El Cine, la Terapia y la Vida. 

A muchos de nosotros nos gusta sentarnos a ver una buena película, simplemente, porque las películas pueden hacernos sentir cosas. Una película que nos conmueva puede ayudarnos a liberar nuestras emociones, una comedia puede animarnos. Las películas también nos dan la oportunidad de conectar con nuestras emociones y explorarlas de forma segura.

Que me perdone mi terapeuta, pero las películas pueden ser como sesiones terapéuticas. Me parece que el cine, el que nos intercepta, nos involucra emocionalmente de una manera que puede ser terapéutica. Hablar de los personajes de una película puede ser más cómodo que discutir directamente los problemas que enfrentamos, quizás, porque pone cierta distancia emocional con lo que estamos experimentando. También puede ayudarnos a vivenciar ciertos aprendizajes al mirar y escuchar cómo los personajes de las películas enfrentan sus desafíos.

El problema que tenemos, precisamente ahora, es que nuestros niños y adolescentes (muchos adultos, también) ya no miran cine. Les parece más estimulante mirar videos de tik-tok con “influencers” que te dicen cómo solucionar tú vida en menos de 60 segundos. No es triste la verdad, pero ya saben, no tiene solución. Mirar cine, generar un espacio liminal que tiene el potencial de reducir los conflictos entre padres y adolescentes, aumentar la empatía y el diálogo entre ellos y ayudar a facilitar la comunicación. Al mismo tiempo que nos permite reducir la ansiedad y la angustia.

Incluso, para todos aquellos que se encuentran dentro del espectro autista les puede ayudar a identificar sus fortalezas y desarrollar resiliencia. También, a todos aquellos que experimentan algún trastorno psiquiátrico los conduce a expresar sus pensamientos y sentimientos. Y, por ejemplo, ver y discutir películas de superhéroes habilita a los jóvenes con esquizofrenia a encontrar fuerza y ​​razones para enfrentar las dificultades que enfrentan.

¿Qué apoyo brindan las películas?

Aristóteles notó que los espectadores de tragedias griegas parecían pasar por un proceso de purga emocional (o catarsis) que les resultaba beneficioso, gracias a la empatía que sentían hacia los personajes. El cine y la televisión funcionan de manera similar, proporcionando un espacio seguro para sentir y expresar emociones, sin sufrir las consecuencias en el mundo real.

Una película reúne imágenes, diálogos, historias, metáforas y música, todos ellos elementos que nos conectan con diferentes formas del arte. Las películas nos permiten comprometernos en forma consciente, observar reacciones, expresar experiencias, identificar relevancia personal y explorar nuevas posibilidades. Por supuesto, que esto no implica renunciar a continuar con nuestras terapeutas, no sabría cómo continuar sin la mía. Aunque necesitamos seguir observando nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones físicas mientras habitamos el mundo. Siempre tendremos alguna dimensión que nos desborde y por eso es importante que demos un paso atrás respecto de lo que sentimientos, sin juzgarlos, en lugar de dejar que nos arrastren.

Siempre, luego de que miro una película, me doy un tiempo para expresar y nominar lo que siento. A veces, los escribo. Me lleno de curiosidad por mis sentimientos, por lo que mis sentimientos se internan en mi cuerpo, como tensión o relajación. A veces, me quedo observando un determinado sentimiento, lo miro, lo siento, lo escucho para ver como evoluciona. Me quedo pensando, hago una pausa, me detengo para observar que necesita ese sentimiento para evolucionar (por ejemplo, amabilidad o comprensión) e imagino que recibo lo que necesito.

Luego, intento identificar qué representa la película para mí. Observo con quién me identifico y cómo el viaje de ese personaje me recuerda mis desafíos, lo que pude y lo que nunca podré. Aunque mantengo una vigilancia sobre lo que las películas me pueden brindar; por ejemplo, si una película refuerza ciertos estereotipos o representaciones que no construyen una sociedad más diversa y compleja. Pienso, intento pensar, lo cual siempre es un desafío, en cómo una película puede ayudarme a explorar nuevas posibilidades y estrategias para seguir creciendo. Pienso en cómo los personajes de la película pueden o no pueden resolver sus problemas y qué aprendizaje hay ahí. Observo las conexiones entre la historia de la película y mi propia historia personal; y miro si cambiaría la historia o podría escribir una secuela o precuela, o simplemente, un principio o un final diferentes.

Creo que sigo mirando cine de la misma manera que se puede luchar por la LIBERTAD, es decir sin esperanza, sabiendo que el cine que amaba ya no existe, de la misma manera que la LIBERTAD ha sido tomada por asalto por las fuerzas más opresivas y oscuras desde la década de 1930 o, para el caso mi amada Argentina desde la década de 1970. La LIBERTAD, con la que experimenté la independencia desde 1983, está ahora casi con toda seguridad fuera de nuestro alcance. Así que si, todavía miro películas, en este mundo plagado de imágenes, es para habilitar, en mi experiencia, que exista un mundo, uno en el que el arte nos humanice... cómo decirlo, películas para adultos... La mayoría de las imágenes contemporáneas infantiliza al espectador... Miro películas porque amo el cine con pasión y esa es quizás la razón por la que estoy cada vez menos tiempo en las redes sociales. Porque amo el cine, quiero, por admiración a las obras que tanto me han dado, quiero intentar continuar, a mi manera, este trabajo de seguir creciendo. Los grandes cineastas del siglo XX me hicieron quien soy. Les estoy inmensamente agradecido. Miro películas, como esas personas que aún rezan, en los bancos de las Iglesias...

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