El nuevo milenio trajo consigo una infinidad de fantasías y teorías acerca de la extinción humana o la destrucción de la Tierra, y el cine se ha encargado de representar varias de ellas. Una de las que más se ha popularizado, a causa de la mega ganadería y el avance en la experimentación biológica, es la pandemia, que un virus o bacteria desconocida se descontrole y elimine a la mayor parte de la población mundial, dejando a unos pocos supervivientes a su suerte en un mundo sin leyes. Hoy, después de la pandemia de COVID-19, esas películas de los noventa, principios de los dos mil, parecen casi premonitorias, y hacen pensar que, tanto los cineastas que hicieron ese tipo de films como los espectadores que estábamos fascinados con esos relatos apocalípticos, sabíamos que era cuestión de tiempo hasta que algo así sucediese en la realidad, aunque resultó menos espectacular de lo esperado. Uno de los films más significativos de ese tipo ha sido 28 days later (28 días después o Exterminio como se la conoció inicialmente en Latinoamérica), un largometraje británico estrenado en 2002 y dirigido por Danny Boyle y escrita por el ya celebre Alex Garland.
Inglaterra ha sido escenario de incontables películas: las comedias románticas más famosas de Hugh Grant (como Briget Jones's Diary de 2001 o Notting Hill de 1999), la reconocida Match Point (2005) de Woody Allen, las adaptaciones de clásicos de la literatura como 1984 (como Brasil en 1985 o las versiones con el mismo título de la novela de 1956 y 1984), la saga de Harry Potter, The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde (también tuvo varias adaptaciones filmadas en Inglaterra como The Two Faces of Dr. Jekyll de 1960 o Dr. Jekyll y Dr. Hyde de 2002) o los relatos protagonizados por Sherlock Holmes (como The Hound of the Baskervilles de 1959 o Sherlock Holmes de 2009), las representaciones de figuras importantes de la Historia británica como Elizabeth I (Elizabeth: The Golden Age de 2007), la princesa Diana (Spencer de 2021) o Shakespeare (Shakespeare In Love de 1998). Sin embargo, desde The War of The Worlds de H. G. Wells (cuyas adaptaciones cinematográficas nunca respetaron el contexto original de la obra), pocos han sido los relatos sobre apocalipsis ambientados en Inglaterra que han destacado o, al menos así fue, hasta que en 2002 Danny Boyle, director de otro gran film situado en Manchester: Trainspotting (1996), popularizó el fin del mundo inglés con 28 days later.

Muchos podrán pensar, con justa razón, que este film es otra película de zombis más; ya que su dinámica le debe mucho a la filmografía de George Romero. Pero creo que 28 days later destaca por varios motivos: la construcción de un zombie más realista acorde a lo que Byung-Chul Han denomina “la era de los virus” en La sociedad del cansancio (2010), no son zombis son infectados, la variedad de recursos que emplea para representar recuerdos, sueños, paisajes, la incorporación de elementos góticos a un relato de supervivencia, y la importancia que tienen los lugares en el desarrollo del argumento, al punto de que Inglaterra es un personaje más. En este artículo, profundizaré sobre las últimas dos características que mencioné, aviso que este análisis poseerá muchos spoilers.
Despertar en una Londres deshabitada
28 days later inicia en un espacio cerrado, unos activistas irrumpen durante la noche en un laboratorio que experimenta con chimpancés. Se encuentran a los animales enjaulados, coléricos o expuestos a imágenes violentas. Las expresiones de horror de los activistas con ese inconfundible acento británico es el primer indicio que tenemos del lugar donde se desarrollarán los hechos. Un científico (David Schneider) ingresa a la sala y les advierte que los monos están infectados con Rabia y son altamente contagiosos.
“The animals are contagious. The infection is in their blood and saliva. One bite… (lLos animales son contagiosos. La infección está en su sangre y saliva. Una mordida…)”
Sin embargo, ellos ignoran sus súplicas y tras liberar al primer primate se desata el caos, la plaga se extiende de forma rápida, violenta y confusa.
Aparece un circunstancial de tiempo, el título de la película, que indica un salto temporal, y vemos despertar a Jim (Cillian Murphy), el protagonista, en la cama de un hospital abandonado. Recorre sus pasillos vacíos con el mobiliario alborotado, toma varias Pepsis (el principal sponsor de este film) de las máquinas expendedoras, sus “Hello” retumban en las paredes, no hay respuesta, prueba los teléfonos de línea, no hay tono. Sale a la calle para encontrarse con el centro de Londres desolado. Inicia una secuencia de pesadilla con un montaje y un Soundtrack memorables. Jim recorre las calles deshabitadas de la tercera ciudad más poblada de toda Europa, sus “Hello” fluyen por el silencio, tomas panorámicas de los lugares más emblemáticos de la ciudad desprovisto de personas, movimiento, estas se intercalan con planos detalles de la creciente desesperación del personaje u objetos como el icónico bus rojo de dos pisos volcado, las veredas cubiertas de basura, cuerpos, adornos turísticos, pantallas gigante apagadas, periódicos y carteles caseros olvidados que ponen al lector en contexto: el país está en cuarentena. Al espeluznante montaje se suma la música que va en crescendo hasta que estalla junto a las esperanzas del protagonista de despertar de ese mal sueño.
Es la ausencia de la típica multitud citadina, la quietud de los edificios, de las máquinas y objetos que hacen a la metrópolis los que generan el efecto de la angustia o el suspenso. La representación del lugar es esencial para producir el efecto deseado: el horror de despertar solo en una gran ciudad deshabitada. La escena siguiente, cuando Jim es perseguido por unos infectados que encuentra en una iglesia y es finalmente rescatado por Mark (Noah Huntley) y Selena (Naomie Harris) es casi un alivio para el lector, porque el violento, rápido y confuso escape por la supervivencia se siente menos opresivo que ser el único peatón de la laberíntica Londres.

