Creado por J. K. Rowling, el universo de Harry Potter ha sido, desde su primera publicación en 1997, un fascinante emblema de la literatura moderna, que nos permitió a toda una generación, crecer siendo participes, a lo largo de más de una década, de las aventuras del joven mago.
Con un increíble despliegue de efectos especiales nos adentramos, a través de las ocho películas que componen la saga, en un mundo mágico lleno de criaturas y personajes complejos e interesantes, entre los que destaca, sin duda, Severus Snape, el estricto profesor de pociones quien tiene un pasado turbio y una personalidad fríamente misteriosa.
Este intrigante personaje destaca desde su primera aparición por su personalidad hosca, incluso agresiva, que puso desde el principio en alerta al público sobre sus intenciones reales en su relación casi antagónica con el protagonista, a quien siempre parece tratar con un desprecio nada disimulado.
La magistral actuación de Alan Rickman, lleva a este antipático profesor a convertirse, contra todo pronóstico, en uno de los favoritos del público, dándole con su voz y movimientos una profundidad mayor y única a sus intervenciones y otorgándole al personaje un carisma sin par, que da un toque de humor involuntario a sus actuaciones en momentos inesperados de la trama.
Sin embargo, lo más interesante de este personaje resulta de las muchas facetas que maneja en distintos momentos, de los misterios en los que su pasado se encuentra sumergido, de sus tormentosas relaciones pasadas y de su extraño proceder, y es que Severus Snape es, probablemente, el personaje más difícil de descifrar de todo el universo creado por la inigualable imaginación de la escritora británica, un personaje demasiado humano para ser un villano, pero lo suficientemente corrompido para no lograr ser un héroe tradicional.
Al avanzar de la saga, se desentraña poco a poco parte de su personalidad, vamos descubriendo sus motivaciones ocultas, en especial su eterno amor por Lily Evans (la madre de Harry Potter), sus traumas, su difícil infancia y por supuesto el odio y rivalidad que mantiene desde temprana edad con James Potter y su grupo de amigos, lo que en conjunto, mantiene a la audiencia en un estado constante de confusión sobre su verdadera lealtad, inmersos en la dualidad que impecablemente maneja entre el bien y el mal.
Snape finalmente sucumbe en la última de las películas, en una escena de trágica redención, esclareciendo definitivamente su personalidad y siendo la pieza final para entender el camino que debe seguir nuestro protagonista para vencer al que-no-debe-de-ser-nombrado, enseñándonos el poder de un amor sincero, pero sobre todo con un mensaje claro: no debemos juzgar por las primeras impresiones porque las personas son mucho más de lo que aparentan ser y quizás no logremos jamás comprender lo complejo de su personalidad.
En la lamentable perdida del gran actor que fue Alan Rickman, nos queda el consuelo de poder seguir disfrutando de su excelente interpretación con la que da vida a un personaje de profundas matices e intensidad.
Porque como su personaje nos enseñó a responder…
-¿Después de todo este tiempo?
-Siempre…



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