El Mago de Oz ¿Un verdadero clásico? 

Considerado por muchos como un logro del cine clásico “El mago de Oz” es un título alabado por muchas generaciones. Sin embargo, al observarla desde una perspectiva crítica, resulta evidente que su estatus de “clásico indiscutible” está algo sobrevalorado. A pesar de su indiscutible impacto impacto cultural, la película adolece de una narrativa limitada y una estética que, en la actualidad difícilmente se sostiene frente a los estándares cinematográficos modernos.

En primer lugar, la trama de el Mago de Oz carece de la complejidad que uno esperaría de una película de tal renombre. A pesar de su magia y colorido, la historia se reduce a un viajé de auto descubrimiento en el que Dorothy, la protagonista “siempre estuvo en casa” lo que resulta predecible sin mayor profundización en los temas que aborda. La película se enmarcar en los tropos más básicos de la narrativa.

La heroína enfrenta desafíos y regresa triunfante, un esquema tan común que pierde su fuerza con el tiempo.

Por otro lado el componente visual que ofrece El Mago de Oz, aunque revolucionario por causa del Technicolor, no logra evocar el asombro que debió haber causado en su época. A medida que los avances tecnológicos en efectos especiales han avanzado el despliegue visual de Oz parece al día de hoy anticuado y hasta algo artificial. Aunque los vestuarios y maquillaje eran innovadores para su tiempo, la sobrecarga de colores y elementos fantásticos, en lugar de sumergir al espectador, termina siendo una distracción. La ciudad esmeralda aunque reconocible, parece más una representación teatral que un mundo vivo.

El personaje de Dorothy interpretado por Judy Garland, es otro punto de crítica. Si bien Garland fue una actriz talentosa, el personaje de Dorothy resulta ser plana y a menudo irritante. Su deseo de regresar a casa expresando su extenuante “mantra” “there's no place like home” no se siente como una lección profunda, si no como un recurso repetitivo que reduce la dimensión del personaje a un simple deseo superficial. Los otros personajes -el espantapájaros, el hombre de lata y el león cobarde - son más que estereotipos, y su desarollo se limita a lo mínimo necesario para avanzar en la trama.

Finalmente el mensaje de El Mago de Oz es, en muchos aspectos una moraleja simplista sobre el valor personal y el hogar, pero sin una exploración profunda de sus implicaciones. En un mundo dónde el cine enfrenta narrativas más complejas y cuestionadoras, la película se siente inocente en exceso, casi como una fábula destinada a la audiencia que buscá consuelo antes de la reflexión.

En conclusión El Mago de Oz es una película que, si bien siendo un icono de la cultura general, no soporta bien el paso de el tiempo ni la mirada crítica. Su estatus de “clásico” está basado más en una relevancia histórica que en sus méritos cinematográficos duraderos.

En mi opinión existen clásicos que hoy en día son más importantes y tienen muchísima más relevancia que clásicos como éste, lastimosamente no alcanzaron la cima por la falta de oportunidades que posiblemente clásicos como Oz se llevaron opacando a quienes realmente lo merecían.

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