Poor Things: la vida después de la muerte de dios. Tres lecturas filosóficas Spoilers

Qué pretensioso suena hablar de una película que todo el mundo vio, que todo el mundo comentó y discutió, y tratar de decir algo nuevo. Creo que el tiempo pasado desde su estreno me exime un poco de pretender inventar la rueda.

Algunas ideas preliminares:

Soy plenamente partidario de no dar las cosas por obvias, y decirlas de todos modos aunque resulten evidentes.
Lo que le sucede a Bella Baxter, preciosamente interpretada por Emma Stone, es sin lugar a dudas y en prácticamente cada una de los vínculos que entabla con los personajes masculinos es abuso. Resulta tal vez más claro en la relación que establece con Duncan, Mark Ruffalo, quien encarna arquetípicamente un clarísimo ejemplo de aprovecharse de la inocencia de la protagonista -y no es en vano resaltar que en las reglas propias de la narrativa ofrecida se trata todavía de una niña, o al menos una adolescente, en el cuerpo adulto de quien fue su madre- para acceder sexualmente sobre ella.

También es paradigmático el caso de Alfie, Christopher Abbott, el marido de la difunta Victoria Blessington, que representa una forma de machismo donde la forma de dominio no pone su acento estrictamente en lo sexual pero cuya comprensión del rol que él entiende debe ocupar una esposa es prácticamente la de un trofeo sin voz ni voto. Aparece la figura de la mujer como algo que pueda ser cosificado, e incluso vuela sobre la trama el horror de la mutilación genital.

No obstante, no querría dejar pasar la oportunidad sin decir que, aunque de manera más velada y sutil, también los otros varones que se relacionan con Bella abusan en algún sentido de ella. Max, asumiendo otro tipo de puritanismo esta vez de índole religiosa, se compromete con la protagonista; de hecho el “padre” de Bella se la ofrece y el personaje interpretado por Ramy Youssef no solo acepta el trato incluso en detrimento de su propia libertad, atraído por lo que ve de la joven -de quien ya advertimos su edad real, distorsionada por el cuerpo entendido como un mero envase por los efectos de la trama- sino que disimula y oculta con el discurso de la familia y los escrúpulos religiosos el hecho de haber decidido por sobre cualquier voluntad y parecer de quien será su prometida.

Mucho más velado quizás sea el caso de Harry, Jerrod Carmichael, quien sin embargo es él mismo el que revela que sus intenciones mientras le enseñaba la pobreza y la injusticia del mundo fuera del crucero y de la vida de los aristócratas que la rodeaban, no era otra que la de lastimarla y causarle sufrimiento; a sabiendas completamente de que ella no estaba en condiciones intelectuales todavía de asumir esa realidad y procesarla sanamente.

Pero me parece que la gran clave de todo lo que dijimos preliminarmente y de manera pormenorizada se devela si contemplamos lo que sucede hacia adentro de la relación que da razón de ser a la historia: la de Bella con Godwin, el doctor Baxter interpretado por el gran Willem Dafoe. Lo que circunda respecto a cada una de estas relaciones que describimos de la protagonista no gira alrededor de otra cosa que esta: el consentimiento. El problema de todo lo que le sucede a Bella tiene que ver exclusivamente con el tema del consentimiento: no hay consentimiento, aunque sea ella la que insista, en las relaciones que mantiene con Duncan; ni para comprometerse con Max; ni qué decir respecto del horror representado en la mutilación genital.

Y el origen de este problema lo encontramos ya desde su misma creación; puesto que el doctor Baxter decide realizar el experimento del que resulta la existencia de Bella, contra la propia naturaleza, contra el curso de las cosas, y contra la voluntad de la mujer que de algún modo es la madre de su criatura.

Victoria se suicida estando embarazada, el afán cientificista de Godwin tuerce el desenvolvimiento natural de los hechos y de las leyes naturales trayendo a la vida la mente de la niña en el cuerpo suicida de su madre, sin el consentimiento de nadie más que de sus ansias de controlar la vida. Además engaña a Bella respecto de su propio origen, mintiéndole sobre sus padres y negándole también el derecho a la identidad. No conforme con ello, y para proteger su experimento le prohíbe salir de las paredes de su casa, dentro de las cuales encuentra un mundo completamente ficticio e irreal respecto de lo que sucede fuera, privándola así del contacto con otros seres humanos. Y como si fuera poco, la deja finalmente irse con un hombre que claramente pretende abusar de ella, sabiendo perfectamente que de ninguna manera está preparada para arreglárselas sola, en cuanto él comprende que su experimento se había ido de sus manos.

