Una película que no necesitas... Hasta que la ves. Spoilers

El adagio popular reza: “no es bello lo que es bello, si no, lo que a uno le gusta…” Podemos decir que el arte es una faceta presente en la vida del ser humano desde tiempos inmemoriales. Como especie, primero abandonamos las aguas, pisamos firmes en la tierra, nos aseguramos un refugio y alimento. Inmediatamente después, empezamos a pintar, a plasmar lo que sucedía alrededor nuestro, en arte rupestre: cavernas cuyas paredes mostraban desde figuras humanas en distintas complexiones, hasta escenas cotidianas de cacerías.

A lo largo de miles de años, el arte evolucionó a la par de las invenciones humanas; y hoy, podemos decir que el cine, es el séptimo arte por definición. Sin lugar a dudas, desde el proceso de escritura de un guión, el casting, los diálogos, y plasmar la historia en el celuloide, conllevan el trabajo coordinado de cientos de personas para lograrlo, y que el espectador reaccione en consecuencia. Ahora bien… Jamás fui una persona entregada al llanto. Las emociones, por lo general, me cuestan. Es un trabajo extenuante en ocasiones, - y no porque no lo desee-, el expresar mi alegría, mi pesar, mis dudas e inquietudes; e incluso mi dolor.

Volviendo al cine, hace unos años, cuando abandonaba mi adolescencia y me adentraba en la incipiente adultez, ya tenía por costumbre dedicar, al menos una vez a la semana, a sentarme frente a la pantalla (ya fuera en el cine o en casa), y seleccionar qué historia ocuparía las próximas horas de mi vida. Quiso, ya sea la fortuna o el buen tino, que encontrase una historia que, al menos yo, ya sea por haber sido un adolescente común, con una vida en un barrio popular de una gran ciudad, encontrará fascinante, atrapante, y, -¿por qué no?-, conmovedora.

“A guide to recognizing your saints…” Nada más… pero, tampoco nada menos.

Orlando (Orlandito, Dito) Montiel, es un hombre mayor ahora. Hijo de padre nicaragüense y de madre irlandesa, vivió en el famoso barrio de Astoria, en Queens, Nueva York. Más tarde, dejando el hogar de su niñez, viajaría para asentarse en Los Angeles, y triunfar brevemente en la música.

La critica especializada, que todos sabemos muy bien que a veces tiene de imparcial lo que un juez pendenciero y borrachín, en muchos aspectos destrozó este film de Dito Montiel. Se la tachaba de ser una película aburrida, con malas actuaciones, e incluso de ser un film realizado por Montiel que solo sería interesante únicamente para los allegados a él, para sus parientes y amigos cercanos. Podría llegar a ser verdad… Si este film, que transcurre entre flashbacks y el presente, no estuviese conmovedoramente ensamblado. Si la historia no exhibiera de forma descarada una parte de lo que significaba ser adolescente, en una urbe multicultural y multi racial como lo fue y lo es siempre Nueva York, pero durante los años '80. Montiel jamás había dirigido antes. Este hecho queda expuesto en algunos pasajes algo trillados o ingenuos, si se quiere calificarlos de alguna forma. Sin embargo, en una película con un director primerizo, - que cabe aclarar que posteriormente se animó a darnos algunos titulos más como la célebre “The fighter"-, y también filmada con bajo costo, quizá lo sobresaliente y conmovedor, sea que sin efectos especiales ni alardes de grandes producciones, los actores y el director, se las ingenian para traernos una historia con sustancia, una historia que nos hace encariñarnos con alguno de los personajes y odiar a otros; una historia que navega entre las aguas de una época de punk, pandillas, desigualdad económica y social. Cabe destacar que todo empezó con la autobiografía escrita por Dito Montiel, acerca de su adolescencia en Astoria, y una gira realizada por el y sus compañeros de banda por aquellos años. Este libro, se publicó en el año 2003, algo más de 15 años después de aquellos hechos. El trabajo cobró renombre, y el interés rutilante de un siempre correcto Robert Downey Junior, lograron que Montiel adaptara su autobiografía a un filme.

