Comparemos dos pelis: Anora y Licorice pizza 

Desde hace algunos días se puede ver en cines de Argentina la nueva película de Sean Baker. Anora acaba de recibir múltiples nominaciones a los premios Oscar luego de, además, ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

El director ya es reconocido por su trabajo previo y por su recurrente abordaje de temáticas relacionadas al trabajo sexual: Tangerine (2015), The Florida Project (2017), Red Rocket (2021), entre otros títulos. Y también por un característico trabajo con los colores en su despliegue estético.

¿De qué trata Anora?

Anora nos presenta en sus primeros minutos a Ani (Mikey Madison). Es una chica joven que baila y es trabajadora sexual en un bar nocturno. Una noche solicitan específicamente sus servicios para un cliente ruso, porque Ani es la única que, coincidentemente, habla el idioma.

Se trata de Ivan (Mark Eydelshteyn) aún más joven que ella pero extremadamente adinerado. Despilfarra millones y millones en fiestas antes de volver a Rusia con su familia. El joven frecuenta a Ani y en determinado momento le propone contratarla como acompañante para el resto de sus vacaciones y, de esa manera, se replica el esquema ya conocido al estilo Mujer bonita (Pretty Woman,Garry Marshall, 1990).

Lo que sigue son fiestas y diversión descontrolada en donde Ani deja salir algo de su ilusión por esa aparente libertad. En esta primera parte tenemos un tono juvenil en donde el espectador puede olfatear el velo que cubre algo más. Nuestra protagonista se muestra bastante vulnerable y baja la guardia ante lo que le parece un sueño y una oportunidad de una vida distinta. De pronto en Las Vegas la joven e impulsiva “pareja” decide casarse y la misteriosa familia rusa aparece para intentar separarlos.

A partir de ese momento se da pie a la segunda parte de la película. Durante el desarrollo cambia el tono y nos encontramos con una especie de comedia negra con personajes exaltados y caricaturescos: un grupo de mafiosos vinculados a la familia tienen que intentar resolver el problema antes de que lleguen los temidos padres. Resolverlo significa anular ese matrimonio pero la inmadurez de Ivan y la furia de Ani transforma todo en una aventura por la noche citadina luego de gritos, golpes y desesperación.

Conexiones posibles con Licorice Pizza…

En esta instancia podemos detenernos para señalar algunas posibles conexiones con Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson estrenada en el 2021. En esta película tenemos la historia de los estudiantes Alana Kane (Alana Haim) y Gary Valentine (Cooper Hoffman) que se encuentran en el Valle de San Fernando en 1973.

Gary sueña con conquistar el amor de Alana, aunque ella sea unos años mayor, y ella lo rechaza con una actitud agria y hasta un poco agresiva. Pero mientras tanto generan una amistad curiosa, juntos inician negocios y aventuras en los que van creciendo, explorando y atravesando distintas crisis personales y sociales que los llevan en una montaña rusa de fracasos, éxitos y fracasos otra vez.

Esta aventura también tiene una primera parte sumergida en el tono de romance juvenil, cargada inocencia y humor, pero de la misma manera ese humor muta hacia un lugar caótico y los persigue por un camino en el cual se encontrarán con personajes delirantes e indescifrables: allí es donde vemos grandes participaciones de actores como Bradley Cooper y Sean Penn.

Nuestra dupla protagonista va y viene en un verano pesado y el director construye un mundo que puede ser eterno. Cada escena abre una ventana hacia un universo singular que funciona de forma entretenida e hipnótica. Algo propio de un director que también es reconocido por su capacidad narrativa y por su cuidado estético.

Hay un punto de conexión que no es responsabilidad de las películas, pero ambas fueron estrenadas en el verano argentino y encontrarse durante un periodo vacacional con dos historias de amor joven puede llevarnos a un mismo lugar sensorial o perceptivo.

En términos estrictamente interiores a la forma de las películas, podemos hacer pensar que se encuentran en esos desarrollos donde los personajes siempre están cerca de la tragedia o sumergidos en el fracaso y solo el cine puede transformar su devenir en una aventura dulce y alegre. Solo el hecho de que transformen sus historias en una especie de cuento nos invita a vivirlas con la certeza reconfortante de que todo en algún momento va a estar bien.

Una diferencia sustancial es que la película de Sean Baker explora la sexualidad y forma parte central de su trama, mientras que en la de Paul Thomas Anderson se evita entrar en ese terreno, más allá de una construcción de sensualidad, podemos intuir que en esa película era importante sostener el mayor tiempo posible una idea platónica del romance. Y la diferencia de edad de los personajes pone una adecuada barrera que no se puede traspasar.

Sobre la conexión de Anora con Mujer bonita se puede hacer un ejercicio interesante de comparación. En muchos aspectos el esquema es una réplica: ambas protagonistas femeninas avanzan en las películas manteniendo sus códigos de trabajo a la vez que se sumergen en un conflicto personal e interno, la mezcla entre la sexualidad de su trabajo con su propio deseo es parte de una subjetividad compleja y problemática que como espectadores transitamos con ellas.

Hay en ambas una representación del estigma de la mirada social y un fuerte clasismo. Alcanza con observar que, a pesar de los años que pasaron entre una película y otra, la lectura sobre el trabajo sexual sigue siendo muy similar y, en el retrato más actual, se añade una profundización de la mercantilización del cuerpo en redes sociales y una exposición mucho más extrema.

De la misma manera se puede interpretar cinematográficamente, ya que una película trabaja con una representación visual del cuerpo que se circunscribe a escenas típicas de sexo y que se parecen a muchas otras escenas del estilo en otras películas de ese momento y, mientras más nos acercamos a la actualidad hasta llegar a Anora, vemos que una clara exacerbación de la representación del erotismo, cada vez más gráfico, cada vez se ve más en pantalla, los desnudos son más duraderos, más explícitos. Todo eso nos invita a hacer una buena reflexión sobre los temas y las formas recorridos para intentar comprender su relación con el contexto.

El tercer acto y decisiones de resolución

Como señalamos al comienzo, Anora tiene tres partes muy definidas. En el segundo acto se incorpora el personaje de Igor (Yura Borisov) y se genera una dinámica sospechosa y contradictoria para el espectador. Se puede intuir el desenlace - que no vamos a spoilear - pero eso no cambia la incógnita sobre cómo va a llegar a ese punto.

Una vez que se empieza a diluir el segmento de comedia negra, empezamos lentamente a volver hacia un lado romántico. Esto permite también que la película se desprenda de su costado más caricaturesco y pueda llegar a una sobriedad que permite momentos de drama más profundos.

En el caso de Licorice pizza tenemos un camino más zigzagueante entre lo posible o imposible del amor de los personajes, todo nos conducirá a una definición que en este caso no es tan previsible porque no solo se trata de una espera, no alcanza solamente con que Gary crezca en edad y madurez, también importa que Alana madure y se vuelva una persona más centrada.

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