¿Morir intentando o esperar a morir?
Con descripciones sencillas pero sugestivas que dan pie al espectador a imaginarse los detalles del inicio de una catástrofe epidemiológica, Mark y Selena ponen a Jim y al espectador al tanto de una situación que ya sospechaban: un virus desconocido se propagó a gran velocidad y en solo un mes hundió a Inglaterra en el caos. Sin electricidad, sin medios de comunicación o forma de contactar con el exterior, sin policía, sin ejército y sin gobierno, no hay una estructura que contenga a los personajes, no hay una institución que les diga cómo actuar o pensar en una isla tomada por la Rabia. Su supervivencia está a merced de sus propias decisiones, aciertos o errores, es por ello que a lo largo del film se mostrarán distintos posicionamientos ante el fin de la civilización humana: el de Jim que busca establecer lazos afectivos con los supervivientes que encuentra en el camino, el de Selena que cree que lo primordial es seguir vivo al costo que sea (postura que cambiará hacia el final del film), el de Frank y Hannah que prefieren arriesgarse a lo incierto antes de esperar a la muerte en su departamento, el del sargento Farrell que considera que el mundo puso a Inglaterra en cuarentena y cruzando el mar el mundo continúa con normalidad, y el del mayor Henry que utiliza el engaño y su poder como uniformado para obtener lo que quiere: una promesa de futuro para su subordinados.
Al concluir la charla que tiene lugar en el escondite de Mark y Selena, un kiosco en el subterráneo, transporte emblemático de Londres por ser el primero del mundo en 1863, el film se transformara en una Road Movie de supervivencia hasta llegar a su tercer acto. Como si fuera una guía turística pos apocalíptica, el film pasea al espectador por algunas de las zonas más reconocidas de Inglaterra para mostrarle lo tétrica o hermosa que puede ser la isla tras una catástrofe viral. Jim, que acaba de ingresar a esa nueva realidad, intenta aferrarse a lo conocido e insiste en ir a su casa en Depford (un distrito a siete kilómetros y medio del centro de Londres) para saber algo sobre sus padres. Aunque Selena y Mark advierten que es peligroso, acceden a acompañarlo hasta allí a la luz del día. Caminan casi todo el día por las vías de tren para llegar a la casa del protagonista, quien descubre a sus padres muertos sobre el lecho matrimonial, vino y pastillas sobre la mesa de luz, en sus manos fosilizadas una carta de suicidio dirigida al Jim comatoso.
Sus nuevos compañeros intentan subirle el ánimo diciendo que debería estar agradecido por la muerte pacífica de sus padres, y para enfatizar la idea, Mark cuenta cómo perdió a su familia en Paddington Station cuando trataban de huir del país. Cada nueva zona de Inglaterra que se menciona o muestra está asociada a una tragedia, el mapa del dolor se sigue construyendo y pareciera que Bretaña estuviera pagando por toda la sangre que derramó durante las conquistas. Esa misma noche, mientras Jim rememora a sus padres a la luz de una vela, son atacados por unos infectados que solían ser vecinos de Jim, en el proceso Mark se expone al virus por medio de una herida y muere en manos de Selena antes de que el virus lo volviera una amenaza. Se vuelve sobre la misma idea: no hay lugar seguro en Londres y hasta tus propios vecinos o compañeros de ruta pueden matarte.

