
Hace unos días en Estados Unidos millones de usuarios adictos a la disociación de la realidad se vieron a sí mismos paralizados mentalmente tras encender sus teléfonos y darse cuenta de que Tik Tok ya no funcionaba. “Oh no, mi vida ya no tiene sentido”, probablemente hayan pensado. Tal vez como una jugada o mensaje político por parte del CEO de la empresa (que es chino) tras la reciente asunción de Donald Trump en su segundo mandato como presidente norteamericano, o quizás por algún otro oscuro secreto que se me escapa del conocimiento, esto hizo que casi todos los que utilizaban la red social "migren" inmediatamente a Instagram como la alternativa más viable para seguir “en la onda digital/virtual”. Ante tantos problemas reales y mucho más importantes que se ven como agua cristalina en el día a día, muchos creadores de contenido perdieron la cabeza ante la posibilidad de no ser visibles para el resto del mundo. En fin, la hipocresía.
Pero ¿cómo habla esto sobre nuestro comportamiento? Si bien no me siento reflejado en lo más mínimo con el accionar de la mayoría que entregan ciegamente su tiempo y energía al hecho de querer ser reconocidos/as por dos o tres días, los entiendo en un cierto punto. Yo también quise ser famoso en su momento, pero eran otros tiempos. No era todo tan vertiginoso como ahora, y para llegar a ser alguien no podías grabar y editar un video desde tu teléfono celular, no había tanta facilidad en el ser visible y en mi opinión todo costaba…un poco más. Tengo la plena noción de que cuánto más nos acostumbremos a imitar la vida como si fuese una red social, peor nos va a ir como especie.

En cuanto a la cinefilia y la opinión compartida existe algo bastante parecido hoy en día, por no decir que es un calco de esta creciente costumbre acelerada de querer pertenecer y “ser alguien” entre toda la muchedumbre. En lo personal desde hace varios meses que adopté otra forma de absorber el cine a la que estaba acostumbrado, y lejos de estar sentado horas viendo vídeos y leyendo artículos (sobre todo cuando están relacionados con los últimos estrenos) de las personas que más admiro, hice un viaje a un pasado que no es tan lejano. Un pasado en dónde ver una buena película significaba el mejor asombro que se podía tener para un adolescente casi adulto, en donde la ceremonia de ir al cine se derivaba de un simple “¿vamos?” quizá sin saber qué había en cartelera, uno que también extraño cuando me decidía por ir al cine como refugio de mi inherente soledad, y uno en donde las redes sociales no nos apabullaban con miles de clips, adelantos y teasers. Era, simple y llanamente, vivir el presente y no comprar la opinión ajena.
Recuerdo como si fuese ayer cuando Christopher Nolan sacó en el año 2007 el mejor teaser de todos, con una imagen en negro que lentamente fundía con flashes al logo de Batman y con una perturbadora voz en el final se dejaba en claro que el Joker sería el verdadero protagonista de The Dark Knight, la obra maestra del realizador británico. ¿Dónde quedó el sentido de intriga? Actualmente la única productora capaz de hacer eso es a24 con sus adelantos que no dicen absolutamente nada, pero invitan a querer ser parte. ¿Qué hubiera pasado si un adolescente hoy se encontrase ante este teaser de cincuenta segundos que parece hecho por un aficionado? Dudo que le llame la atención.
Sigo leyendo algunos artículos, no les voy a mentir. Indiewire, El Antepenúltimo Mohicano…son pocos los medios cinéfilos que me llaman la atención actualmente. Hay otros que, por ejemplo, glorifican a Letterbox como la plataforma perfecta para los amantes del cine, y como criatura curiosa que soy la primera vez que entré lo único que pude ver fue un espacio repleto de comentarios y “opiniones” al mejor estilo incendiado y polémico de Twitter con un tono bastante irónico que me dejó pensando y preguntando a la vez:
¿Dónde quedó la inobjetable y simple belleza de la expresión cinéfila mediante la creación de un artículo genuino y bien construido?
Quizás soy yo que no puede conectar con las nuevas generaciones, quizás mi filosofía no coincide. ¿Acaso esto que me sucede está mal? En ese contexto Peliplat llegó hace tan sólo un par de años con la visión de unificar todo aquello que más le gustan a los cinéfilos en un solo lugar: desde cortas reseñas hasta artículos bien elaborados, una base de datos que sigue creciendo, discusiones alrededor de los tópicos más debatidos, y un sinfín de opciones y posibilidades para darle cohesión y organicidad al verdadero sentido de “comunidad”. Discutir una película o serie es sabido que puede traer varios problemas: el más recurrente en nuestra era es el choque entre la subjetividad y la objetividad, uno que también parece entrelazarse. ¿Quién tiene la verdad? ¿Acaso el término es aplicable cuando debatimos sobre una película si es BUENA o MALA? ¿Tendría que existir dicha discusión?

POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 22 de ENERO del 2025, 12.39 PM | UTC-GMT -3
También me podes encontrar en Instagram como 👉 JerodeSeptimoArte
LEE MÁS RELACIONADO:
- ¿Qué pasaría si fuera un crítico de cine con la filosofía de THE DUDE?
- ¿Qué nos dice el comportamiento del “ALGORITMO” sobre los gustos de la gente?
- ¿Qué me enseñaron algunas de mis películas FAVORITAS del 2024?
- Absurdismo y horror-comedy todo en uno: UNDER THE SILVER LAKE
- ¿Somos morbosos por naturaleza? EL JUEGO DEL CALAMAR tiene la respuesta
- NOSTALGIA vs. POSMODERNISMO: La mayor batalla en el cine actual
Si te gustó este artículo recordar darle 👉 ME GUSTA, ponerlo en tus FAVORITOS, COMENTAR 🗣️ , y SEGUIRNOS para más contenido de cine y series 📽️


¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.