Cuando Alexandra estuvo frente a la fachada del edificio de la calle Bow, sintió el mismo pánico que al audicionar para la escuela de ballet de Pittsburgh, no podía imaginar que un año después sería aceptada en el Royal Ballet de Londres.
Había odiado a Nick cuando se enteró que fue admitida para la audición por causa de sus conexiones con la academia — Solo te he evitado unos obstáculos para que puedas demostrar quien eres, el resto depende de ti y tu talento, la única razón para no presentarte es tu cobardía — le había dicho. Por más que le dolió y fue causa de insultos y llanto, al serenarse y pensarlo reconoció que él tenía razón, estaba aterrada. No sabía hasta dónde era todo una fantasía de ella, no podía evitar compararse con las otras chicas de la escuela de ballet tan delgadas y esbeltas con acceso a una educación privilegiada y ella con su empleo como soldadora en la compañía constructora, un trabajo bastante duro aunque mucho mejor pagado que el de camarera, se veía obligada a ensayar un personaje de chica ruda para evitar malos entendidos con algunos de sus compañeros.
En el trabajo era la más pequeña y desvalida, cuando sonaba la campana de fin de turno y se dirigían en grupo hacia el portón de salida ella parecía perderse entre los cuerpos robustos que la rodeaban. Pero en la academia de ballet era todo lo contrario, se veía muy fuerte y dura para el ambiente contenido y delicado del salón de clases, con sus paredes de espejos, el piso de madera encerado y sobre todo el silencio, le gustaba el contraste con el ensordecedor ruido de la construcción, allí solo se oía el piano que marcaba los movimientos.
El recorrido en bicicleta por las empinadas calles de la ciudad la ayudaban a hacer la transición, le despejaba la mente y preparaba las piernas para el entrenamiento. El mejor momento del día era ponerse las zapatillas de punta y sentirse parte de una escuela de ballet de verdad. Lo más increíble es que pudo aventajar a chicas con años de experiencia, en un año había conseguido lo imposible, ganar y ser reconocida en todos los concursos en los que participó, siendo uno de los premios más importantes acceder a una audición en el Royal Ballet de Londres. Era más de lo que había fantaseado alguna vez. Se podía permitir la experiencia de viajar a Inglaterra las dos semanas de las audiciones para conocer uno de los teatros más destacados del mundo, compararse con otras bailarinas y ver los estilos de las diferentes escuelas ya que el Royal Ballet recibe alumnos de todo el mundo.
Además siempre le intrigó Londres, la ciudad primordial, por qué no tomarse unas vacaciones, se las merecía, sería divertido cumplir sus 20 años allí. Pidió a Nick que no la acompañara, quería hacer el viaje por sí sola pero le propuso ir a buscarla y regresar juntos, él estuvo de acuerdo. Se lo había tomado como una simple aventura pensando que no sería elegida, había minimizado sus sentimientos aunque en el fondo sabía lo mucho que deseaba pasar la audición. Por eso, al verse frente a las puertas del magnífico teatro deseó que Nick estuviera ahí ya que siempre se las arreglaba para despertar en ella el gusto por el desafío. Una vez más tuvo ese sentimiento de haberse colado por la puerta de la cocina. Si las chicas de Pennsylvania eran finas y estilizadas, las que llegaban hasta aquí eran princesas sacadas directamente de las páginas de un cuento de hadas.
En el pasillo, mientras espera su turno, miraba las puntas de sus zapatillas para no ver directamente a las otras chicas. Cuando la llamaron hizo la variación que había ensayado sin cometer ni un solo error, hay que reconocer que el cabrón de Nick había conseguido un excelente coreógrafo para entrenarla y aconsejarle el personaje con el perfil que más le favorecía; por su fuerza e intensidad Kitri fue la mejor elección. Al leer Alexandra Owen entre las primeras seleccionadas de la lista se puso a llorar, siempre se burlaba de las chicas que lloraban, pero aquí nadie lo sabía de modo que dejó sus lágrimas en los hombros de las compañeras sin remordimientos. —¿Pero ahora qué? — Se preguntaba. Nick había llegado dos semanas después, planearon recorrer Inglaterra juntos diez días y regresar. Estuvieron muy elocuentes los dos, ella tan feliz y él lleno de orgullo por ella — Vamos a tomar una de esas cervezas calientes horribles que sirven aquí— le propuso al reencontrarse y se fueron por el lado del muelle donde están los clásicos pubs de estilo rústico portuario. Eligieron uno que parecía sacado de una novela de Charles Dickens, sobre el Támesis, donde se veían muchos barcos y gabarras amarrados y hasta una cañonera de la reina.
Le compartió una idea, un socio le propuso abrir una escuela de danza, él dijo que solo se arriesgaría si Alexandra fuera la directora — justo en ella estaba pensando — le dijo. Él estaba seguro de su capacidad, sabía que podría hacerlo, de cualquier manera tenía tiempo para pensarlo, de momento estaban en Londres y ella estaba fascinada con la ciudad. Puesto que él había visitado la ciudad en un par de oportunidades dejó que ella escogiera donde ir, decidieron evitar aquellos sitios que él ya conocía. Los resultados se anunciaron unos días después de la audición cuando ellos ya habían empacado. Después de ver su nombre entre las elegidas fue llamada a una de las oficinas. Habían quedado cautivados con su personalidad y le propusieron directamente entrar a la compañía, tendría un año de beca y un cuarto en la pensión donde viven las estudiantes, también podría hacer algún trabajo extra dentro del teatro. Nick no le permitió dudar, le dijo que podría visitarla dentro de seis meses y que aceptara su ayuda en caso de necesitarla. De regalo de despedida le consiguió una bicicleta, sabiendo lo mucho que la extrañaba — El mejor presente — agradeció ella.
Ahora está sola otra vez, siente la misma tensión que experimentó al entrar en la escuela, pero aquí nadie sabe de dónde viene y las chicas quizá estén en situaciones difíciles, todas hacen grandes esfuerzos, rápidamente se siente en casa. Para su sorpresa, el breakdance y los bailes callejeros de EEUU eran una novedad en sus países y les encantó verla improvisar algunos números, les terminó enseñando desde el moonwalker y todas sus variantes a unos pasos de robot que las dejó algo desorientadas. En un momento estaba haciendo unos giros interminables como un trompo sobre su espalda y al terminar se encuentra con la mirada seria del coreógrafo. Se sintió un poco avergonzada pero él le dijo que tenía mucha energía y le hizo un gesto cómplice de admiración.
Las clases son exhaustivas y provechosas, el programa incluye una puesta de Don Quijote, infaltable. El coreógrafo que estuvo presente en la audición le dijo que ella era todo Kitri y no podía haber otra — Tus ojos negros se ven desde la última fila y tienes la fuerza y la actitud de nuestra protagonista, es tuyo el rol, pero hay que pulir bastante, tenemos un año para conseguirlo — Aceptó el desafío claro, quién se negaría. Alex pasa sus días entrenando y estudiando arte, historia, música, recorre la ciudad en bicicleta (el boulevard que bordea el Támesis es su parte favorita). Siempre va a Covent Garden a ver a los artistas callejeros, músicos, malabaristas, bailarines, le gusta mirarlos e intercambiar pasos. Una de las chicas que siempre la acompaña le dice estar loca por ella y no sabe cómo escabullirse. No quiere herir sus sentimientos. Consigue desprenderse de sus persuasivos abrazos, pero no puede evitar su enfado. Tiempo después le pregunta si aún estaba resentida — Solo desilusionada — le respondió. Alexandra se siente atraída por el coreógrafo Ruso, pero ve que lleva una infinita tristeza en su alma. Aunque nunca pudo saber su secreto entendió que estaba demasiado distante de entablar cualquier relación, nunca dejó de admirarlo. Un atlético y bello bailarín italiano le declara su amor todos los días y todas las tardes, su comportamiento es tan infantil que lo ve como un niño metido en el cuerpo de Espartaco. Si solo pudiera poner el espíritu de su coreógrafo en el cuerpo de su admirador quizá conseguiría a su chico ideal, le decía a una de sus más cercanas compañeras.— entonces tendrías a un hermoso Frankenstein hecho de retazos — le dijo riendo. Le proponen trabajar colaborando con las modistas, ayudando a diseñar su propio traje español, rojo y negro. Prefiere que sus piernas de atleta no resalten tanto, no siguen la estética del ballet, comparadas con las otras chicas que son tan delgadas. La falda más larga que se le permite al personaje es ideal para ella.