Siempre, la mirada de Godwin sobre Bella, fue exclusivamente la mirada cosificadora, instrumentalizándola con fines experimentales.

Una última cuestión preliminar que me parece obvia pero que no me parece en balde aclarar -sí, todavía no empezamos propiamente con la lectura; paciencia, muchas gracias, y si seguís acá te quiero mucho-. Desde mi posición cómoda de varón cis, no me corresponde a mí, ni pretendo arrogarme el derecho en lo más mínimo, de responder a la pregunta de si la película representa fielmente la lucha feminista o si reproduce estereotipos desde la mirada masculina del director.

¿Aborda la película la problemática desde una perspectiva realmente feminista o la producción se vale de una causa noble como bandera para exhibir el cuerpo de la mujer como el mercado pretende que se haga pero con una buena excusa? ¿Logra mostrar el empoderamiento real de las mujeres o simplemente sexualiza sus cuerpos y perpetua los roles de género? ¿En qué ligar se posiciona la película respecto de la brecha de género? ¿Son realmente propios los conflictos de las mujeres de la película, o en realidad giran en torno de las intenciones masculinas? ¿Se queda, tal vez, corta para asumir la problemática responsablemente?

Tales conclusiones exceden este articulito -y mis propias capacidades- y nos limitaremos de ahora en más a esbozar tres sencillas lecturas filosóficas "en sentido extramoral".

Tres lecturas filosóficas breves

Una metáfora de la existencia: ser arrojados

Aquello de lo que estoy convencido respecto de esta película, es que centrándonos en la relación de paternidad que ejerce el doctor Baxter respecto de Bella encontraremos una gran metáfora acerca de la vida y la existencia misma.

Mi sospecha filosófica es que, a adrede o no, la película en cuestión funciona de manera simbólica representando nuestra propia condición humana, por medio de las imágenes del creador, el no-consenso y el abuso. Resulta que God, -llevando agua para mi propio molino, confieso que me viene perfecto que el muy desgraciado se haga llamar “dios” por un juego tonto de palabras- trajo a la vida caprichosamente a Bella, en contra incluso del curso natural de las cosas accionado por las decisiones que su madre verdadera tomó impidiendo que nazca. No conforme con eso solo, God encierra a su criatura para controlar las condiciones de su experimento, y se ocupa de instruirla en las normas que considera importantes o necesarias. Del mismo modo God decide por Bella aquello que representa lo bueno y lo malo, la corrige y vela porque aprenda a comportarse en sociedad. Le da un nombre, una identidad, le oculta su verdadero origen, y construye una vida para ella sin consultarle al respecto.


Salvando las distancias ficcionales, encontramos allí una poética manera de repensar la existencia en la línea de los grandes existencialismos del siglo XX. Heidegger utiliza la palabra “arrojamiento” (Geworfenheit) para describir la condición de la existencia humana, explicando así cómo el ser humano se encuentra lanzado a un mundo y una vida que no elige. El drama humano convive además con la experiencia de tener como horizonte inevitable la muerte; siendo el único acontecimiento venidero del cual tenemos la certeza absoluta que sucederá.

Para el autor, la muerte es posibilidad constante que define la totalidad del ser del individuo. En reconocer que el Dasein (ser-ahí u hombre) es un ser-para-la-muerte es que podemos darle algo de sentido a la vida a la que se nos arrojó, en lo que este marco teórico considera una “existencia auténtica”; en contraposición con la “existencia inauténtica” de quien vive como si no supiera que todo lo que sucede aquí es finito y que un día va a morir. Esta posibilidad extrema de la muerte pone de relieve el carácter limitado de la existencia humana y marca los límites del tiempo y de las posibilidades de cada individuo. Para Heidegger, vivir con autenticidad implica reconocer y asumir que estamos arrojados hacia la muerte, lo que significa que somos seres temporales que nuestra existencia está fundamentalmente marcada por la posibilidad de la muerte.

