Michel Henry fue un filósofo comprometido con el rol que ocupa el arte en nuestro mundo. Henry fue muy crítico con la ciencia, la técnica, la restauración científica de las obras de arte y la degeneración cultural provocada por la sociedad. Esto lo podemos analizar en la película Big Eyes, de Tim Burton.

¿Cuál es el significado de la obra de arte?
Henry, se plantea en el libro Fenomenología de la vida, en un capítulo sobre Kandinsky que es parte de una conferencia pronunciada en 1987: ¿Cuál es el significado de la obra de arte? Ahora bien, para esto es necesario responder cuál es la naturaleza o sitio que ocupa la obra de arte, en qué dimensión del Ser se despliega el objeto estético. Sin embargo, surge una aporía a superar.
La aporía es la siguiente: ¿Es la obra de arte una realidad imaginaria o pertenece al mundo real? Debemos expresar que Henry se basa en lo expuesto por Husserl en el parágrafo 111 de Ideas I.
El filósofo distingue a la realidad estética de la obra de arte que tiene su sitio fuera del mundo, en este sentido, la obra de arte es una entidad imaginaria, y los elementos materiales que sirven como soporte de una obra de arte, por ejemplo, los colores, la madera, la tela, el grabado que sí pertenecen al mundo real de la percepción.
Acercamiento a Kandinsky: la sensibilidad
Observamos que Henry comienza pronto a alejarse de la posición husserliana, de esta aporía que posee la obra de arte en relación con una realidad imaginaria y el mundo real para pasar a una posición relacionada con lo expuesto por Kandinsky respecto a la sensibilidad.
El filósofo describe a la sensibilidad como la Apertura de este mundo, la trascendencia en y por la cual nace el primer Afuera, el Primer Plano de luz. La sensibilidad es el “Ek-stasis del Ser”. Margaret Keane, la famosa pintora interpretada por Amy Adams, experimenta el mundo a través de una hipersensibilidad estética que se refleja en su obra. Sus famosos retratos de niños con ojos desproporcionadamente grandes pueden leerse como una manifestación de esa “apertura al mundo”, donde la mirada misma es un acceso trascendental a la realidad. Los ojos enormes en sus pinturas representan una sensibilidad extrema, una forma de experimentar el mundo no solo como algo visible, sino como algo que se siente de manera profunda y desgarradora.
Asimismo, Michel Henry se ve en la necesidad de precisar la naturaleza de ese otro sitio de la obra de arte que nace en la aporía. Henry, expresa que por más que la obra de arte no se sitúe en el mundo o que no esté allí en lo que llama su soporte esto no quiere decir que sea ajena a la sensibilidad.
Analizar filosóficamente la sensibilidad nos permite vencer la aporía. El arte pertenece a la sensibilidad y la substancia de la “cosa” estética es la sensación. Henry entonces analiza que la sensación enraizada en el mundo sensible no es nada del mundo. Las cosas no se “sienten”, se “experimentan” y se ”viven”.
A fin de cuentas, Michel Henry nos dice que no pensemos en la irrealidad de la obra de arte en contraposición con su soporte material, sino más bien como auto-afección de la vida. Henry, reivindica la tarea de Vasili Kandinsky como teórico del arte, ya que -el pintor nos dice- que el lugar de la obra de arte constituida por la subjetividad posee el poder de “auto-impresionarse”, “experimentarse ella misma”, “razonar'' y hasta “vibrar”.

El significado de la obra de arte
La resolución de Michel Henry acerca de la significación de la obra de arte consiste en ser la expresión del Alma, la propia y la de todo el universo. Henry cita a Kandinsky: “El mundo está lleno de resonancias. Constituye un cosmos de seres que ejercen una acción espiritual. La materia muerta es un espíritu vivo”. El arte se halla en lo invisible, en la esencia más íntima que habita en nosotros.
Para Henry, la experiencia artística no es meramente visual, sino una revelación de la vida misma. En Big Eyes, esta revelación se traduce en los enormes ojos de los personajes retratados por Margaret. Sus pinturas no son simples representaciones, sino la manifestación de una sensibilidad profunda. Los ojos, desproporcionadamente grandes, no buscan una mímesis de la realidad, sino expresar algo que trasciende lo visible: el dolor, la melancolía y la verdad del ser. En este sentido, la pintura de Margaret Keane es un eco de la concepción de Henry sobre el arte como un medio para exteriorizar lo que no puede decirse con palabras, aquello que vibra en lo más hondo de la existencia.
Asimismo, la película muestra cómo el arte puede ser reducido a mercancía en una sociedad que prioriza la superficialidad sobre la esencia. Walter Keane, al apropiarse de la obra de Margaret, vacía su sentido original y la convierte en un producto de consumo masivo (crítica que analizaremos con Walter Benjamin en otro momento). Desde la perspectiva de Henry, este proceso equivale a la negación de la verdadera dimensión del arte, pues lo reduce a su apariencia externa y le niega su carácter de expresión del alma. Es solo cuando Margaret reclama su autoría que la obra recupera su autenticidad, permitiendo que su verdadero significado se revele. ¿A quién pertenece el objeto artístico? ¿Es el autor o el artista dueño de su arte? Sin duda, en el caso que presenta Tim Burton es fundamental que así sea.
Kandinsky, citado por Henry, afirmaba que “el mundo está lleno de resonancias. Constituye un cosmos de seres que ejercen una acción espiritual. La materia muerta es un espíritu vivo”. Esta idea se refleja en Big Eyes, donde las pinturas de Margaret parecen tener vida propia. Sus figuras no son inertes; sus miradas transmiten emociones, angustias y verdades. En ellas se esconde la lucha de una mujer por ser reconocida, por devolverle al arte su función primordial: la de ser un vehículo de la vida interior.

Conclusión
En conclusión, Big Eyes es más que una historia sobre la lucha de una artista por el reconocimiento. Es una exploración de la naturaleza del arte como manifestación de la vida invisible, en línea con la filosofía de Michel Henry. La película nos recuerda que la verdadera significación de una obra no radica en su éxito comercial ni en su aceptación social, sino en su capacidad de ser una expresión del alma, de lo que permanece oculto pero resuena en lo más profundo del ser humano.
Sin duda alguna la exploración henryana es más que válida para estos tiempos de decandencia espiritual y moral, en que se prioriza el comercio, la publicidad, el marketing, la apariencia por sobre cualquier esencia. Incluso no lo pensamos. Ese es un grave inconveniente. No pensarlo.




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