La sociedad de los poetas muertos: El trágico final para un soñador. 

¿Cuántos de los que están leyendo esto se han sentido atrapados al querer cumplir su sueño? Ya sea ser Pintor, Artista, Cantante o Actriz. Sin embargo, el deber como hijo es lo que nos asfixia al punto de ser marionetas de los demás, para cumplir los deseos de nuestros padres o seres queridos. Quienes de los que leen han oído decirles: “Es lo mejor para tu vida” o “Es un capricho del cuál te arrepentirás el resto de tu vida”.

Así es como le sucedió a Neil Perry (Robert Sean Leonard), un personaje ficticio de la película “La sociedad de los poetas muertos” (1989), dirigida por Peter Weir. Más allá de dejar ver los profundos deseos escondidos de estos jóvenes, es una película que desafía los métodos tradicionales de enseñanza y resalta el poder de la educación para transformar en mejores vidas para cada uno de sus alumnos. A través del profesor John Keating (Robin Williams), la historia cuestiona el enfoque rígido y autoritario de la academia Welton, un internado de élite basado en la disciplina, la excelencia y la obediencia.

Como dije, Neil Perry a pesar de ser el mejor alumno de la academia y tener un futuro fijo hacia la medicina. El profesor Keating, introduce a sus estudiantes en el pensamiento crítico, la autoexpresión y la pasión por la vida, inspirando a cada alumno con el lema Carpe Diem ("Aprovecha el día"). Su método, basado en la literatura y el arte como herramientas de emancipación, resalta el conflicto entre una educación basada en la memorización y la conformidad frente a una que fomenta la creatividad y la individualidad.

La película deja en evidencia que una educación que suprime la identidad y el deseo de explorar nuevas perspectivas puede resultar asfixiante y perjudicial para el desarrollo de los jóvenes de esa época y para las futuras generaciones.

El caso de Neil Perry es el más desgarrador de la película. Neil es un joven talentoso y apasionado por el teatro, pero vive bajo la sombra de un padre autoritario que le impone un futuro sin espacio para sus propios sueños. Su participación en la obra de “Sueño de una noche de verano” representa su máxima liberación, pero también desata el conflicto en su propia familia. El hijo único del matrimonio Perry.

Este joven es un reflejo mismo del impacto devastador que una educación y crianza represivas pueden tener en los jóvenes. Su trágico destino es el detonador que impacta en la película, todos deben preguntarse: ¿Cómo alguien tan apasionado por el arte puede llegar a hacer eso? ¿Acaso no había una opción que no sea la muerte?

Quienes no sepan, el padre del joven después de advertirle centenares de veces que no lo desafié y que deje ese estúpido sueño de ser actor, pero Neil en su interior quería alzar la voz y decirle con todas sus fuerzas que no era un capricho de un joven. No lo hizo, se quedo callado y no pudo expresarse como quería, sin ser desobediente ante su padre. Su contexto de vida, es evidente como la falta de compresión y el exceso de control pueden llevar a consecuencias graves.

La historia de Neil es un grito de socorro ante el sistema educativo que no lo escucha, un recordatorio de que la educación debe nutrir la Independencia y no prohibir la opinión de un alumno.

Aquí llegamos al final, La sociedad de los poetas muertos no solo es otra película para el entretenimiento del público, más allá de ser un homenaje al arte y la literatura, da un mensaje tan profundo para el espectador acerca de priorizar la felicidad y no sobre la obediencia que nos imponen.

Me despido. “Oh, Capitán” “Mi Capitán”

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