El arrojamiento a la muerte expresa la forma en que el ser humano está estructurado existencialmente para comprender su vida desde su finitud, dándole un sentido de urgencia y autenticidad a sus elecciones. Pero pese a que allí mismo se encuentre la posibilidad del sentido, primariamente la experiencia de arrojo nos expone lo dramático de nuestra existencia, que no es otra cosa más que un problema que, sin haberlo elegido nosotros, debemos resolver y hacernos cargo.

Años más tarde Sartre retoma esta idea heideggeriana acuñando los conceptos de proyección y deyección. Para Sartre, el proyecto es una expresión de la libertad radical del ser humano. Cada individuo es proyecto, siempre proyectándose hacia el futuro. El proyecto busca realizar posibilidades y construirse a sí mismo a través de sus propias elecciones y acciones. Por esto puede afirmar que el ser humano no tiene una esencia fija o dada de antemano que preceda a su existencia; sino que construye su identidad y su ser a través de sus proyectos. Este proyecto implica un constante movimiento hacia adelante, una proyección de sí mismo hacia posibilidades futuras que son el resultado de su libertad.

El proyecto es la manera en que el ser humano se compromete con un conjunto de fines, valores y objetivos en la vida, que reflejan sus decisiones y la manera en la que elige ser en el mundo. La conciencia de esto conlleva necesariamente un llamado a la responsabilidad, puesto que al no estar definido por una naturaleza fija, el individuo tiene la libertad (que también es carga) de crear su propio sentido y propósito en la vida.

El ser deyecto por su parte, nos pone de cara frente al hecho de que el ser humano nace en una situación particular que no elige, en una serie de condiciones ya establecidas (como la familia, la cultura, el país, etc.), que marcan sus limitaciones y circunstancias iniciales. No elegimos ninguna de estas características que, lejos de ser meros accidentes o casualidades, serán condicionantes y limitantes de nuestro ser proyecto.

El ser deyecto no determina al individuo completamente, pero crea un punto de partida, un lanzamiento o arrojamiento inicial en el mundo desde el cual el individuo debe proyectarse a sí mismo. Aunque estamos arrojados a un mundo y a una situación que no elegimos, Sartre afirma que nuestra libertad reside en la capacidad de dar sentido y dirección a ese punto de partida a través de nuestros proyectos y decisiones. La existencia humana, entonces, resulta una tensión entre este arrojamiento y la constante autoproyectación.

Nuestra libertad, empero, es una condena en sí misma, puesto que jamás podremos escapar de ella, la única cosa de la que, de hecho, no somos libres. Con el ser, con la vida, se nos condena a la libertad, a la necesidad de buscar con la ilusión de encontrar algo que nos parezca un sentido. Sartre hablará además de la imposibilidad de darnos ese sentido (en su jerga filosófica, de volvernos un ser-en-sí en nuestro ser para-sí). De esta imposibilidad del sentido concluye que el hombre tan solo es una pasión inútil.

El proyecto y el deyecto reflejan para Sartre la paradoja de la existencia humana: el hecho de ser nos obliga a convertirnos en un proyecto por medio de nuestra libertad, pero contra esto mismo nos deyecta arrojándonos a una serie de impedimentos y condicionamientos en contra de todo lo que proyectemos.

Independientemente de si quien nos creó fue un científico, un “God”, o el simple azar, la experiencia de Bella de haber sido arrastrada caprichosamente al mundo es exactamente la de cada ser humano. Sin nuestro consentimiento se nos trajo a la vida, se nos dio una lengua, una cultura, una familia, un cuerpo y todo un aparato de cosas de las cuales no somos libres. No solo ello, sino que se nos obligó a respetar como propias un conjunto de normas completamente arbitrarias pero consensuadas sin nuestra participación en ello que debemos aceptar y cumplir a fuerza de leyes y castigos de índole social, religioso, penal, o moral.

Recibimos, junto con nuestra existencia la obligación de convivir en un mundo con un sistema ya construido que resulta completamente vinculante y normativo para nuestras vida allí. Debemos adaptarnos, y sin opción, y aceptar las normas que recibimos sin que importe la discusión acerca de su validez o naturalidad. Y lo mío aquí no resulta ningún tipo de queja de millennial con ansiedad climática, ni un llamado anarquista al desorden y la insurrección, sino un simple análisis descriptivo que lee en lo caprichoso de la voluntad que dio a Bella la vida, una buena oportunidad para que podamos ver reflejada nuestra propia condición humana, arrojada hacia la muerte y condenada a la libertad.

