Boyhood, mucho ruido y pocas nueces. 

Algunas veces ocurre que la idea de ciertas películas nos despiertan una expectativa que luego se diluye. No me refiero necesariamente a superproducciones que tiran la casa por la ventana o remakes, porque aquellas ya vienen con un ceño fruncido incorporado en el espectador cuando se trata de cine muy comercial.

Muchas veces esperamos lo peor y nos sorprenden, otras… bueno, “no esperaba nada de ustedes y aun así logran decepcionarme”.

El caso de Boyhood es diferente porque era un proyecto ambicioso y diferente, filmado a lo largo de 12 años por Richard Linklater, guionista y director de dos films gloriosos como Dazed and Confused o Escuela de Rock y de la trilogía que arrancó suspiros en varios continentes “Antes de…”. Emergió del cine independiente en la década del 90, pero fue a través de Boyhood que consiguió el prestigio que dan los premios (si bien no ganó el Oscar, cosechó Globos de Oro como mejor director y mejor película dramática). En este drama coming on age Linklater logra una hazaña sin precedentes en el género: podemos ver crecer a su protagonista en tiempo real.

Para ser completamente honesta, no me gusta juzgar como sobrevaloradas ciertas películas que resultaron aclamadas por el público o por la crítica. ¿Quién es uno para juzgar la valoración ajena por mucho que sepa o no de cine, no? Por eso voy a hablar exclusivamente desde mi subjetividad.

Tal vez al ser una historia tan íntima y realista sobre el devenir del niño y su familia a lo largo de su crecimiento, me resultó un poco obvia y soporífera de a ratos. Seguramente aquellos que sientan identificación con los personajes serán movilizados por la historia. Creo que la cosa viene por ahí, es una película para que el espectador se identifique, si eso no ocurre termina haciendo agua.

Considero que no hay nada mejor que aquel cine que nos aleja de nuestra realidad y nos lleva a un mundo distinto, por eso prefiero las historias con las cuales no se busca la identificación, sino salirse de uno mismo y ejercitar la mente y la emoción hacia otras experiencias. Ser interpelados por aquello que no nos identifica me parece un triunfo. Y no me pasó con esta historia.

Me he preguntado si valía la pena filmarla a lo largo de 12 años en vez de separarla en otra trilogía y estrenarlas cada 4 años - por ejemplo - para no agotar y generar más curiosidad, pero lo cierto es que tampoco había tanta tela para cortar en tan poco tiempo entre una y otra. Con “Antes de” había una década de distancia y una temática, quizá, un poco más atractiva y abierta a la fantasía.

¿Qué hubiera pasado con esta pelícua si el mismo guión se rodaba en los tiempos de una producción común y corriente? Con los mismos actores envejecidos con maquillaje o CGI, con 3 actores interpretando al niño, al adolescente y al joven/adulto. Seguramente hubiese sido un lindo film televisivo para un domingo a la tarde.

Pero sí tienen razón con la principal valoración que se le dio al film. Porque es cierto que Boyhood es realmente como la vida misma: cuando llegás a la mitad, querés que termine de una vez. Al fin y al cabo, lo único que se va poniendo bueno a lo largo de los años es el divino de Ethan Hawke.

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 21
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.