Cuando me enteré de la muerte de David Lynch, no supe muy bien cómo reaccionar. Siempre me ha parecido extraño ver que las personas lamentan el fallecimiento de las celebridades (personas a las que nunca conocieron ni conocerán) en las redes sociales, pero… claro, yo jamás había visto ninguna obra de Lynch. Quizás me estaba perdiendo de algo. Así que decidí averiguarlo y terminé viendo What Did Jack Do?, una elección, digamos, interesante. Aunque quizá no sea la mejor puerta de entrada al universo del director, me ayudó a entender algo. Nunca había comprendido del todo el dolor por la pérdida de alguien desconocido, pero a partir de ahora empiezo entender que lo que realmente se lamenta es el arte que los artistas dejan atrás.
Antes que nada, quiero dejar en claro que no estoy juzgando a quienes sufren por la muerte de algún famoso. Entiendo que las figuras públicas pueden desempeñar un papel importante en la vida de las personas, ayudándolas a superar momentos difíciles o procesar emociones complejas. De hecho, en la actualidad prácticamente se fomenta tener relaciones parasociales con celebridades, ya que ese tipo de lealtad resulta muy rentable. Así que, si estás triste por la muerte de Lynch o de cualquier otra figura pública, te entiendo y empatizo contigo.
Peeeero…
¿No es un poco extraño? Piensa en lo que sucedió recientemente con Neil Gaiman. Un ejemplo bastante claro de que nunca conocemos realmente a los famosos que decimos amar. Entonces, al lamentar su muerte, ¿a quién estamos llorando en realidad? ¿A la persona o a la imagen que construimos de ella? En cierto modo, resulta casi deshumanizante llorar a alguien no por quien fue, sino por quien imaginamos que era. Es natural sentir empatía por su familia, experimentar esa punzada de dolor que acompaña la muerte de cualquier ser humano, pero sufrir y hacer duelo, especialmente de manera pública en internet, sigue pareciéndome extraño.

Cuando vi What Did Jack Do?, sin embargo, mi perspectiva cambió un poco. Como mencioné antes, dudo que sea la obra más representativa de Lynch, pero su premisa llamó mi atención: ¿un cortometraje noir en donde un detective interroga a un mono por un asesinato en una estación de tren? ¿Dirigido por Lynch, quien además interpreta tanto al detective como al mono? No me lo podía perder.
Fue profundamente desconcertante, una parodia aparentemente absurda del género negro. Aunque me gustó lo suficiente, al terminar la película no tuve muy en claro qué sacar de ella. Después leí que eso no es inusual en las obras de Lynch. Muchos comentarios en redes sugerían que me centrara en la experiencia y en cómo me hacía sentir, en lugar de intentar analizarla. Lo intenté, pero lo único que sentí fue la necesidad de entender. Fue ahí cuando recordé que el hombre que creó esa obra ya no estaba entre nosotros. Jamás podré preguntarle qué quiso decir, ni habrá nuevas películas que me ayuden a encontrar la respuesta. Si quería una, estoy limitada a explorar lo que dejó atrás.
Y ahí está el punto. Ahora que Lynch se ha ido, parece que todo ha quedado… atrás.

What Did Jack Do? puede que no haya sido una elección convencional, pero fue acertada. Las imágenes granuladas en blanco y negro, el lenguaje y la estética de otra época, el género negro… todo contribuye a la sensación de que el trabajo de Lynch ya no pertenece a nuestro mundo contemporáneo. Por muy eterna que sea una obra, en el momento en que su creador fallece, adquiere el brillo del pasado. Eso hace que sus defectos queden eclipsados por nuestro respeto a los muertos y nuestra indulgencia hacia aquello que consideramos parte de “otro tiempo”. Pero también significa que el arte queda atrapado en el mundo tal como existía en los ojos de su creador, un mundo que ahora ha quedado, definitivamente y para siempre, atrás.
Claro, esto nos pasa a todos. Cuando yo muera, el mundo tal como lo experimento también desaparecerá conmigo, y solo quedarán destellos en cartas, correos electrónicos y publicaciones en redes sociales. Pero cuando se trata de un artista como Lynch, deja atrás a toda una audiencia que llegó a conocer su mundo. Algunos, sin duda, sintieron que se encontraron a sí mismos en él, tal vez desearon vivir en sus obras. Ahora, sin embargo, se ven obligados a regresar al mundo del que buscaban escapar. Y eso, al final, merece nuestra tristeza.

No creo que llegue a profundizar en el universo de David Lynch. No me veo reflejada en él. Su muerte tiene para mí el mismo significado que la de un desconocido: me entristece, pero solo de forma distante. Sin embargo, su obra ha dejado una marca en mí, gracias a lo que What Did Jack Do? me permitió entender, y ahora me duele un poco más saber que solo podré explorar sus películas como parte de un pasado que ya no existe. Así que, aunque quizá no lamente profundamente la pérdida del hombre en sí, me duele saber que se llevó consigo una parte de su arte, una parte que mantenía su obra viva, presente y real. Sin duda, no es nada comparado con el dolor de sus amigos y familiares, pero espero que encuentren cierto consuelo al saber que extrañaremos su mundo, su alma.




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