene van a haber pasado nueve años desde la última vez que Johnnie To estrenó una película. Qué tragedia. En Argentina siempre fuimos muy fans de To, de sus películas como director y productor, y de él mismo. En el año de sus últimas películas, 2016, To visitó Mar del Plata como invitado, mostró sus pelis, paseó por la ciudad, dio charlas y entrevistas. Eran tiempos un poco mejores para el mundo, el recorte todavía no había llegado del todo al festival, todo era tanto más fácil…
Creo que todos estamos de acuerdo que si hay algo que Johnny To sabía hacer era filmar. Hubo una época, hasta hace no tanto, que cada año teníamos una, dos tres películas nueva sde To que llegaban al país por medio de Mar del Plata y el BAFICI. Y mientras esperábamos que llegara la siguiente, siempre podíamos revisar obsesivamente las anteriores: Election, Election 2, Turn Left, Turn Right, Breaking News, Exiled, Mad Detective, Don’t go Breaking my Heart, Romancing in Thin Air… cada une nombre sus favoritas, hay suficientes películas para todos. Por lo tanto, buena parte de las personas que fuimos en el año 2011 al estreno de Life Without Principle en el Festival de Mar del Plata, más precisamente en el Cine Ambassador (ese cine mítico del festival que aparece en decenas de películas de la historia del cine argentino, por ejemplo Sombras en el cielo, de Juan Berend -que pudo verse este año en la muestra de cine Contracampo- un cine que se identificaba mucho con la identidad del festival y que hace tiempo que el festival ya no usa) fuimos confiados en que, como siempre, íbamos a estremecernos con cada uno de los geniales planos que suelen nacer de To, y de paso, si teníamos suerte, íbamos a ver algunos de nuestros actores chinos favoritos, tan cercanos al silencio elegante de Alain Delon, teniendo problemas con el compañerismo, el honor, la lealtad, las tríadas y la policía. Evidentemente no íbamos sólo a ver Life without principle, sino las nuevas ideas en movimiento que se le ocurrían año a año a Johnny To (o al menos, a lo más nuevo que podíamos acceder los que no viajábamos a ver películas por el mundo). Pero de repente, en ese preciso año, en ese preciso festival, esa precisa película se parecía más a la sección que tuvo el festival ese año de la crisis, “Grecia: filmar en tiempos de crisis”, que a las anteriores películas de To que habíamos visto.

De todas maneras aclarémoslo, Life without principle ni remotamente deja de ser una película “To”: las ideas sobre la violencia a las que nos tiene acostumbrades están ahí intactas, porque aunque haya cambiado de universo (de la mafia al capitalismo financiero), To sabe que la economía es igual de violenta que las triadas (sobre todo en esos años en los que filmó la película, los directamente posteriores a la crisis del 2008), aunque en esta oportunidad la violencia se construye con menos acción y más psicología.
La película roza el melodrama y se estructura a través de tres historias cruzadas. La primera, una chica que se dedica a la consultoría en una compañía financiera está al borde de perder su trabajo (mal momento para buscar uno nuevo). Su labor consiste en recomendar a los clientes a depositar sus ahorros en inversiones de riesgo, aún cuando no sea lo más conveniente para sus intereses. La segunda, un hermano de las tríadas que tiene que seguir con la actividad mafiosa y, en medio de la crisis, sus jefes le encargan –y esto se repite casi siempre– conseguir dinero para sacar a otro hermano de la cárcel. La tercera, un inspector de policía que lucha contra el crimen organizado de Hong Kong, cuya mujer le reclama atención (drama) mientras se está por meter en un préstamo enorme para comprar un lujoso departamento para vivir con él, al tiempo que, por pedido de su padre agonizante, quiere adoptar a su hermanastra, una chiquita cuya existencia era un secreto hasta el momento (dramón). Tras la muerte (violenta y planificada por el hermano para conseguir el dinero) de un cliente de la compañía (caso que será investigado por el inspector) la chica accede a la posibilidad de quedarse con una gran suma de dinero. Esta muerte es la que produce la ligazón de las tres historias, y con ella, la posibilidad del botín que deviene en debate moral de los personajes.
Hasta ahora entonces tenemos drama, dinero, mafia. ¿Dónde están las armas a las que Johnnie To nos tenía acostumbradas?
Casi no las hay. Y puede parecer decepcionante, pero no lo es. Johnnie To es el mismo, sus mecanismos son los mismos, el ritmo y esa sensación de coreografía aún existe, los planos de Life without principle generan escalofríos, y las historias son más complejas aún que antes. Pero ahora es más terrible, porque la gente de esta película de Johnnie To se parece aún más a nosotros, y nos ensucia, porque el dinero es sucio para y codiciado por todos, sobre todo después de una crisis semejante. Y los mafiosos también se parecen más a nosotros, porque ya no hay grandes armas, grandes autos, grandes jefes, sino subordinados que no pueden seguir porque el contexto está a punto de comérselos vivos. Y ese es el lugar en que la película de mafiosos se une con el melodrama, en el lugar donde se juntaban a principios del cine: esas primeras películas de gangsters, esas Enemigo Público, tristes formas frustradas de tenerlo todo: aparece en la mente, viendo Life Without Principle, ese mensaje de neón que aparecía siempre en la ventana del protagonista de Scarface, The world is Yours, El mundo es tuyo. Es esa violencia de la economía la que mueve al gangster, a la empleada del banco, a todos. Ese aventurarse a que el mundo sea suyo, sabiendo que nunca lo será.

Quizás sea un Johnnie To más maduro, pero no más tranquilo, porque sabe que la violencia de los grandes poderes económicos es más fuerte, y el poder de destrucción que tienen es ilimitado. Life without Principle, una reflexión sobre los efectos del mercado económico en los tiempos que corren, del que ninguno de nosotros está exento.
Pensándola años después, Life Without Principle no está lejos de una película muy contemporánea a ella, hecha un año antes por Adam McKay: The other guys. Ese policial de policías inútiles, de dos hombres de escritorio que se ven empujados a tener que descubrir un crimen cuando los policías estrella mueren, al principio de la película, una muerte idiota. Esos dos policías que descubren una estafa que, sin saberlo, los afecta muy directamente, porque será una estafa con los fondos de retiro de la policía. La película de To tiene la misma astucia e inteligencia económica que la de McKay, pensar la crisis post 2008 desde una violencia que lo incluye todo, con una gracia que lo toca todo. Años después, McKay se metería más directamente en tema con The Big Short, pero no hay que olvidarse de que antes, al final de The other Guys, un esquema muy sencillo explicaba lo que había pasado años antes, en el 2008, y la forma en que el estado pagó por todo.




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