El universo de Sofía Carmina Coppola 

El término nepo baby se empezó a popularizar en los últimos años para referirse, casi siempre de forma despectiva, a “hijos de”. Hijos de que, en teoría, poseen ciertos privilegios por haber nacido en determinadas familias que los colocan un escalón encima de los mortales, o les ofrecen ciertas facilidades que no tendrían de otro modo. Sofía Coppola fue abucheada en Cannes, maltratada por la crítica y tildada una y otra y otra vez como acomodada.

Incluso hoy en día, en la mayoría de las notas que hablan de sus estrenos titulan: “La hija de Francis Ford Coppola estrena…”, como si sus nueve películas todavía no bastaran para dejar de ser “la hija de”. Sofía Coppola lleva el cine en su sangre, no hay dudas. Ha presenciado algunos de los rodajes más importantes de la historia del cine, pegada a la cámara que captaría algunos de los fotogramas más inolvidables.

Primero de niña, revoloteando al lado de su padre, luego detrás de cámara, también haciendo una interpretación brillante como la hija de Michael Corleone en El Padrino III. Esta actuación también trajo una (insólita) catarata de críticas negativas hacia Sofía, que había surgido como reemplazo de último momento de Winona Ryder. Francis Ford Coppola ha dicho en alguna entrevista: "Querían atacar la película por no estar a la altura de sus expectativas y fueron a por esta chica de 18 años, que lo había hecho por mí. Al igual que la hija de Michael Corleone, mi hija recibió la bala por mí".

Es interesante que, con ese punto de partida, Sofía haya decidido que su búsqueda cinematográfica se base principalmente en explorar el universo femenino. Que haya nacido rodeada de Michael y Vito Corleone (El Padrino), Coronel Kurtz y Benjamin Willard (Apocalypse now), Gene Hackman (La conversación) y haya ideado a Mary, Teresa, Bonnie, Lux y Cecilia (Las vírgenes suicidas)... o Charlotte (Lost in translation)... o María Antonieta (María Antonieta) o Priscilla Presley (Priscilla).

Todos estos personajes femeninos, pese a sus diferencias, comparten una similitud: en la película atraviesan una transición, una profunda crisis introspectiva que las lleva a transformarse. Una transformación que trae consigo una suerte de liberación, de un encuentro consigo mismas. Este encuentro nos permite, como espectadores, vincularnos con los personajes de Sofía de una manera muy íntima, como si la directora nos abriera todo un universo que nos permite conectar profundamente con sus protagonistas.

Las vírgenes suicidas

La ópera prima de Sofía Coppola, estrenada a finales de los 90, no solo marcó el inicio de su carrera como directora, sino que dejó asentado un sello personal, una marca que sería el germen de toda su filmografía posterior. Las vírgenes suicidas, con un elenco encabezado por Kirsten Dunst y Josh Hartnett y basada en la novela homónima de Jeffrey Eugenides, esboza un relato adolescente sobre cinco hermanas que viven en los suburbios de Michigan bajo el inflexible control de sus padres en los años 70, hasta terminar en el desenlace trágico de su suicidio.

Una de las decisiones más interesantes de la directora es que decide narrar la historia desde la perspectiva de un grupo de chicos fascinados por las hermanas Lisbon. Esto genera que nos acerquemos a su universo de forma sutil, misteriosa, de alguna forma externa. Según la directora, fue el músico Thurston Moore (de Sonic Youth) quien le prestó una copia del libro, suceso que fue revelador para darle inicio a su carrera. La propia directora afirma: “No sabía que quería ser directora hasta que leí Las vírgenes suicidas”.

Priscilla

Priscilla es el último estreno de Sofía Coppola y está basado en el libro de memorias escrito por Priscilla Presley en los años 80. La película retoma la vida y trayectoria de Elvis Presley pero desde una perspectiva que no se había visto antes en la pantalla grande. En esta nueva visión, nos sumerge en el relato de la profunda soledad en la vida de Priscilla desde que inicia su romance a sus catorce años y que se prolonga durante una década.

Sofía cuenta: “Quería concentrarme en ese periodo en el que ella parecía tener una vida de ensueño, una casa hermosa y un marido exitoso mientras que la realidad era que la mansión era su jaula de oro y el lugar en el que se quedaba sola mientras Elvis se iba y no la llevaba con él. No tenía permitido tener amigos ni trabajo. Quise retratar esos tiempos en los que Elvis estaba presente y el lugar se llenaba de energía y emoción en contraste con los momentos de soledad en los que se suponía que debía conformarse con ser la esposa del rey. Y si no lo conocía tampoco podía quejarse o decir algo porque se le exigía que fuera constantemente positiva en su presencia”.

María Antonieta

María Antonieta se estrenó en Cannes en 2006, pero no tuvo la devolución que Sofía Coppola hubiese esperado. Recibió abucheos, críticas de que era vacía y superficial y comentarios sobre la estética “recargada”. El film se había basado en la biografía escrita por Antonia Fraser sobre la reina, focalizándose en particular en el transcurso que va de la llegada a Versalles a su partida. Pese a la crítica de ese momento, hoy, veinte años después, el film se consolida como uno de los predilectos de Coppola.

El film es casi una clase magistral sobre dirección de arte y escenografía, que saca a la luz la experiencia de la directora en la moda. Narrativamente, Sofía elige a Kirsten Dunst como protagonista para representar la etapa en la que María Antonieta abandona Austria, contrae matrimonio con un hombre que no conoce y es forzada a concebir un hijo varón. Pese a las vastas diferencias, hay una línea que conecta a María Antonieta con Priscilla, donde ambas se terminan encontrando casi encerradas, en casas de lujo, pero con presentes profundamente solitarios.

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