La sentencia se dará a continuación, exponiendo los comentarios de nuestro jurado fílmico. Bien se mencionó el intento de reflejar y juzgar la historia económica del país, por medio de elementos lúdicos que reflejan a su vez un condicionamiento cultural de la última generación, la ludopatía. Si bien el juego siempre formó parte de las adicciones sociales, estas se encontraban centralizadas y reconocidas por instituciones definidas como casinos o casas de apuestas, como bien es reflejado en la primera temporada, pero es en nuestra última generación en donde el juego como un modo de vida paso a permear en cada elemento significativo del cosmos simbólico, al punto tal de reemplazar a la propia realidad analógica y tangible, como lo expresa el personaje de Thanos y del influencer de criptos en la segunda temporada.
La digitalización del dinero, como de la cultura, potenció la premisa lúdica de la competencia capitalista por medio de las apuestas financieras, envolviendo el acto en su manifestación mística por sobre su pecado, la ambición y la gula. El desencantamiento del mundo real trae por causa el impacto inverosímil de la propaganda fílmica, que potencia la emocionalidad en su expresión satírica, hasta burlarse de la propia miseria que vivimos.

En dicha sátira, el factor lúdico representa a la última generación, pero la vivencia de los colores de tonalidad pastel expresa la pretensión absoluta de la población de retrotraerse al estado parasitario de la inocencia infantil, con la diferencia de que un infante no es un parásito. Este parasitismo persigue el autoengaño en la igualdad impartida de las reglas, la imparcialidad de los coordinadores del juego y la elección democrática, confundiendo el ejercicio del gobierno con la elección de las condiciones fortuitas de la vida. Sin embargo, ¿en que se diferencia el juego con la realidad?, si en ambos es la propia vida la que se arriesga, y es el sentido explícito con el que se presenta la libertad de llegar a un punto A, el deudor, al punto B, el millonario, siendo el salvar sus vidas una excusa, cuando lo que se busca es posicionarse por encima de las leyes que consideramos restrictivas a nuestras aspiraciones individuales.
Un individuo mediocre, elige la realización fortuita de sus aspiraciones, antes que el trabajo y el esfuerzo. Esto es debido a una falta de autoestima, en un sentido laico, y de fe, en un sentido espiritual, ya que las estructuras institucionales, en su rol biopolítico, han determinado un esquema de mando y obediencia autogestiva en su propia competencia, tomando al principio la obediencia a la ley como un valor, hasta que en sus estamentos más bajos se considera un obstáculo. Esto lo encontramos en las deficiencias de los servicios públicos y de la asistencia estatal, que luego es reproducido en un discurso polarizante entre quienes están de acuerdo con dicho sistema y quienes buscan librarse de él por su propio “mérito”.

Esta observación me lleva al aspecto político de la segunda temporada, en donde se hizo énfasis al sistema de votación tras cada juego como nueva regla, acrecentando los conflictos internos entre los participantes. Remitiéndonos a la historia de Corea, incluye ,dentro del esquema agresivo de competencia capitalista, el “regalo” constitucional de la libre elección de sus representantes en los años noventa, aspirando con ello una diferencia significativa en el ejercicio del poder político, mas no en su contenido, que sigue siendo el sostenimiento de la ludopatía liberal. El límite de la crítica política la encontramos en su resultante individualización del concepto, ya que culpabiliza a los participantes de su propia condición, y si bien es creíble dicha premisa, al desvelar las miserias humanas, deja en una absoluta impotencia la voluntad de vida de quienes quieren salirse del juego.
En la película “La ultima cena”, recuerdo una conversación de un grupo de amigos progresistas que se debatían si estaba bien matar a racistas y derechistas, a lo que concluyen que su debilidad se encontraba en su propia moral, mientras que los derechistas son más efectivos por concluir en el uso de la violencia para aplicar sus políticas. En aquella película nos encontramos, más que una reivindicación, una satirización sobre la propia impotencia de quienes se creen moralmente superiores, continuando en posteriores producciones como “La cacería” en donde un grupo de millonarios progresistas decide cazar a republicanos estereotipados en su ignorancia, o “Dios bendiga américa” en el que un supuesto enfermo de cáncer decide emprender su cruzada en contra del mismísimo cáncer de América, predicadores extremistas, periodistas hipócritas y la farándula vomitiva. Pero todas estas sátiras se burlan de esta impotencia, replicada en las X que votaron por salirse, pero que no ven la posibilidad de matar al bando de los O, quienes ya decidieron en matarlos a ellos para tener mayor poder de votación y dinero del premio para distribuir. La derecha aquí resulta más efectiva en su resolución, si nos guiamos en la lógica del juego, pero ¿y en la lógica de la vida misma?.
Nunca vemos la realidad de cada participante y como llegaron a endeudarse, nunca los vez buscando trabajo o buscar emprender en un negocio, por lo que la carga de culpabilidad de su situación, se suma la aparente indiferencia con buscar soluciones alternas. Ya que tanto en el juego como en la vida real, se muestran sumisos a sus propias tragedias particulares, que si buscasen soluciones, verían sus valores chocar con la injusticia institucional y su hipocresía, de la que se huye y acepta la honestidad de un juego de reglas simples, ganas, vives, pierdes, mueres.
La democracia, ludopatiza a la política en una competencia individual que tiende a la facción absolutista de un bando sobre el otro. Por lo que el valor por el que el protagonista lucha es en vano, siendo parte de la misma tragedia de quienes consideramos buenos en sus objetivos. ¿Por qué no rebelarse? películas como “Los juegos del hambre” o “La purga” pareciera despolitizar el propio heroísmo de fines justos al someter la cobardía de las voluntades colectivas a un mesías postapocalíptico que aun cree en una idea de humanidad. ¿Cuándo nos olvidamos de que esta misma historia forma parte de los relatos sagrados de varias religiones?.
La falta de fe y de autoestima en el arte solo proyecta el desencantamiento sobre un mundo cínico y corrupto, en donde los héroes son martirizados por su nobleza, y convertidos en símbolos antes que guías de una comunidad. Sátiras como “The Boys” critican esta misma falsedad de nuestra realidad en la mercantilización de nuestros héroes artificiales de capa y antifaz. Sin embargo, la inercia y mediocridad que reflejan tanto el relato fílmico, como la satisfacción de la demanda de un público superficial sobre el contenido del mismo, solo hace empacar el último regalo, el del relativismo moral, donde todo esta permitido al ser los buenos débiles y los malos admirables. Nos hemos convertido en el viejo que decide morir antes que aceptar la bondad del ser humano.
Fin de la exposición del jurado.




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