Del mismo modo que a Bella, algún tipo de creador decidió por una voluntad ajena a la nuestra que nosotros existamos, y que lo hagamos atendiendo a estas condiciones, y teniéndonos que someternos a estas reglas de juego. Nadie nos consulta si queremos venir, y se nos educa en una mentira a vivir fingiendo demencia respecto de la artificiosidad de los consensos sociales que se nos imponen como naturales. Y al igual que ella se nos exige desde niños y antes de que estemos preparados a tener que tomar decisiones y darnos una identidad en la sociedad.

Una lección de cinismo

Otra perspectiva desde la que la película alcanza una verdadera profundidad filosófica es la filosofía cínica. Esta corriente llega al guion de la boca del propio Harry quien se declara orgullosamente cínico. Mi tesis al respecto es que, pese que la narrativa de la cinta se posiciona moralmente contraria a las ideas de Harry, estas son las que finalmente prevalecen si seguimos cuidadosamente el hilo de los acontecimientos y somos fieles a lo que podamos extraer de allí.

El cinismo como escuela filosófica tiene sus raíces en la Grecia post-socrática y se trata de una corriente caracterizada por su crítica radical a las convenciones sociales, y el rechazo de los valores materialistas y superficiales de la sociedad-careta; a la vez que propone la búsqueda de la autosuficiencia (autarkeia). “Cínico” como término proviene de “cinós” (perro) y debe su origen precisamente a la persecución de una vida simple y genuina, en contra de todo aquello que se erija como civilizatorio (las instituciones, las normas sociales, la moral sexual, la vestimenta, el decoro y el pudor, la necesidad de trabajar, las autoridades civiles…). De esta convicción anti-civilizatoria se desprende que sus primeros practicantes hayan vivido como perros, en los lugares públicos satisfaciendo cada una de las necesidades que les venga en ganas, a la vista y para el escándalo de la polis.

Todo el film parece concluir que la vida no es algo que tenga especialmente un sentido, y que tal vez el absurdo y el hacer la propia voluntad, sean los únicos refugios posibles frente al sinsentido. Si es verdad, entonces, que nada tiene sentido, es razonable que concluyamos que nada importa y allí es donde nace el postulado central del cinismo.

Los cínicos abogaron por un retorno a una vida simple y natural, rechazando las comodidades, los lujos y las instituciones sociales que consideraban corruptas y artificiales. La felicidad según esta filosofía no depende de bienes externos, sino de la virtud según los propios códigos con la autosuficiencia como máximo horizonte para satisfacer las necesidades y deseos. La escuela se caracterizó especialmente por desafiar las normas sociales, religiosas y políticas de su tiempo, considerando que muchas de ellas eran absurdas o hipócritas. La cultura y las instituciones humanas, para los cínicos, alejaron al hombre de su verdadera naturaleza. Esto es exactamente lo que la protagonista descubre de a poco, a medida que conoce el mundo con sus convenciones e instituciones que la obligan a reprimirse y adoptar posturas antinaturales.

El cínico propone renunciar a lo superfluo y rechazar lo civilizatorio, desconfiando de las intenciones de los demás y procurando alcanzar por los medios propios la felicidad. Al fin de la historia, viendo el mundo que la película propone, pareciera que finalmente el cinismo de Harry es aquello que prevalece como mirada respecto de la naturaleza humana y de la vida en sociedad. En última instancia el cinismo es una postura antropológica pesimista, pero esperanzada en que la felicidad personal puede esperarnos allí por encima de los vínculos sociales y las normas arbitrariamente establecidas.

Bella logra, conforme desarrolla su voluntad y por medio de sus propias elecciones contraculturales, ir forjándose un camino en contra de lo que su creador, su comprometido, su amante y toda la sociedad esperan que sea. La autarkeia o autosuficiencia era el valor máximo y la mayor aspiración para un cínico y la libertad es la única clave para alcanzarla. Por medio de esta libertad el personaje decide salir más allá de su casa y de la tutela de su padre; aventurarse en el mundo del descubrimiento sexual y el placer; abandonar finalmente a su amante aburrido; darse un sentido por medio de la lectura y la cultura; conseguir un trabajo por fuera de los preceptos morales de la época con el que obtener dinero para poder desarrollarse en el mundo; hacerse una amiga; darse una identidad política sobre la cual identificarse; estudiar una carrera; volver a su casa original esta vez como un ser adulto con su propio mundo interno de representación y voluntad; inventarse una vida en la que ella quiera positivamente vivir…; entre otras palabras: darse, autárquicamente, su propio ser.

