Eres Nosferatu. El gran maligno. Dueño y señor de su destino 

Permaneces inerte en un castillo, supurando, hambriento, castigando pobremente a lugareños y azuzando mitos y leyendas. Intentas simplemente existir dentro de ti, asqueado de estar atado a un falso titulo nobiliario y a una eternidad en la que, solo, terminarás pudriéndote en el abismo. Eres casi un poco menos que la muerte.

Una noche sientes un llamado. Una llama, un alarido, fuego puro y carnal exige tu presencia. Una dama virgen pide que acudas ante ella. Desesperada desprende hacia ti el calor de su cuerpo, despertando con el olor de su sangre y su espíritu atribulado tus antiguas añoranzas. Pactas de inmediato una relación de dominación y sadismo maldita. Es tuya, le haces daño, la castigas. Ella sabe que se hunde. Tú también le perteneces, te hace un poco menos monstruo, te aleja de tu propósito ancestral. Ya no eres solo la mugre escondida que permea un castillo, por primera vez en siglos, existes.

Profesor, mis sueños se vuelven cada vez más oscuros. ¿El mal viene de nuestro interior o del exterior?”

Poco después decides cerrar el pacto con el que definitivamente podrás liberar tu carga maldita. Aun no deseas ser visto, pero a pesar de tu propia vergüenza, pocos inconvenientes se cruzan en tu camino. Ninguno lo suficientemente importante como para siquiera preocuparte. Creas un plan elaborado para traicionar y derrotar a todos los que te separan de tu esclava, de tu amada. Ella debe aceptar de propia voz su descenso a los infiernos, y tu sabes que lo hará sin titubear, porque, ¿qué puede ser mas hermoso que la muerte enamorada?

Te he sentido... arrastrándote como una serpiente en mi cuerpo”

"No soy yo. Es tu propia naturaleza."

Manipulas fácilmente, mueves tus piezas con alevosía, atraviesas el mar destripando con tus propias manos a todos los que osan desafiarte. Ya no temes mostrar todo tu poder, no tienes rivales en el mundo de los vivos. Las ratas te siguen fielmente en tu camino, los humanos las usan como señal y huyen para no sentir el terror de tu llegada. Vuelves a dominar a tu antojo a los mortales. Dejaste de ser menos que la muerte. Ahora eres la plaga, la peste asesina, eres el hambre, el miedo, eres el sexo, la lujuria, lo eres todo ante todos. Tu sola presencia destruye el mito, eres la realidad pura encarnada. Orlock, aquel Conde mugriento, el ser escondido en la oscuridad, ha muerto durante el viaje.

Es claro que nadie podrá detenerte, sabes que una parte de ella te desea. En tres días será tuya. La dejas pensarte, ansiosa, dudando de qué es lo correcto, fingiendo acercarte a ti por el bien del resto. Sigues el juego, dejas corretearte un par de días por tus enemigos confundidos, mientras te regocijas en su estupido deseo de heroismo.

Llega la noche en que te acercas, la acaricias, confirmas su deseo. Nadie pudo darle lo que el oscuro recuerdo de ti le daba. Pactan la eternidad, ella se hace monstruo purulento y tú te haces humano, frágil y sediento. La posees, se aferra a tu deformidad como alargando la poca vida que aún queda a su lado. La desangras, ya no eres el Diablo, ya no eres la plaga, eres el Dios de su cuerpo y el tuyo se enaltece ante la luz del día. Amanece y sabes que se acerca el fin, nadie pudo detenerte. Mueres en sus brazos mientras aquellos que te temen observan resignados tu victoria.

"No eres para la humanidad… ¿Serás tú quien esté conmigo, eternamente?"

Eres Nosferatu. El gran maligno. Dueño y señor de su destino.

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