En esta serie de artículos voy a hacer un recorrido por la producción cinematográfica de la serie de levantamientos que se aglutinan bajo el nombre de “Primavera árabe”.
Seguramente ningún acontecimiento en la región de Medio Oriente y el Norte de África haya sido tan rico visualmente como lo fue la Primavera Árabe, esa serie de levantamientos que comenzaron en Túnez en diciembre de 2010 y se propagaron por la región durante 2011. Las imágenes jugaron diferentes roles en este marco y la primavera árabe misma fue un fenómeno regional parcialmente instigado por la circulación de imágenes. Aquí la imagen se presenta como mediadora, como medio político, como medio de crítica política, de contestación política. No podemos decir que esta polisemia de la imagen comenzó con esta serie de revoluciones, pero sí que tomó una dimensión completamente nueva, espectacular, donde la revolución se convirtió en un espectáculo.
Los países árabes transitaron desde comienzos de los años 80 profundos cambios que profundizaron las desigualdades, así como las prácticas espurias relacionadas con la corrupción, la violación de los derechos humanos, la persecución y la construcción negativa de la identidad árabe/musulmana. La marginación de amplios sectores de la sociedad civil de conformar y habitar justamente una sociedad civil; la censura, las limitaciones de asociación, de expresión, libertades cercenadas que fueron expuestas en documentales como Mamnu’ / Prohibido de la egipcia Amal Ramses que echan luz sobre las prohibiciones del gobierno de Husni Mubarak, desde la asociación política hasta transitar por ciertas calles. Todas esas prohibiciones, a su vez, eran desafiadas cotidianamente en pequeños actos de resistencia al poder, al autoritarismo como también como relataban las personas entrevistadas por la directora.
Desde mediados de la década del 90 la televisión satelital se instaló como el medio principal de noticias de la región. El establecimiento de la cadena qatarí Al Jazeera en 1996 abrió la puerta a los canales de noticias. Pero fue recién durante la segunda intifada de 2000 que la hicieron la señal emblema de la región. Al Jazeera dedicaba muchas horas a la cobertura de la intifada con una posición clara a favor de palestina contribuyendo al descontento árabe e impulsando comportamientos contra los regímenes, a quienes se les acusaba de no apoyar lo suficiente a los palestinos. Esta cadena fue el único medio árabe que cubrió desde el principio las revueltas.
El puntapié inicial lo dio Muhammad Bouazizi un vendedor ambulante de Sidi Bouzid, una provincia de Túnez que se prendió fuego a lo bonzo en protesta por la sucesión de humillaciones a la que era sometido por las autoridades diariamente. Si bien no hay registro de esta acción que llevó adelante Bouazizi la noticia de este acto de desesperación se divulgó en toda la región a través de las redes y de al Jazeera. Empezaron las protestas en Sidi Bouzid, luego se extendieron a todo el país convirtiéndose en la llamada Revolución de los Jazmines que logró la renuncia y la huida del país del presidente Ben Ali tras 24 años en el poder. Este hecho, inédito en la región, fue un catalizador, inspiró a las poblaciones de los otros países que, cada uno con sus particularidades propias, vivían en contextos similares de opresión, falta de oportunidades, de pobreza y marginación viviendo bajo autocracias o dictaduras con décadas en el poder.
Y si bien en todos los países hubo hechos, acontecimientos que fueron un punto de inflexión y donde las redes sociales jugaron un rol determinante, ya desde por lo menos una década antes una serie de movimientos sindicales, políticos y sociales se estaban conformando y viabilizaron la escalada de las protestas para transformarlas en verdaderas revoluciones. En Túnez, desde fines de los 90 habían surgido una serie de sitios web que reportaban sobre la represión y la corrupción en el país.