El mundo después de la muerte de dios

Es ya sabido por casi todo Occidente el postulado de Nietzsche acerca de la muerte de dios como el fin de la metafísica y las grandes verdades absolutas. El dios que muere con Nietzsche, es el de la pretensión explicatoria del todo, el del pensamiento dogmático y la fe ciega. La muerte de dios simboliza el colapso de los valores absolutos, principalmente aquellos derivados de la moral cristiana y la metafísica platónica. El avance de la ciencia, la secularización y el pensamiento crítico, sepultan para el autor a la creencia en un Dios que garantice un sentido universal y un fundamento moral inmutable.

Predicando la desaparición de Dios como fundamento último de la moral se pone en el centro que antes llenaba el absoluto, un vacío de sentido y dirección. Nietzsche ve esto como el comienzo de una oportunidad para avanzar sobre los valores que durante siglos han guiado a la humanidad y ahora pierden su validez. Este nihilismo encuentra en la muerte de dios la tarea de crear los propios valores y darse el propio sentido de la existencia, afirmando la vida en detrimento de la moral tradicional basada en la negación de lo humano.

El nihilismo representa la posibilidad de poner los nuevos valores sin recurrir a fundamentos trascendentes. Es el Übermensch (superhombre), el individuo capaz de afirmar la vida y crear nuevos valores desde su propia voluntad. La muerte de dios prepara el terreno para el surgimiento del Übermensch, un ser humano que trasciende el nihilismo y crea nuevos valores basados en la afirmación de la vida y la libertad.

Tan solo después de la muerte de dios, el creador (God), Bella puede darse a sí misma su propio sentido. Con el creador mueren también la tercialización en la voluntad y las decisiones, las normas y las reglas impuestas con todo el absurdo, cualquier resabio de origen inventado e identidad apropiada, la tentación de tener que responder a ser hecho-para-algo diseñado o pensado por otro alguien, la relación sinuosa con agradecer una vida que nadie pidió y que responde más bien a los caprichos de otro, un modelo de referencia en el obrar y pensar, el sistema de premios y castigos que representa lo que se espera que hagamos, la creencia en el tener un propósito y haber venido con una misión…

En la muerte de dios, y muriendo la criatura como hija, puede el personaje terminar de darse sus nuevos valores y domeñar su vida por sí misma. Es la vida después de la muerte de dios la posibilidad de elegir con libertad plena qué hacer con mi existencia ahora que solo me pertenezco a mi, y la posibilidad radical de afirmar la vida sin que ningún absoluto por encima de mi voluntad erija un bien o un mal. La vida después de la muerte de dios resulta para Bella, no solo una vida más libre, sino un nuevo nacimiento en el que puede haber justicia y gracias a que ella decide cómo administrar sus relaciones, sus venganzas, y transformarse en su propio experimento.

Algunas conclusiones personales

  • Supongo que no es un descubrimiento mío, pero la historia es un nuevo Frankenstein. El valor agregado en este caso es la gran actualización que supone de la historia del monstruo creado por el curioso Frankenstein. La película asume toda la densidad y complejidad que la cuestión tiene originalmente, haciéndose cargo a su vez de otros problemas que la obra original no llega a poner en discusión por el tiempo, o quizás por el tono.

  • En línea con esto mismo hay que notar una inversión preciosamente lograda: ¿Cuál es el monstruo? Funciona en múltiples sentidos, la actuación bestial (con toda la polisemia de la palabra) al inicio del film es tan contundente que esa monstruosidad queda más que clara. ¿Pero y el desgraciado que se dedica a jugar con la vida llamándose dios? ¿Y todos los hombres que se aprovechan de la mente inocente de una niña? ¿Y los personajes que conocemos en el burdel? (¿Y esos patos extrañísimos mezclados con otros bichos?), ¿Y nosotrxs espectadores, que lo inmoralmente grotesco combinado con la delicadeza y sensualidad no nos deja ni terminar de erotizarnos ni terminar de escandalizarnos? ¿Quiénes son los monstruos? ¿Quiénes somos las pobres criaturas que hacemos lo que podemos con lo que nos tocó?