La película narra la historia de Dito Montiel, un escritor que vive en Los Angeles, (Interpretado por el ya mencionado Robert Downey Jr. en el presente y por un magnífico Shia Labeouf), quien decide volver a Queens debido a que su padre se encuentra enfermo. Al regresar, se encuentra con su amigo Nerf, y un amor de la adolescencia, Laurie, interpretada por la bella Rosario Dawson en el presente y Melonie Díaz en la adolescencia . La película nos muestra en flashbacks, que en su adolescencia, Dito deseaba viajar, mientras que su padre, Monty, (interpretado por Chazz Palminteri), no tenía en cuenta sus sentimientos, y trataba de disuadirle para que no saliera del barrio. Otros amigos que se suman a la historia de Dito, son Antonio, quien era un muchacho conflictuado, de gran porte físico, con una tendencia excesiva al uso de la violencia. Channing Tatum se lucía en la piel del joven Antonio, mientras que en el presente está interpretado por Eric Roberts. El hermano de Antonio, Giuseppe, era un joven con comportamiento impredecible y autodestructivo, y se encuentra interpretado por Adam Scarimbolo. Ambos hermanos, como así también Nerf, la bella Laurie y Mike, son la columna vertebral en la adolescencia del personaje de Dito. Monty, padre de Dito, les quiere a todos por igual. Antonio y su hermano, Giuseppe, viven bajo las órdenes de un padre violento y abusivo.

El filme, exhibe uno de sus puntos de inflexión, cuando Giuseppe, en uno de sus juegos, salta a las vías del metro. Pese a la desesperación de sus amigos y de Antonio, no logra salir a tiempo y es atropellado y muerto por el tren. En el velorio, un nervioso Antonio, asegura a Dito que ya sabe quienes son los de una pandilla que les han causado problemas. Cuando Dito le sugiere que se concentre en llevar el duelo por la muerte de su hermano, la violencia de Antonio estalla y amenaza a Dito. Mientras tanto, en el presente, Dito visita a Laurie, quien ahora es madre, y charlan uno desde la vereda y la otra desde el balcón. Laurie le sugiere que arregle las cosas con Monty, su padre, ya que este último quedó muy sentido cuando Dito decidió irse de casa a California en los '80. Monty se niega a ir al hospital, y aún se encuentra enojado con Dito.

De vuelta al pasado, Mike, un amigo de Dito que deseaba ser músico, le acompañaba en un plan para ganar dinero y que ambos pudieran irse de Queens a California a probar suerte. Los dos trabajaban para un homosexual, paseando perros. En una escena, este hombre trata de estafarlos pero finalmente les paga el dinero adeudado y les da aun más para que puedan irse de la ciudad. Más tarde Mike sería asesinado por una pandilla de puertorriqueños, por lo cual, finalmente Dito abandona Queens en soledad, hacia California.

Tambien en el pasado, Antonio es enviado a prisión por el asesinato de un puertorriqueño que atentara contra Dito. En el presente, Dito, enfrenta a su padre y le pregunta si alguna vez le quiso de verdad. Monty le aclara que por supuesto lo ama, y le recomienda visitar en prisión a Antonio, ya que él no tiene a nadie quien le diga que lo ama. Una mención aparte, merece la escena en el presente, entre Dito y su madre, sentados ambos frente a la que fuera la casa de Antonio, Giuseppe, y su padre golpeador. Interpretada por Sally Wield, la madre de Dito trata de hacerle ver el amor que su padre siempre sintió por él, que ambos sienten aún por él. Y concluye con el pensamiento de que eran demasiado grandes de edad para tener un hijo tan joven; que probablemente, ellos lo necesitaban más a el que él a ellos…

La película termina con Dito y Antonio reencontrándose y conversando en la prisión dónde este último cumple su sentencia.

A guide to recognizing your saints”, jamás será evidentemente una película ganadora de un Oscar. Jamás será una obra cumbre del séptimo arte. Sin embargo, es un film conmovedor, que narra la historia de crecer en un barrio, un lugar donde los amigos son la vida de uno, un sitio donde todas esas personas se quedan para que uno solo de ellos pueda irse a cumplir sus sueños. Quizá está última reflexión, sea la que queda como moraleja de todas estas historias que se entretejen. Todos aman a Dito, de una forma o de otra. Todos ansían verlo bien y solucionar las cuestiones con su padre. Al final, tal como dice Robert Downey: “Dejé todo y a todos… Pero ellos, no. Ninguno me dejó jamás…”

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