Mullholand Drive o la suma del desconcierto a la nostalgia. 

Es muy bien sabido que el elemento principal del cine de David Lynch es el surrealismo. Las secuencias que, a simple vista, pueden parecer desordenadas o que no encajan, siempre llevan consigo una intención más profunda. Sea como fuere, he notado que ese surrealismo puede llegar a desviar la atención de los sentimientos y las motivaciones detrás de los personajes.

Mullholand Drive nació como un piloto para el canal ABC. Luego de varios cambios y desacuerdos con el director, el material no acabó de gustar por ser muy oscuro, lento y confuso y quedó en el olvido. 18 meses después Studio Canal Plus, pagó 7 millones de dólares por los derechos para convertirlo en la película que conocemos.

Más allá de sus referencias a la edad de oro de Hollywood y a la ciudad de Los Ángeles, como uno de los personajes principales, se esconde una historia o mejor, una tragedia amorosa, plagada de confusión, gracias a la narrativa no lineal.

La escena en plano subjetivo, en la que Rita (Naomi Watts) llora mientras se masturba, pensando en los desprecios y en momentos vividos junto a Camilla (Melissa George), trasporta al espectador a un momento tan íntimo como doloroso. Se requiere un instante para entender lo que está sucediendo en la escena. Los ojos entre cerrados y las lágrimas brotando sin descanso. Nos metemos en la cabeza de ese personaje desconcertado y desconsolado, en un momento de mucha privacidad y soledad. La atmosfera se hace más pesada al escuchar no los gemidos de pasión que podría traer el momento, sino los sollozos, mientras mueve la cabeza en señal de negación. A todo esto se suma el hecho de que allí mismo se encontró su cuerpo sin vida.

La historia continua inmersa en su surrealismo y luego de otras escenas que no dejan de ser impactantes, llegamos al otro punto neural. La llegada al club El silencio.

El grito “No hay banda”, hace alusión a la presencia oculta de algo o alguien llevando el espectácul, aumentando la tensión y a la atmosfera opresiva creada por las luces tenues, el humo, la música y los gritos del presentador. Como una pequeña pausa para retomar el aliento, se anuncia el siguiente número musical, Rebekah Del Rio.

No me es posible imaginar una canción diferente para este momento. Crying de Roy Orbison, cantada en español, encaja perfectamente para describir gran parte de la tragedia de amor que estuvimos presenciando a lo largo de la película. Interpretada con tanta pasión y con una voz casi desgarrada, lleva a la salida abrupta de todo lo que la visual y el surrealismo habían venido cargando en los espectadores. Sin embargo, no es una salida completa porque en medio de la presentación Rebekah se desploma, aumentando nuevamente el desconcierto.

La combinación de las tramas, los elementos surrealistas característicos del cine de Lynch, la atmosfera opresiva y la música, contribuyen al desconcierto. Pero, inmersa en esa armadura visual, está la tragedia de amor que es el aporte principal a la nostalgia.

Eso lleva a que Mullholand Drive, sea una de las películas que siempre me hace llorar.

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