
Vivimos en un mundo extraño. Muchas veces no aceptamos la realidad y nos enfrascamos en un ideal que congelamos en nuestra mente porque así creemos que deberían ser todas las cosas. La felicidad, la mentira y la verdad van de la mano en la compleja historia de la humanidad tanto como nuestro deseo (a veces) irrefrenable de pretender que no estamos viviendo lo que, irónicamente, estamos viviendo. Pero nada de eso parece haber aplicado para el legendario realizador David Lynch que en cuatro décadas de carrera en el medio audiovisual se dedicó a plasmar pesadillas de todo tipo, historias cálidas y alocadas, y también darle a la mejor serie que exista en esta tierra. Un artista con todas las letras que dejó este plano el 16 de enero pasado, y que hoy hubiera cumplido 79 años. Y esta es mi pequeña carta de amor para él.
Y cuando me refiero a plano lo menciono así tal cual, simbólicamente, porque como muchos de ustedes sabrán reconocer, David Lynch fue, es y será para siempre mucho más que un simple nombre y apellido. Es una forma de ver y hacer cine, es un subgénero (quien no dijo alguna vez “esa peli tiene algo lyncheano”), es una manera de expresar los miedos más profundos mediante el arte, es radicalismo y expresionismo en su máxima expresión, y también es la figura que decidió romper todas las reglas establecidas que habían en aquel entonces en el cine con una ópera prima tan inédita como lo fue Eraserhead (1977), probablemente uno de los viajes demenciales, inclasificables y más extraños que pueda haber en el séptimo arte.

Hace poco vi una entrevista del año 2007 en el marco del BAFTA en donde Lynch declaraba que aquella primera película en blanco y negro era la más “espiritual” de su carrera. El entrevistador David Lean inmediatamente lleno de curiosidad intentó saciarla con un “explícame más sobre eso”, a lo que el director respondió con un certero “no”. Él siempre quiso que la gente sintiese sus películas y que en base a esos sentimientos la digiera a su gusto, no que las entienda, sino ¿cuál es el propósito del cine? Y es que ahí radica la mayor parte de su visión. A pesar del tono oscuro y retorcido de sus filmes, Lynch era una persona cálida que creía plenamente en la bondad como instrumento irremplazable de la felicidad. Esto es reflejado a tope de sus posibilidades con la presentación y todo el arco de personaje del carismático Dale Cooper en Twin Peaks, probablemente uno de los personajes más memorables de toda su filmografía.
Pero en Eraserhead, a diferencia de lo que vino después, lo poco que hay de calidez es visto a través de un lente sucio acompañado por una banda sonora tremendamente tétrica y depresiva que suena de fondo constantemente, entonces ¿por qué dijo eso David? ¿A qué se refería con que era su título más “espiritual”? Antes de tratar de responderlo, primero creo que es importante definir qué es la espiritualidad. La respuesta encuentra muchas variantes dependiendo el contexto social, religioso y hasta ideológico, pero en simples palabras puede definirse como el resultado de la unión entre el alma y la materia de una persona. Durante el inicio de la producción de su primer pesadilla Lynch había comenzado su viaje espiritual con la práctica de la meditación trascendental, y la que hoy es su hija mayor tenía tres años. El director reflejaba sus miedos más primitivos como padre primerizo, pero también evocaba visualmente su pasado: su niñez en un decadente barrio de Philadelphia le daba la vena estética llena soledad y podredumbre con la que su primera obra se caracteriza.

La historia de Eraserhead es mundialmente conocida, pero no por eso digna de ser mencionada, por lo menos, una vez más. Henry Spencer (Jack Nance en el papel de su vida) es el tipógrafo de una fábrica ubicada en una región suburbana completamente muerta, y que tiene una vida (por no llamarle muerte en vida) de lo más monótona. Nada innovador ni nada nuevo. Su novia Mary le presenta a su familia en la presentación más incómoda de la historia del cine, y es la madre de Mary quien le notifica que ella está embarazada y que se tiene que hacer cargo. La madre de Mary y el padre muestran claros indicios de desequilibrio mental (como todos en este clásico de culto), pero aparte la madre se le insinúa sexualmente a Henry. ¿O será que está todo en su cabeza producto de la inesperada noticia? Lynch reveló tempranamente su costado más perturbador, uno que luego extendería en escenas inolvidables como la primera aparición del misterioso hombre en Carretera Perdida o con el mejor jumpscare de la historia en la revelación del sueño en Mulholland Drive.
¿Qué son las pesadillas más que miedos reflejados en una realidad que quizás todavía no existe? Hasta el último de sus días Lynch jamás trató de explicar de qué iba Eraserhead ni insinuó nada al respecto, ya que creía firmemente en que el verdadero poder del cine radicaba en la subjetividad del mensaje que las personas podían absorber de la obra. En pocas palabras, como autor entendió todo a la perfección, pero también como espectador.
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 20 de ENERO del 2025 21.58 PM | UTC-GMT -3
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