Somos animales políticos por naturaleza
Algo en lo que la mayoría podemos estar de acuerdo es que en lo que respecta a política, religión y deportes siempre habrán desacuerdos. Ahora, hay que imaginar cómo se mueve la política en el interior de las instituciones religiosas y Cónclave , cinta dirigida por Edward Berger, basada en una novela homónima, lo hace de forma trepidante, haciéndonos sentir el peso de la sotana del Cardenal Lawrence, interpretado por un excelso Ralph Fiennes, que de un momento a otro se ve obligado a coordinar el famoso cónclave para la elección de un nuevo Papa. A partir de ahí se empieza a desarrollar un juego de poder, en el que se formarán bandos, saldrán a la luz trapos sucios, se verá la más cruel competencia desleal: todas esas cuestiones que esperaríamos ver más en la política mexicana que en una elección dentro del Vaticano.

El pecado de la certeza
La homilía que ofrece nuestro protagonista es un monólogo que expone los grandes riesgos de asegurar que lo que hacemos o creemos es única verdad válida para todos, el dar por hecho que no cometemos errores, sin poder cambiar de parecer a pesar de la evidencia: es una crítica abierta hacia la intolerancia y, sobre todo, hacia el fanatismo, en cualquier aspecto. Y es que vemos también las divisiones que existen entre los mismos candidatos: unos representando la rama ultraconservadora y otros una rama más progresista, algo que es de llamar la atención en una institución tan antigua como la iglesia católica. Y la película no pierde la oportunidad para denunciar todos aquellos crímenes solapados por el Vaticano, un secreto que ya no es secreto para ninguno de los ahí presentes.

Hacia el cambio y la tolerancia.
Todas las intervenciones del misterioso Cardenal Benítez se convierten en un bálsamo y un alivio para el protagonista y para nosotros, convirtiéndose en una guía moral que poco a poco va logrando cambiar la forma de ver las cosas de los bandos en disputa. El único personaje que realmente le es fiel a su humanidad y sus convicciones.
En la turbulencia política y social en la que el mundo se ha sumido en los últimos meses, Cónclave nos ofrece una invitación hacia la tolerancia y la búsqueda del cambio con el fin de ser más incluyentes, compasivos y abiertos con nosotros mismos y con los demás. Si ahí la iglesia se modernizó, ¿por qué algunos grupos humanos siguen aferrados a las persecuciones ideológicas, sexuales, religiosas y de diferente índole?, ¿por qué a pesar de la globalización, el acceso a la información y los avances en la ciencia, sigue existiendo la Inquisición, pero ahora con celulares? Sin duda, un filme necesario, que incomoda y obliga a evaluar nuestra realidad actual con otros ojos.

Esperando el humo blanco.
Un buen filme es tan bueno como su protagonista, su villano o sus personajes secundarios. El elenco lo hace de maravilla, pero Fiennes sin duda, se lleva las palmas. A lo largo del metraje, se ve que su angustia va en aumento, al punto en el que pareciera que va a explotar en algún momento. Expuesto a dilemas morales, buscando mantenerse neutral, pero siguiendo sus ideales en medio de una crisis vital en la que su fe religiosa se tambalea; vemos instantes en que va descendiendo a la locura y otros en los que parece ascender a la iluminación. Pero como los expectadores, el cardenal Lawrence es un ser humano: comete errores, aunque trata de enmendarlos; incluso llega a verse tentado por la vanidad y el poder (por fortuna para él y nosotros en complicidad, un evento explosivo, dígase coincidencia o intervención divina, permite que se percate de ello). Organizar eventos es difícil, menos si hay que hacer labor de detective, juez y parte. Una cinta que nos mantiene al filo del asiento, que nos hace sufrir con el protagonista, que nos llega a desesperar, pero que da pie a profundas reflexiones acerca del poder, la libertad y la tolerancia, reflexiones que en este 2025 son altamente necesarias.




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