Las redes sociales amplificaron estas voces dando lugar a una masiva circulación de imágenes, a la difusión de convocatorias a las manifestaciones, de la brutal represión policial, de la masividad de las manifestaciones en todo el país. Luego de que el gobierno bloqueara todas las cadenas de televisión locales que transmitían todas estas noticias desde el lugar de los hechos, sólo al Jazeera siguió transmitiendo. El canal levantaba videos de Facebook y Youtube, lo que motivaba a más y más gente a seguir subiendo videos de lo que estaba pasando. También se utilizaban estos medios para difundir canciones y videos contra el régimen como por ejemplo la del rapero Hamada Ben Amr conocido como “El general” y su canción “El presidente del país” posteada a fines de 2010 donde hace una fuerte crítica al régimen y que le terminó costando su libertad.
Contrariamente a lo que se suele pensar, la revolución de los jazmines no fue una revolución causada por las redes sociales, como se solía decir por aquellos años, aunque que el ciberactivismo, o el activismo en las redes le dio un tinte particular, completamente nuevo a este y los otros levantamientos y que se articuló con la participación popular en el terreno y una construcción política previa.
Lo espectacular de las imágenes que llegaban desde Túnez tenían que ver en parte con el hecho de que justamente llegaran desde Túnez, el país que siempre se erigía como una excepción, como un ejemplo de estabilidad, de modernidad, de tolerancia en la región ahora estaba en todas las pantallas, era un pueblo árabe que se levantaba contra la tiranía, que quería recuperar su dignidad.
Hombres jóvenes imitaron la acción de Bouazizi en toda la región, desde Egipto hasta Argelia. El sentimiento de haber perdido la dignidad atravesaba toda la región y la huida de Ben Ali daba la pauta de que era posible librarse de la tiranía, de la opresión, de la miseria. Las celebraciones de la población tunecina en las calles, la toma del espacio público, la solidaridad comunitaria de esa masa humana se convirtió en un modelo a seguir para sus vecinos que respondieron tomando las calles contra sus propios tiranos.
El primero fue Egipto con una manifestación masiva el 25 de enero de 2011, el día nacional de la policía. Se eligió ese día para denunciar la represión policial en general pero también había un hecho puntual: el asesinato de un joven, Khaled Said en junio de 2010 a manos de la policía de Alejandría. Ya desde mediados de 2010 los jóvenes venían manifestándose en Alejandría con una fuerte propuesta performática: se paraban frente al Mediterráneo a una hora determinada, vestidos de negro y leían poesía o el Corán, o simplemente marchaban o caminaban en silencio.
En este país desde 2004 el movimiento opositor Kefaya / Suficiente se había empezado a organizar y a hacer manifestaciones, distribuir videos y fotos de la brutalidad policial, reclamando su visibilidad en el espacio público recuperando una frase en una canción del poeta Salah Gahin El shera lina / Las calles son nuestras, que se puede ver en la película de Amal Ramsis. La virtualidad se convirtió así en un espacio de encuentro, de discusión, un espacio comunitario. Junto con las imágenes producidas por los bloggeros, los Hermanos Musulmanes, Kefaya y el Movimiento 6 de abril una comunidad espontánea de artistas comenzaron a producir imágenes para las protestas. Cuando comenzaron las manifestaciones en Egipto había cientos de carteles que celebraban la revolución tunecina y auguraban un destino similar para Egipto.
Los nuevos medios jugaron un rol determinante antes, durante y después de la revolución egipcia dando espacio para una nueva forma de activismo en el ciberespacio que a su vez dio lugar a nuevas formas de activismo en las calles, en la organización de manifestaciones, promoviendo la novedad del periodismo ciudadano lo que proveyó a su vez de una plataforma para los ciudadanos de a pie para expresarse y documentar sus propias versiones de la realidad.
El periodismo ciudadano fue muy importante en las revoluciones ya que los gobiernos intentaban evitar que se informara sobre lo que estaba sucediendo y tanto en el país como afuera. La Plaza Tahrir fue el centro físico y simbólico de la revolución egipcia desde donde se transmitía 24hs x día para al Jazeera y otras cadenas internacionales que además subían contenidos de las redes sociales subidos por manifestantes. La revolución en sí misma se convirtió en un espectáculo, de las emociones, las expresiones, las manifestaciones de quienes estaban allí eran compartidas con espectadores de todo el mundo.



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