La multifacética artista londinense Elizabeth Sankey vuelve al formato cinematográfico con un trabajo estremecedor: un crudísimo relato sobre el lado B de la maternidad, o el lado A que la cultura y el mercado han propuesto como contratapa del modelo hegemónico de y para las madres. Un documental íntimo narrado en primera persona que se sirve de los recuerdos más sinceros y atormentadores, las películas de su infancia y la demonización histórica de las brujas, para retratar la salud mental durante la maternidad. La antesala del film nos remarca que lo que viene no será fácil y que cada historia contempla personajes y testimonios reales.
¿Qué son las brujas? mejor dicho: ¿sobre que se cimienta un ideal? El de una bruja o el de una madre. La evidencia del relato se maneja entre dos supuestos-opuestos para demostrar que ese movimiento pendular, en realidad no es tan así. Pero antes, un repaso de la historia de las brujas y cómo acompañaron a la directora desde que tiene memoria. Siempre con el cine como nexo coordinante y el recuerdo de lo que se anhela: Los bosques, las pociones, los hechizos y los poderes. Las ganas de formar parte y ser una bruja más. Ahora bien, ¿una mala o una buena? esa no es una elección que la mujer pueda hacer por sí sola, aunque los demás señalen, cataloguen y quemen en la hoguera.
La directora les pregunta: Mujeres ¿Por qué la cultura (tradicional y patriarcal) ha propuesto enfrentarlas? Bueno, para Sankey, sin dudas, por temor al poder que surge de la unión. Y parte de la culpa la tienen los agentes ordenadores, como por ejemplo, el cine. Entonces, la propuesta es contar una historia propia, que también es colectiva, porque hablar puede ayudar. Por las que aún no pueden hacerlo y por las que ya no están acá para hacerlo.

Separada en capítulos como hechizos, Witches es un enorme documental del 2024 que trae a primera plana –o debería traer– una serie de preconceptos y mandatos sobre las brujas, las mujeres y la maternidad, encuadrando todo en una subtrama que repasa la historia de las brujas desde la Edad Media hasta nuestros días buscando los antecedentes para tratar de comprender las persecuciones y las quemas. Y la hipótesis es clara –y también se ayuda del cine–: las mujeres de los pueblos, curanderas o expertas en medicinas naturales, parteras o ayudantes durante los partos, podían llegar a afectar el poder de las sociedades patriarcales. El resultado es conocido, justificar una purga advirtiendo una fuerza imparable y una contención que sólo podía darse entre mujeres. Sumado a eso, una presión de parte del poder de turno para reconocerse bruja solo por estar afectada por una enfermedad que aún no tenía nombre.
La historia avanza sobre las propias vivencias y describe los síntomas de la directora narrados por ella misma. Luego de una serie de tropiezos, los buenos usos de la tecnología y la comunicación en la pandemia hicieron que un hada llegara para decirle a Elizabeth que no estaba sola y que otras madres también habían pasado o estaban pasando por esa misma situación. Eso que un médico, hombre, nombraba sencillamente “maternidad” era una depresión post parto y por más que le haya costado aceptarlo, necesitaba ayuda profesional. Lo que sentía por su hijo no estaba bien, al igual que su salud. Allí comienzan los testimonios de las distintas mujeres con las que compartió internación o que también habían sufrido de la misma enfermedad. Y son desgarradores.
En un formato que ya había utilizado en Romantic Comedy (2019), Witches está bien hecho y alterna fragmentos de películas para describir las situaciones que la propia directora atravesó, incluso para demostrar cómo la normalidad se construye y cómo lo esperable para unas, definitivamente no lo es para todas.
Witches, propone no solo contar los acontecimientos, sino que invita al resto de las brujas a armar el propio libro de hechizos basándose en las historias y la experiencias de las otras personas que habían pasado por situaciones similares. Ansiedad postparto y psicosis postparto, no son temas menores, son cuestiones de salud mental que cuentan con antecedentes escalofriantes, algunos emblemáticos, que el documental elige para retratar, con testimonios de lo más valiosos y de lo más valientes.
Los números que proporcionan no son alentadores: Tanto en Reino Unido como en el resto del mundo, los suicidios de las madres en períodos perinatales crecen, y si la historia viene sosteniendo que la palabra de la mujer no es tomada en serio las cosas empeoran. Ni que hablar de la falta de políticas públicas para cuestiones étnicas o de minorías, hechos que el film denuncia.
El abrazo, la escucha y el apoyo colectivo, son elementos cruciales para que esos pensamientos que asustan a las propias madres, desaparezcan. Como dice la directora: Toda mujer es una bruja y toda bruja necesita un aquelarre.
El concepto oscilante entre bien y mal, entre ángeles y diablos, tiene su correlato entre los sentimientos de amor hacia el hijo y el deseo de hacerle daño. Además de la cultura, que viene formando esas madres ideales que todo lo pueden o en el caso más natural, aquellas que son asistidas por una abuela que cuida al bebé y que curan ese malestar comprando algo de ropa o un par de zapatos.
Los dolores son hasta físicos y las cuentas parecen claras: si antes del nacimiento de mi hijo yo estaba bien, evidentemente él es la causa de todo mi malestar y solo una cosa puede hacerme sentir bien. Pero como un pensamiento tan oscuro no puede ver la luz, lo callo y todo se retroalimenta en mi cabeza.
Decían sobre el documental que era algo que toda madre debería ver, yo no estoy tan de acuerdo con eso, aunque no me corresponde a mi juzgar el trabajo de Sankey desde ese lugar. Solo digo que vale la pena hablar y mucho mejor si es con profesionales, puede que eso que te pasa, también le pase a alguien más y conversarlo te puede salvar, como le pasó a la directora. Lo ven por MUBI.



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