Esta historia encuentra su inspiración en la novela de Stephen King: IT. Así como también en las adaptaciones cinematográfica de la misma. Bajo la dirección de Andy Muschietti. El film más reciente que tenemos de IT, el cual consta de dos partes, incluye un cameo del mismísimo Stephen King; tenemos una dirección que se encargó de resaltar puntos interesantes de la novela, los cuales fueron obviados en versiones anteriores de la misma, lo cual la convierte en la adaptación más fiel al libro, al menos, hasta ahora. Uno de esos puntos, es el romance latente entre Eddie y Richie. Derry es el epicentro del terror cósmico cuya forma terrenal conocemos como Pennywise, entonces este fanfic nos ubica allí. Volvamos a la época en la que Eddie Kaspbrak y Richie Tozier luego de “derrotar” a Pennywise y hacer una promesa de sangre con el resto de sus amigos deciden ser realmente sinceros uno con el otro. Luego de haber estado tan cerca de la muerte como lo estuvieron ese día, la conexión que había entre ellos se intensificó.

Se citaron en la casa club, luego de limpiarse las heridas y quitarse la mugre. Pactaron una hora y se prometieron estar ahí sin importar nada. Cosa que para Eddie podía llegar a ser un poco complicada, desde que su padre había fallecido la obsesión de su madre hacía Eddie sólo se había intensificado, y ese día luego de haber sobrevivido a ese maldito payaso estaba seguro de que no podía seguir viviendo de esa manera, bajo tanta presión. Para las 17:30 de la tarde, Eddie estaba sentado dentro de la casa club. No había vuelto a su casa, tenía todo lo que necesitaba en un pequeño casillero escondido en la casa club; quizás echó de menos su baño de baldosas resplandecientes, pero el de Ben había estado bien, además de la comida hecha por la mamá de Ben. Le hizo una llamada a su madre desde la casa de Ben, le dijo que estaba todo en orden, que se estaban preparando para una feria de ciencias y que volvería a casa antes de las diez de la noche. Se despidió de Ben y su madre, agradeció la hospitalidad y se encaminó a la casa club. Dentro de la casa club siempre imperaba un aire de tranquilidad, un refugio silencioso después del caos. Un haz de luz proveniente de una de las pequeñas ventanas atraviesa el lugar y Eddie tuvo que contenerse para no comenzar a llorar. Afuera, el sol comienza a ponerse, pintando Derry con tonos naranjas y rojos. Había sido un día difícil, por suerte habían conseguido sobrevivir, pero su ansioso cerebro sólo se preguntaba hasta cuando duraría y qué harían entonces…

Para sorpresa de Eddie, Richie llegó justo a la hora. Definitivamente ese día había cambiado algo en todos, no sólo en Eddie y quizás ese mismo sentimiento había llevado a Billy pedirles que hicieran aquel pacto. Una vez superado el saludo incomodo entre ambos, Eddie se sienta en el suelo con las piernas cruzadas, su inhalador en la mano. Richie está a su lado, tamborileando los dedos en el piso, inquieto. Finalmente es él quien decide hablar:
Richie:
(Suspira exageradamente, rompiendo el silencio)
— Bueno, Eddie Spaghetti, parece que sobrevivimos. Lo cual es sorprendente, considerando que eres más frágil que un vaso de vidrio en un terremoto.
Eddie:
(Resopla, pero suelta una risa nerviosa)
— Y tú eres un idiota con gafas.
Se hace un breve silencio. Richie se saca las gafas y las limpia con la camiseta, más por hacer algo con las manos que por necesidad. Eddie mira su inhalador y lo gira entre los dedos. De nuevo es Richie quien rompe el silencio y en un tono mucho más serio dice:
— ¿Sabes qué es lo peor de todo esto?
Eddie:
— ¿Que casi nos come un payaso asesino de otro planeta?
Richie:
— Que pensé que ibas a morir.
(Eddie se tensa. Richie se encoge de hombros, mirando el suelo.)
— Cuando ese maldito payaso te agarró… Yo... no sé, sentí que todo dentro de mí se apagaba por un segundo.
(Eddie traga saliva, apretando el inhalador.)
