En el programa argentino de televisión abierta: Una vuelta más de TN conducido por Diego Sehinkman y que se enfoca en debates y análisis sobre política y actualidad que se transmite de lunes a jueves a las 22 hs, estuvo el día 27 de este mes, el escritor de extrema derecha Agustín Laje como invitado. Obviamente, en una clima muy distendido y hasta meloso del conductor con su invitado estrella. El conductor y periodista Diego Sehinkman al darle la mano y saludarlo, lo presentó como la fuente de pensamiento de La Libertad Avanza, el partido conducido por el presidente argentino Javier Milei. La simpatía de Milei a figuras de extrema derecha como Agustín Laje y Nicolás Marquez, provienen de hace algunos años. Incluso en la 46° Feria del Libro en nuestro país, los tres presentaron en un tono muy amistoso y entre risas, el libro de Agustín Laje llamado Batalla cultural. Nicolás Márquez en la presentación ante el público y ante los gritos de libertarios, se emociona y dice que nunca había dictado una conferencia “frente a un futuro presidente”.
¿Por qué comento estas cosas acá? Agustín Laje, defensor acérrimo de valores tradicionales católicos y oponerse al matrimonio igualitario, oponerse al aborto incluso en casos de violación, entre otras casos. También, se ha dedicado a reflexionar unos minutos en la entrevista melosa con Diego Sehinkman sobre lo que el conservadurismo gusta llamar “inclusión forzada”. Laje cree que es una estupidez integrar a personas de otras razas en personajes que históricamente han sido blancos (o, supuestamente para él lo son). En definitiva, dice Laje desde un argumento muy simplificado y hasta ridículo, que si se quiere incluir a otras razas, entonces deberían crearse personajes nuevos. Y, menciona el caso de Disney, que no llevaría a un sobrino a ver ninguna película de esas, dada la “inclusión forzosa”.
Pienso en La Sirenita. Una película que ha marcado nuestra infancia. Obviamente asociamos a partir del conocido filme de Disney a la sirenita Ariel como pelirroja y blanca. Entonces, Agustín Laje podría decir que la representación del 2023, que tanta polémica causó, al ser la protagonista afroamericana, que se da una inclusión forzosa y descabellada. Sin embargo, en el cuento original de La Sirenita (Den Lille Havfrue) de Hans Christian Andersen, publicado en 1837, no se menciona explícitamente el color de piel o cabello de la sirena protagonista. Andersen describe aspectos como su belleza, su voz melodiosa, y su cola característica de sirena, pero no hay una descripción detallada que especifique su apariencia física en términos de raza o color. Entonces, las preguntas que caben son: ¿Qué personaje nuevo hay que crear para Laje? ¿Por qué se produce esta nostalgia conservadora frente a la representación de razas o personas que han sido desfavorecidas en la industria cinematográfica? ¿Acaso Agustín Laje no sabe lo que es la reparación histórica o prefiere escaparle al tema?

La reparación histórica se basa en la idea de que justamente hay algo que “arreglar”. Los excluidos de la sociedad por sus rasgos, ya sean étnicos, raciales, o por su condición sexual, merecen su lugar en el discurso cinematográfico. También, las mujeres en general que siempre adoptaron un papel minúsculo. La mayoría de los directores han sido hombres. Igualmente, Agustín Laje habla de la transexualidad. Como en toda conversación, las cosas se desvían y dejan de hablar de cine, y Laje habla de una publicidad estadounidense, en la que participa una persona transexual y ese producto publicitado era para camioneros. De esta manera, Agustín Laje argumenta (siempre flojo de papeles) que la empresa cayó en picada, dado que implícitamente sugiere que los camioneros tienen prejuicios con las personas trans. ¿Serán todos parecidos a él o es parte de su imaginario transfóbico? Tal vez, una película para Laje podría ser Tangerine (2015), de Sean Baker. El filme de Sean Baker narra la historia de una prostituta trans. Obviamente, bromeo con esta cuestión. Claramente, Laje se arrancaría los ojos antes de ver esta película. La crítica ha adoptado muy bien a la película. El prestigioso crítico de cine Eric Kohn de Indiewire, la ha calificado, de esta manera: "Baker logra una vez más combinar las caras menos representadas del cine americano con un material que permite brillar a sus celebridades”.