Don Quijote con coreografía y libreto de Marius Petipa y música de Ludwig Minkus, está basado libremente en la obra de Cervantes en particular en las bodas de Camacho (Gamache en el ballet) episodio que es narrado en el capítulo XIX de la segunda parte donde se relata el romance entre el barbero Basilio y la joven Quiteria (Kitri en el ballet). La obra cuenta la frustración de kitri que es quien lleva la historia y quien más presencia escénica tiene, es uno de los personajes más codiciados y exigentes. Aquellas bailarinas que llegan a interpretarla son elegidas más por su personalidad que la perfección de su técnica, aunque la técnica siempre sea perfecta. La trama se desarrolla dentro del sueño del Quijote, Kitri quiere casarse con el barbero Basilio pero su padre, el mesonero Lorenzo, le tiene arreglada la boda con Gamache que es el hombre más rico del pueblo. Kitri y Basilio se fugan a un campamento gitano. Finalmente los encuentran y Basilio finge una muerte inminente pidiendo casarse con Kitri como último deseo. El padre accede y se revela la farsa pero ya es tarde, ya se han casado ante todos. Los trajes de toreros, gitanos y damas españolas con sus faldas y abanicos agregan un colorido extra a la puesta en escena, el color rojo inunda el escenario.

El Royal Ballet pone mucho énfasis en los vestuarios y escenarios. Por supuesto que la presentación es un éxito, por supuesto que todo el mundo la ovaciona. Después de lo bien recibida que fue la obra le extienden un contrato más interesante y con muchos más compromisos que ella acepta y firma con pulso tembloroso, no por miedo sino por disimular su regocijo. Nick no pudo estar presente en el evento pero le envía un ramo de rosas rojas y una nota que dice “ felicidades, siempre a tu lado, llámame cuando me necesites.” En mi película el final siempre tiene que ser feliz, le dejo una pequeña nota de tristeza pero es porque Nick sabe que ella tiene mucho por delante y él solo podría confundirla, es apenas un pequeño sacrificio de su parte en nombre del amor.
En caso de hacer una continuación de la historia debería ocurrir en 1984 y estar dirigida a un público adolescente, el tono no puede ser muy dramático y las imágenes son para ilustrar la música, un vídeo clip que cambia las lluviosas calles de Pittsburgh por las neblinosas de Londres. El objetivo final es que te den ganas de bailar, puede ser breakdance, aunque clásico siempre es mejor, pero bajo ningún concepto, por el amor de Dios, si alguien hace esta secuela permitan que sea reguetón. 




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