Eddie:
— Yo también pensé que íbamos a morir. Pero tú seguiste haciendo chistes.
Richie:
(Sonríe apenas)
— Claro, Tozier nunca deja el escenario, incluso cuando está a punto de morir.
(Richie se muerde el labio, sin mirarlo. Eddie juega con una hebra suelta de su pantalón. Finalmente, Richie habla en un tono más bajo.)
Richie:
— Pero no era solo miedo… era miedo por ti. No quería que te pasara nada.
(Eddie parpadea, mirándolo por fin. Su pecho se siente extraño, como cuando corre demasiado rápido y se le aprieta el aire. Quiere decir algo, pero las palabras no le salen.)
Eddie:
— Yo también tenía miedo por ti.
(Richie lo mira. Algo en su expresión, normalmente despreocupada, se vuelve más suave. Eddie siente calor en las mejillas.)
Richie:
(Intentando aligerar la tensión)
— Sabes, si llegabas a morir, habría tenido que besar tu cadáver para despedirme.
(Eddie frunce el ceño y le da un manotazo en el brazo.)
Eddie:
— ¡Qué asco, Richie!
(Pero está sonriendo. Richie se ríe también, frotándose el brazo donde Eddie lo golpeó.)
Richie:
— Lo digo en serio, Eds. No sé qué haría sin ti.
(Eddie siente su corazón latiendo rápido, y no es por el asma esta vez. Hace una pausa, luego, con valentía, murmura:).
Eddie:
— Yo tampoco sé qué haría sin ti.
La mano de Richie se posa sobre la de Eddie y desde esa tarde su conexión siempre fue a más, a pesar de que eventualmente se separaron cuando salieron de Derry, todos se fueron olvidando de todo lo ocurrido y los involucrados, eso pasa cuando sales de un lugar tan maldito como Derry. Sin embargo, la conexión de Richie y Eddie nunca se rompió, ni siquiera en la distancia. Hasta que un buen día la ciudad de New York los unió en sus vidas de adultos jóvenes:

Nueva York 2016
La ciudad que nunca duerme bulle de vida. Las luces parpadean, los taxis tocan la bocina y la gente camina apresurada sin mirar a los lados. En una cafetería de esquina, Richie Tozier se sienta en una mesa junto a la ventana, tamborileando los dedos sobre su vaso de café frío. Se ha estado riendo con el mesero, lanzando chistes sin mucho esfuerzo, pero su mirada se desvía constantemente hacia la puerta. Entonces, la campana suena. Richie levanta la vista y lo ve
Eddie Kaspbrak. Mismo cabello cuidadosamente peinado, ropa perfectamente ajustada, misma expresión de alguien que no está seguro de si debería estar aquí. Pero sus ojos… sus ojos brillan con algo familiar cuando encuentran los de Richie.
(Por un momento, se quedan así, solo mirándose. Luego, Eddie sonríe, pequeño, torcido, y eso es suficiente para que Richie se ponga de pie.)
Richie:
— Eds.
Eddie:
- ¿Tienes idea de cuánto tiempo ha pasado y tu continúas llamándome así?
(Richie no responde de inmediato. Solo lo observa, como si necesitara asegurarse de que realmente está ahí. Luego, con un aire despreocupado, responde:
— ¿Y si te digo que es mi manera de recordarte que siempre has sido mi favorito?
(Eddie resopla, pero su sonrisa no desaparece. Se sienta frente a Richie, quitándose la bufanda y acomodándola sobre su regazo.)
Eddie:
— Siempre con las bromas.
Richie:
(Con una tímida sonríe)
— No siempre.
Eddie baja la mirada a su café recién servido. Juega con la cuchara, removiendo el azúcar sin necesidad. Hay un silencio entre ellos, pero no es incómodo. Es pesado, lleno de cosas no dichas.
(Hasta que Eddie decide romperlo.)
Eddie:
— No sabes cuánto necesitaba esto.
(Richie deja de juguetear con su servilleta. Lo observa por un momento y, en lugar de hacer una broma, simplemente dice:).
Richie:
— Yo sí.
