En el mundo del cine resulta incuestionable la necesidad de conectar con las emociones de todo aquel que se encuentra del otro lado de la pantalla. De esta manera, los libretistas, productores y directores, de la mano de sus equipos de trabajo, han ido poniendo todo su esfuerzo y creatividad para lograr este objetivo. La gama de emociones que son evocadas en cada película se encuentra dentro de un espectro muy amplio, sin embargo, las lágrimas suelen constituir un fin muy importante para la industria del cine sin importar el género que se esté creando. Despertar la empatía por medio de imágenes, diálogos, música y más; ha llevado a poner escenas de sufrimiento, enfermedad, muerte, etc. Incluso, dentro de las películas con enfoque terrorífico.
Cuando le preguntas al público sobre las películas que le conmueven hasta las lágrimas, el drama suele estar en las primeras filas, sin embargo, es difícil pensar en una película de comedia que despierte esas emociones. Por ello me resulta fascinante la propuesta realizada por los creadores de NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES. Este viaje por la carretera de las risas, con un toque de suspenso, nos mantiene concentrados esperando cada vez, la siguiente ocurrencia de Valentín, personaje interpretado por el mexicano Eugenio Derbez, para hacer feliz a su hija. La historia nos muestra un drama que abarca el abandono maternal, la travesía para cruzar la frontera entre México y EEUU, la realidad distorsionada en la pequeña causada por la sobreprotección paternal, pequeñas referencias a diferentes superhéroes y personajes animados y muchas ocurrencias más. El nudo es intrigante, pues la reaparición de una madre ausente por muchos años, compite dramáticamente con la tragedia de esperar que Valentín afronte las consecuencias de su trabajo como actor de riesgo y los múltiples golpes que recibe a causa del mismo. La disputa por la custodia de Maggie, (Loreto Peralta), apela a nuestra preocupación y rabia por la injusticia que empapa la historia. Sin embargo, el desenlace aporta un giro en la trama que sin duda alguna, rompe el corazón de todos los espectadores, ya que que finaliza con la inesperada muerte de la pequeña y el descubrimiento de su enfermedad, una verdad que permanece titilante y medio oculta a los ojos del espectador durante casi media película. Lo difícil y doloroso se intensifica con los últimos sucesos, pues Maggie por fin puede disfrutar de la compañía de sus padres, en el pueblo que Valentín le había descrito muchas veces, y finalmente, el corazón del público es atravesado con la escena de aquella partida en brazos de su padre, junto a su madre, frente a la playa, con el tonto y desesperado intento de resucitación por medio de un amuleto familiar. Uno de los momentos que nos podrá hacer llorar mil veces, si somos capaces de ver mil veces esta obra maestra del cine hispanoamericano.
Lo cautivador de la historia es la propuesta de comedia trágica diferente y novedosa, que no pasa por un problema que afronta la mayoría de películas dentro del género del drama, pues este tipo de historias, aunque conmovedoras, pueden resultar empalagosas y carecen de un motivante para ver nuevamente la película. Sin embargo, esta creación de Guillermo Ríos, Leticia López Margalli y el mismo Eugenio Derbez, podría ser vista varias veces en poco tiempo, sin perder su potencial para ser disfrutada, definitivamente, tiene la capacidad de capturar nuestra atención, cada vez que tenemos la oportunidad de disfrutarla.



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