Apnea 

-No te vayas a dormir sin las almohadas, que te vas a ahogar.

El señor Castelman escuchó la advertencia de su esposa y la puerta cerrándose. Tenía razón, pero sentía el cuerpo cansado y quería aprovechar cada minuto de la siesta, acostado en el sillón, desde donde alcanzaba a ver a su pececito nadando en la pecera. Imaginaba el silencio acuoso y el sueño lo fue venciendo de a poco y sin almohadas.

Lo despertó la incomodidad en las axilas y la entrepierna. Se sacó con dificultad la camiseta y los calzoncillos. Quedó desnudo en medio del living mirando, desconcertado, el diminuto talle de la ropa que aún sostenía en la mano. Arrojó las prendas al piso y se dirigió hacia el baño. No alcanzó a sentir el dolor en la frente chocando contra el marco superior de la puerta, que su cabeza ya destruía el techo con un golpe brutal. No comprendía el señor Castelman lo incomprensible de aquella situación. Vio la mampostería hecha añicos en el piso y a duras penas logró salir con las manos en su cabeza dolorida e inclinada hacia abajo para evitar nuevos golpes. El techo del living lo sentía ahora en la espalada. Se agachó más y a gatas logró salir del departamento primero, y del edificio después. Se incorporó ya en la calle y antes de sentir vergüenza por su desnudez, sintió en la pantorrilla el choque de un colectivo que no alcanzó a frenar. Vio en un segundo las cabecitas de las personas que huían despavoridas, y en otro segundo tropezó y cayó en un charco atlántico. Logró incorporarse de nuevo, apoyando su mano en la dorsal oceánica. Enderezado por completo, el señor Castelman sintió el recuerdo de la gravitación. Flotó alejándose de la Tierra para evitar más daño del que ya había provocado. Creyó rozar la luna con su oreja y vio a Júpiter alineado con su dedo gordo del pie y vio como puntos suspensivos a Urano, Mercurio y Plutón.

Continuó el crecimiento imposible, se deshizo en oscuridad inalcanzable el sistema solar, a medida que las estrellas se multiplicaban y en una fracción mínima de tiempo se acumulaban como arena y volvían a ser chispas de luz y nuevamente, nada. Perdió la cuenta de los sistemas astronómicos que alcanzó y abandonó casi al instante. La luz fue solo un concepto inentendible. El Universo se distinguía ya como un punto por su textura. Lo agarró con suavidad y quedó el pobre señor Castelman en la silenciosa oscuridad, temiendo por la existencia, y lloró.

Mantuvo siempre su condición humana. La imposibilidad de caber, literalmente, en el Universo le produjo ira. La texturada y completa realidad le quemaba la palma de la mano. Desde la nada y hacia la nada, arrojó con violencia el Universo. Oyó un crujido a la distancia.

El vacío se interrumpía en un cristal tan inmenso que no se veían los bordes. Vio la pequeña rajadura y una gota de agua filtrándose. La claridad comenzó del otro lado. Tenue. Abrupta luego. Cuando la costumbre trabajó sus ojos, pudo distinguir el living de su casa. La imagen, fija en un momento, comenzó a trasladarse en sentido horizontal. Distinguió el sillón, y se vio acostado con los ojos entrecerrados. Estuvo a punto de gritar, pero vio que la pequeña rajadura comenzaba a expandirse y que el agua inundaba el vacío. Intentó escapar pero la ausencia de espacio lo condenó. El agua lo cubrió rápidamente. Agitó los brazos intentando nadar hasta una superficie imposible. Sintió el dolor del ahogo y en el último instante, aspiró por la boca una ráfaga de aire que lo expulsó del sueño con violencia.

Con el corazón latiendo acelerado, fue en busca de las almohadas para descansar un poco más, con la cabeza elevada.

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