Eddie levanta la mirada. Algo dentro de él se sacude. Richie se inclina un poco hacia adelante, apoyando los codos en la mesa, estudiándolo. Han pasado años, pero en este instante, parece como si el tiempo no hubiera cambiado nada. Como si aún estuvieran en la Casa Club, confesando lo que nunca podían decir en voz alta.
(Y quizás, esta vez, no haya un monstruo que los obligue a callar.)
Después de la cafetería, todo fluye de manera natural. Caminan por las calles iluminadas de la ciudad, como si no hubieran pasado años sin verse. Eddie habla sobre su trabajo, sobre cómo su madre aún intenta controlar su vida a la distancia. Richie le cuenta sobre su carrera en la comedia, sobre lo ridículo que es su agente y sobre cómo algunos días se siente más solo de lo que admite.
Ríen. Se hacen bromas. Y en algún punto, sin pensarlo demasiado, acaban en el departamento de Richie.
El lugar es un desastre encantador, con vinilos apilados en un rincón, carteles de películas viejas, un proyector, un enorme sofá y una mesa con manchas de café. Entonces Eddie no puede evitar decirlo:
— ¿Sigues siendo un desastre?
Richie:
(Encogiéndose de hombros, sonriendo)
— Oye, el caos es parte del encanto.
Eddie niega con la cabeza, pero sigue sonriendo. Luego se sienta en el sofá, dejándose caer con un suspiro. Richie lo observa, siente su pecho apretarse con algo que no se atreve a decir.
Richie se sienta a su lado y por un momento, ninguno habla. Solo la luz tenue de la lámpara y el ruido lejano de la ciudad llenan el espacio entre ellos.
Y entonces, Richie lo dice:
— Nunca dejé de pensar en ti, ¿sabes?
Eddie gira la cabeza para mirarlo. Hay un brillo en sus ojos, como si quisiera decir algo, pero su propia mente lo detuviera. Richie se inclina un poco, la distancia entre ellos finalmente parece desaparecer y aunque Eddie podría alejarse. Esta vez, no lo hace.
Cuando sus labios se encuentran, el miedo y las dudas desaparecen por completo. Solo son ellos dos, después de tantos años, después de tanto callar.
El fin de semana es perfecto. Se despiertan tarde, beben café en pijama, caminan por Central Park, se besan en calles poco iluminadas. Richie nunca había sido tan feliz. Y Eddie, por primera vez en mucho tiempo, se siente libre.
Pero la realidad siempre llega. Y cuando lo hace, lo hace con fuerza.
Es domingo por la noche cuando Eddie empieza a cerrarse. Está sentado en el borde de la cama de Richie, mirando su teléfono. Richie lo nota. Se acerca y le quita el teléfono suavemente.
Richie:
— ¿Qué pasa, Eds?
Eddie aprieta los labios. Y piensa mil respuestas que no impliquen romperle el corazón a Richie; pero sólo se le ocurre decir:
— No debería estar aquí.
(El corazón de Richie se encoge.)
Richie:
— ¿Por qué?
(Eddie se pone de pie, pasa una mano por su cabello, nervioso.)
Eddie:
— Porque esto no es real, Richie. Esto… esto es un error.
(Richie se levanta también, su cara y sus manos parecen completamente tensos)
Richie:
— ¿Un error? ¿Eso es lo que crees que somos?
(Eddie no responde de inmediato. Mira a cualquier parte menos a Richie.)
Richie:
— Eddie, mírame.
Eddie lo hace, y sus ojos están llenos de conflicto, de miedo, de lágrimas.
Al verlo, Richie respira hondo, en lo único que piensa es en un cigarrillo para no romperse.
Richie:
— No tienes que hacer esto. No tienes que escucharla.
(Eddie parpadea, confundido.)
Richie:
— Tu mamá. No tienes que vivir tu vida según sus reglas. No tienes que casarte con alguien que no amas solo porque ella quiere.
(Eddie abre la boca, pero no sale nada. Se le forman lágrimas en los ojos, pero las aparta rápido.)
Eddie:
— No lo entiendes.
Richie:
(Dando un paso adelante, con la voz rota)
— Entonces explícamelo.