  • Me contraría completamente la decisión del personaje de perdonar a su creador y a su prometido. Entiendo perfectamente la necesidad narrativa de ello para poder accionar entonces todo lo que sucede después de esto y en ocasión de haber regresado y aceptado el matrimonio. Sin embargo, más allá de la necesidad de los fines estéticos no deja de pesarme como acto político, en el vehículo de sentido que representa el arte y su rol de generador de opinión y espejo de las narrativas triunfantes, el dispositivo discursivo que puede haber detrás del justificar y legitimar el abuso escondido de alguna forma de perdón y comprensión. (listolodije)

  • La película también resulta como llamado a reconciliarse con el absurdo. Es el amor fati, o aceptación del destino, nietzscheano. La vida es así, injusta, caprichosa, sin sentido, extraña, cruel, hostil. Vivir significa reconciliarse con eso, y tratar de abrirnos algún resquicio o pequeña fuga de felicidad. La composición de la escena final es simbólicamente muy firme en este sentido.

  • Para ser coherente con lo que dije más arriba al respecto, no voy a posicionarme sobre lo que sigue, pero sí voy a decir que me parece por demás interesante la toma de postura que hace la película sobre el derecho a ejercer el trabajo sexual, desde una perspectiva socialista clásica que entiende el disponer del cuerpo como ser dueño de los propios medios de producción. Banco siempre que el cine tome posturas, después veremos si estamos de acuerdo.

  • Gran mención en esta maraña de pensamientos para el arte de toda la película. La estética es increíble, los exteriores, los interiores, el vestuario, la paleta de colores, el mundo victoriano retrofuturista y aesthetic (ciberpunk de pinterest) todo lo visual es perfecto. Las actuaciones son bárbaras, me parece hermoso y poético que solo Emma Stone haya ganado como actriz, casi como una venganza de Bella. La música es buenísima. Los planos están muy bien.

  • La película me contrarió. En cuanto terminó me dejó un sabor en la boca que me costó reconocer si era bueno o malo. Sin embargo, por la idea que tengo sobre el arte, celebro esa misma incertidumbre con creces. El arte por el que apuesto y que me gusta consumir es el incómodo, me hace discutir conmigo mismo, me arroja mis contradicciones, me molesta y discute mis convencimientos más profundos. Es una película bellamente incómoda y con muchísimo carácter. Brindemos por el carácter.

Filosofía puchito


Para amenizar tanta voltereta retorica, un himno:

Cuando comenzamos a nacer

Cuando comenzamos a nacer
La mente empieza a comprender
Que vos sos vos y tenés vida

Qué poca cosa es la realidad
Mejor seguir, mejor soñar
Que lo que vale no es el día


Pero el sol (pero el sol) está
No es de papel, es de verdad

Tenés una boca para hablar
Y comenzás a preguntar
Y conocés a la mentira

Con tus piernas vas a caminar
Luego te empiezan a encerrar
Y ahí te quedás con tu rutina

¿Y qué vas (y que vas) a hacer?
Uno se cansa de correr

Llenas tus valijas de amor y te vas
A buscar el cuerpo de una mujer
Y descubrís que amor es más que una noche y juntos ver amanecer

Poco a poco vos te conformás
Si no es amor es tuya igual
Y vos le das lo que te pida

Pero si te ofrecen el final dirás
Igual me he de quedar
Porque soy yo, porque es mi vida

(Sui Generis)


Agrego un pequeño disclaimer, que surge del diálogo en los comentarios, y que creo que clarifica todo este razonamiento tal vez “tibio” que pondera a la vez que critica:


Sentí que hacía falta pensar un poco más, porque la película -que visualmente es súper consistente- no me gustó para nada; pero algo me decía que igual hay alguna posta ahí. ¿Por qué gustó tanto? Algo del mito de fondo tiene que ser relativamente válido, y pero no se trata sin dudas de la primera capa (la cuestión feminista de la que todas las voces femeninas autorizadas dijeron, y con razón, que se queda corta o incluso se contradice)

Me parece que la verdadera clave de lectura es precisamente esa: asumir que la película muestra un abuso, que lo romantiza y que eso es éticamente incorrecto; pero exactamente ahí está el trasfondo que hace que funcione: en menor o mayor medida, venir a la existencia es ser víctimas (no diremos de un ´abuso´ por respeto) de que alguna fuerza nos violente en contra del consentimiento que nosotros podamos dar sobre ello.

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