Taxi driver, menuda película, ¿no?.
Pues es que la película, dirigida por Martin Scorsese, ocupa uno de esos lugares privilegiados en el imaginario colectivo; es parte de esas “obras maestras” del cine, capaz de capturar la alienación urbana y la decadencia moral de una sociedad que pues… ¿tiene la culpa?.

Vamos, ¿Qué intento decir con eso? He visto Taxi driver con toda la ilusión de qué vivenciaría por casi 2 horas, una excelente película que, como sabía más o menos de qué iba, contaba con que la obra sea capaz de dejarme una reflexión, una vuelta de rosca, un sentimiento encontrado. La cosa no fue así y te cuento lo que opino sobre Taxi driver, la alienación sobrevalorada.
Desde que comienza la película, Travis (Robert De Niro), se nos muestra como un hombre adulto blanco solitario que no encaja en el mundo que lo rodea. Con frases dentro de monólogos internos del personaje como “Aquí hay animales que deberían ser barridos de las calles”, se nos revela una profunda hostilidad hacia la sociedad en general, pero, sobre todo, hacia las minorías, las mujeres y todos aquellos que no se ajustan a su propia idea de moralidad. Este desprecio se manifiesta en su obsesión por “purificar” toda Nueva York, la ciudad que él percibe como una ciudad sumida en la suciedad, literal y metafóricamente.

La película en vez de explorar cómo Travis es un producto de su entorno, el resultado devenido en persona de la interacción cotidiana en una ciudad corrompida, sólo reduce su carácter a una serie de prejuicios y obsesiones sin mayores análisis. Travis no lucha contra un sistema opresor, es un marginal, de visión simplista y violento, que decide unilateralmente quién merece vivir y quién morir.
Y es que la película parece no querer discutirlo, las decisiones de Travis no son planteadas como interrogantes mientras transcurre el filme, los sucesos, suceden y ya está. La película termina y no entendimos si es una crítica, o sólo una historia que se justifica en su relato.

Travis no solo es violento, es profundamente machista. Su relación con Betsy (Cybill Shepherd) es un claro ejemplo de ello. Desde el primer momento, él idealiza como un “ángel” a Betsy en un mundo corrupto. Pero cuando Betsy rechaza sus avances, después de que él la llevara a ver una película pornográfica, cambia drásticamente su actitud para con ella. No acepta el rechazo y ve a Betsy no como una persona, sino como un símbolo de pureza que debería de estar agradecida por la atención que le dedica.

Su comportamiento con Iris (Jodie Foster) es igual de problemático. Aunque la narrativa intente posicionarlo como su salvador, es evidente que Travis no se interesa realmente en ella como una persona. Iris es sólo un medio para justificar su violencia y su autoproclamado hasta el cansancio: papel de “limpiador” de la sociedad. Incluso cuando ella misma expresa su deseo de quedarse en el burdel, Travis ignora su voluntad, reafirmando su creencia de que él sabe lo que es mejor para ella.

A lo largo de la película, las minorías raciales son casi exclusivamente retratadas como elementos de la decadencia urbana que Travis tanto detesta. Proxenetas, drogadictos y criminales pertenecen en su mayoría a comunidades afroamericanas o latinas. Y aunque se puede argumentar que esta representación refleja los prejuicios de Travis, me deja una sensación de vacío, pensar que Scorsese no hace ningún esfuerzo por contrarrestar esta visión.

Como resultado, Taxi driver perpetúa estereotipos dañinos sin ofrecer un contexto que los critique.
Un ejemplo notable de esta falta de balance es la escena en la que Travis mira fijamente a un grupo de hombres afroamericanos desde su taxi, con una mirada cargada de odio y paranoia. En vez de cuestionar esta actitud, la película parece reforzarla al no proporcionar ningún matiz que humanice a los personajes que Travis desprecia.

En el final de Taxi Driver, después de cometer una masacre en un burdel, para supuestamente “rescatar” a Iris, Travis es tratado como un héroe por los medios y la sociedad. Nunca se plantea la posibilidad de que Travis sea un peligro para los demás o para sí mismo; en cambio, lo presenta como una figura redimida, casi mística, que ha logrado su propósito.

Al final, Taxi Driver no invita al espectador a reflexionar sobre lo que acaba de presenciar. Este es un claro contraste con otras películas de la época, como La Naranja Mecánica (1971), que también explora personajes violentos y alienados, pero lo hace desde una perspectiva crítica, dejando claro que sus actos son condenables y sus “redenciones”, cuestionables. Películas contemporáneas como Joker (2019) que está inspirada en Taxi Driver pero logra retratar de manera contundente cómo el abandono del Estado y la sociedad puede llevar a la locura y la violencia. A diferencia de Travis, Arthur Fleck tiene un arco narrativo claro y una crítica social palpable. American Psycho (2000): Un retrato mucho más satírico y eficaz de un hombre alienado y violento, con una reflexión mordaz sobre la superficialidad de la sociedad. El Club de la Pelea (1999): Aunque igualmente controvertida, esta película se atreve a explorar el nihilismo y la masculinidad tóxica de manera más consciente y provocadora.

Taxi Driver, parece querer que simpaticemos con Travis sin hacer un esfuerzo real por cuestionar sus valores o motivaciones.
Para terminar:
Sería injusto no reconocer los logros visuales y técnicos de Taxi Driver. La cinematografía de Chapman, la inquietante música de Bernard Herrmann y la dirección detallista de Scorsese son indiscutiblemente brillantes. Las escenas de Travis conduciendo su taxi a través de las calles de Nueva York, envuelto en la neblina de las luces de neón y el humo, son visualmente hipnóticas.

Pero esta perfección técnica no puede ocultar la falta de profundidad de la película.
Taxi Driver ha sido ensalzada como un clásico, pero creo yo, que es hora de reevaluar su legado y cuestionar por qué una obra que perpetúa valores tan retrógrados sigue siendo considerada intocable en el canon del cine.
Y… sí, en Taxi Driver se menciona implícita y explícitamente que Travis Bickle es un veterano de guerra. Sin embargo, nunca se profundiza en cómo la experiencia militar de Travis ha influido en su estado psicológico o en su visión del mundo. Entonces al no explorar si su alienación y paranoia son producto de un trauma de guerra o simplemente una manifestación de su carácter y entorno, nos a los espectadores con muchas preguntas, pero sin un contexto suficiente para comprender plenamente al personaje (no he empatizado ni un segundo).

Sé que puede argumentarse que la película es una ventana a la sociedad de esos tiempos, con sus prejuicios, traumas y estereotipos, pero vuelvo a indicar que el hecho de que no se sugiera en ningún momento la posibilidad de que todo lo que hace o dice Travis, es repudiable, sea directa o indirectamente y sus acciones solo sean enfrascadas en redención e impunidad, me resulta llamativo y remarco que estoy diciendo que es una obra sobrevalorada, no mala.




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