Eddie lo mira, su respiración parece entrecortada. Y luego, finalmente, dice lo que no había querido decir en todo el fin de semana:
— No sé cómo ser libre, Richie.
Richie siente que su mundo se desmorona. Quiere decirle que está bien, que puede aprender, que él estará ahí. Pero Eddie ya ha tomado su decisión.
Al día siguiente, cuando Richie se despierta, Eddie ya no está.
Han pasado años. Años de silencio, de vidas separadas, de recuerdos enterrados bajo capas de rutina y resignación. Pero entonces, un día cualquiera, la llamada de Mike cambia todo. Richie regresa a Derry con un peso en el pecho. No quiere estar ahí, no quiere enfrentarse a lo que dejó atrás. Pero cuando lo ve… todo lo demás deja de importar.
Eddie está parado frente a la librería, con los brazos cruzados y la misma expresión nerviosa de siempre. Se ven. Y por un instante, todo lo demás vuelve a desaparecer. Con una sonrisa un poco cansada pero iluminada, lo primero que dice Richie al ver a Eddie es:
— Mierda, Eds. Te ves exactamente igual… pero con más canas.
Eddie:
con una sonrisa picarona le responde:
— Y tú sigues siendo igual de idiota.
(Hay un silencio. No es incómodo, pero está cargado de todo lo que no han dicho en años. Finalmente, Eddie da un paso adelante y le da un puñetazo ligero en el brazo.)
Eddie:
— Por qué carajos nunca llamaste.
Richie:
(Con la voz suave)
— Lo mismo podría preguntarte.
Eddie baja la mirada, removiendo una piedra con la punta del zapato. Luego suspira y asiente.
No necesitan decir más. Los años han sido crueles, pero por ahora, tienen esto. Tienen un instante antes de que el horror regrese.
Derry 2017
Las alcantarillas parecen observarte a cada paso que das. Todo en Derry parece podrido, como si la presencia de Pennywise hubiera corrompido cada rincón. El grupo de amigos avanza con miedo, pero también con determinación.
(Richie y Eddie van juntos. Como siempre.)
La batalla es un caos. Luces que estroboscópicas, la ausencia de Stan, risas que no deberían existir, alucinaciones que amenazan con volverlos locos. Pero siguen luchando. Porque si no lo hacen, todo habrá sido en vano. Y justo cuando las cosas no podían ser aún más caóticas.
La realidad vuelve a atacar a Eddie y para cuando logra ver el ataque, es demasiado tarde; Pennywise lo atraviesa con sus garras, levantándolo en el aire como si no pesara nada.
Richie grita, lanzándose hacia él, pero es demasiado tarde.
Eddie cae. Su respiración es errática. Sus manos, temblorosas, se aferran a Richie cuando este lo sostiene en sus brazos.
Richie:
(Con la voz quebrada)
— No. No, no, no. Eddie, quédate conmigo, por favor.
(Eddie sonríe, débilmente. Su mano se posa en la mejilla de Richie, dejando un rastro de sangre.)
Eddie:
— ¿Sabes qué, idiota? Siempre fuiste mi favorito también.
(Richie se ríe, pero es un sonido roto, lleno de desesperación.)
Richie:
— Entonces quédate. No me hagas esto.
(Eddie parpadea lentamente. Murmura casi con su último aliento: Te amo. Su agarre se afloja.)
(Y luego, se va.)
(Richie no grita. No se mueve. Solo lo sostiene, como si con eso pudiera retenerlo en este mundo un poco más.)

Antes de salir de Derry y olvidarlo definitivamente, Richie se detuvo en el puente de los besos. Con los dedos de sus manos recorrió las iniciales talladas sobre el cerco de madera, sacó una navaja del bolsillo de su pantalón y remarcó ambas letras, primero la E y luego la R. En ese momento las lágrimas comenzaron a inundarle los ojos, suspiró y comenzó a caminar de vuelta a su auto. Antes de partir volvió a mirar por el retrovisor la cerca de madera, con ese cielo rojizo de Derry de fondo y pensó
Ahora eres libre Eddie Spaghetti, ahora siempre me acompañarás.





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