Mi pobre angelito  

“Mi pobre angelito” es de esas películas que todo el mundo ve en Navidad como si fuera la mejor obra de la historia… pero, seamos honestos, ¿no está un poquito sobrevalorada? O sea, sí, es divertida, Kevin es un genio para poner trampas y los ladrones son lo más torpe que existe, pero al final del día es más una comedia exagerada que una película realmente navideña.

La trama no tiene nada súper profundo: un niño olvidado en casa (¿en serio, quién olvida a su hijo?) que convierte su casa en un campo de batalla. Claro, te saca risas y tiene momentos icónicos, pero tampoco es que te deje reflexionando sobre el verdadero espíritu de la Navidad o te haga llorar de emoción.

Hay varios momentos en Mi pobre angelito que, si te pones a pensarlo, no tienen mucho sentido. Aquí van algunos:


¿Cómo olvidan a Kevin? De acuerdo, la familia está apurada para llegar al aeropuerto, pero… ¿nadie se da cuenta de que falta un niño durante el trayecto, en el aeropuerto o incluso en el avión? ¿Nadie lo menciona hasta que ya están en Francia? ¡Son un montón de adultos!


La policía súper relajada: Cuando la mamá llama a la policía para que revisen si Kevin está bien, el oficial simplemente toca la puerta y, al no recibir respuesta, se va como si nada. ¿No deberían haber hecho algo más si se trataba de un niño supuestamente abandonado?


Las trampas de Kevin: Está bien, Kevin es un niño ingenioso, pero ¿de verdad un niño de 8 años puede crear trampas tan elaboradas con una precisión casi profesional? Algunas cosas, como la tarántula o los juguetes en el suelo, son creíbles, pero cosas como el lanzallamas o los cubos de pintura perfectamente calculados… ya es demasiado.


Harry y Marv siguen vivos: Hablando de las trampas, ¿cómo es posible que los ladrones no terminen en el hospital o, peor aún, muertos? Se resbalan con hielo, les cae un ladrillo en la cabeza, son quemados y golpeados una y otra vez. ¿De qué están hechos?


La compra en el supermercado: Kevin va solo al súper, compra leche, detergente y cosas navideñas sin que nadie se pregunte qué hace un niño pequeño sin adultos. ¿En qué mundo no lo reportan a alguien?


El vecino “aterrador” resulta ser un héroe: Kevin tiene tanto miedo de su vecino que casi no lo menciona, pero al final el hombre aparece de la nada con una pala y lo salva como si fuera un superhéroe. ¿Qué hacía el vecino por ahí justo en ese momento?


La seguridad en el aeropuerto: Ok, sabemos que era 1990 y las cosas eran diferentes, pero ¿cómo no revisaron más detalladamente que un niño no subiera al avión? Ah, no, espera… en esta es donde ni siquiera lo llevan al aeropuerto.

Es una película entretenida, sí, pero no necesariamente un reflejo del espíritu navideño más profundo. Tal vez es hora de darle más reconocimiento a otras historias navideñas que tocan el corazón de forma más genuina, como Milagro en la Calle 34 o ¡Qué bello es vivir!. ¿Qué opinas tú?


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