Dejando un poco la transfobia y metiéndonos en la xenofobia. Está claro que la nueva versión de La sirenita puede causar distancia sin necesidad incluso de ser conservadores o de ultraderecha. Si entendemos al filme como un producto cultural, entonces éste puede servirnos ciertas nociones del mercadólogo Clotaire Rapaille, que utiliza el psicoanálisis en sus investigaciones de mercado. En su libro El código cultural, Clotaire Rapaille habla de cómo colaboró con Nestlé para que gane millones a partir de la implementación del café en Japón. Sabemos que originariamente el té verde y sus variantes son parte de la cultura japonesa. Lo que hizo Rapaille fue diseñar un postre de café para niños sin cafeína. De esta manera, pasado un tiempo el niño se convierte en adulto y realiza el consumidor una conexión emocional con aquel producto y puede instalarse culturalmente el café. ¿Acaso no puede pensarse lo mismo con Ariel o ciertos personajes estereotipados en nuestra infancia que asociamos culturalmente?
En cuanto a la reparación histórica, podemos pensar en la idea del “salvador blanco” que remite a ciertas consideraciones ideológicas que nunca fueron cuestionadas. Indiana Jones presenta a un salvador blanco con Harrison Ford que rescata reliquias y los extranjeros aparecen como ridículos que, por ejemplo, comen bichos. En Rambo II. aparece la idea de la militarización (como en toda la saga) y el extranjero presenta rasgos distintivos obviamente estereotipados. Lo mismo sucede en Avatar como este salvador blanco que rescata a comunidades autóctonas. Es decir, estas cuestiones nunca se ponen en duda o se realiza una crítica. Asimismo, podemos pensar en 1915 con el estreno de El nacimiento de una nación de Griffith. Obviamente, en términos cinematográficos implicó un gran uso de la técnica y nuevas invenciones, pero se avala al Ku Kux Klan y a la supremacía blanca.

La discusión sobre la inclusión en el cine y los medios de comunicación revela una profunda resistencia por parte de sectores conservadores a revisar sus narrativas dominantes. Figuras como Agustín Laje, con su rechazo explícito a lo que llama "inclusión forzada", parecen ignorar que estas representaciones no son simples estrategias de marketing, sino pasos necesarios hacia una reparación histórica. Ignorar este contexto es perpetuar desigualdades estructurales que el cine y otras industrias culturales pueden, al menos, empezar a desmontar.
La nostalgia que Laje y otros conservadores expresan hacia representaciones monocromáticas no es neutra; responde a un privilegio racial y cultural históricamente asentado, que teme perder su hegemonía. Sin embargo, la cultura no es estática, y las representaciones deben evolucionar para reflejar la diversidad y los derechos de aquellos históricamente excluidos. Del mismo modo que Clotaire Rapaille entendió que la cultura puede moldearse para incluir nuevos hábitos, el cine puede reescribirse para incluir nuevas voces y rostros.
Finalmente, es importante cuestionar el papel del espectador y del crítico. Mientras Laje y otros intentan dictar cómo deben ser representados los personajes en la pantalla, es crucial que como sociedad decidamos si queremos seguir perpetuando narrativas que excluyen y estigmatizan, o si avanzamos hacia un cine que celebre y refleje la riqueza de la experiencia humana. Así como hemos aprendido a desmenuzar ideológicamente filmes históricos como El nacimiento de una nación, también debemos replantear los discursos actuales que, disfrazados de crítica cultural, buscan revalidar desigualdades bajo el pretexto de la tradición.




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