Abandonan la casa del protagonista aunque aún reina la oscuridad, están varados en una ciudad sin ley, rodeados de rabiosos dispuestos a propagar un virus con toda la violencia que sea necesaria. A lo lejos ven un departamento iluminado por luces navideñas, sin muchas más opciones, siguen la huella civilizatoria. Después de una secuencia de persecución en las escaleras del edificio son recibidos por Frank (Brendan Gleeson), un taxista bonachón, y Hannah (Megan Burns), su hija adolescente. Los contrastes se ponen en evidencia, Jim está contento de tener nuevos aliados, Selena cree que están desesperados.
A la mañana siguiente, Frank conduce a Jim a la terraza para mostrarle sus métodos fallidos para recolectar agua y maldice al clima.
“Hasn’t rained in ten days (...) You’d never think it, needing rain so badly, not in fucking England. (No ha llovido en diez días. Nunca lo hubieras pensado, necesitar la lluvia desesperadamente, no en la maldita Inglaterra)”
En la neblinosa Londres falta la lluvia, falta el agua, otro factor de malestar para los personajes ocasionado por el ambiente, lo que hace pensar que los infectados no son los únicos monstruos del film. Los lugares son los seres imposibles de combatir que atormentan a los personajes, cada uno a su manera, ponen en evidencia las ausencias, los peligros escondidos, los recuerdos.

Frank está seguro de que no sobrevivirán allí por mucho más tiempo, así que, reunido los cuatro en el balcón, les hace escuchar una transmisión que captó por la radio. Un bloqueo militar a las afueras de Manchester promete comida, protección y la solución a la infección. Selena, la más escéptica, desconfía del mensaje, cree que es mentira o los emisores están muertos y que podrían morir en el camino, Frank se empecina en que es la mejor opción. Hanna resuelve la discusión, planteando con sencillez la dicotomía: morir intentándolo o esperar a morir.
Todos optan por la primera opción, prefieren el movimiento antes que la quietud, y sin más debates parten hacia Manchester en el taxi de Frank, no sin antes pasar por un Budgens (tiendas de comestibles fundada en 1872, las referencias a locales típicos de las Bretañas contribuyen a que el espectador tenga siempre presente la ubicación del film) para conseguir provisiones. La escena marca un cambio de tono enfatizado por la música que augura momentos de disfrute para los personajes y el fortalecimiento de su relación, algo propio de las películas de viajes. Además explota de forma lúdica una fantasía común ¿a quién no le gustaría saquear un mercado lleno de comida en mundo apocalíptico?
Antes de empezar su viaje por las colinas inglesas, la ciudad les presenta un último desafío: atravesar un túnel bloqueado por un choque masivo. Después de una intensa secuencia que incluye una rueda pinchada, una ola de ratas, personaje casi mítico de las megaciudades, e infectados corriendo por una montaña de autos destrozados, los protagonistas se alejan de los peligros londinenses.

El contraste entre el campo y la ciudad es claro en este film. La ciudad es opresiva, inflamable, llena de recovecos desconocidos, recursos e infectados, un espacio que obliga a los personajes a estar en constante alerta. El campo es amplio, tranquilo, con potros corriendo por la llanura, y habilita a los personajes a que puedan disfrutar de un picnic o la contemplación de la naturaleza. Este contraste es un tópico común en los relatos ingleses desde el Romanticismo con poetas como William Wordsworth. El teórico Raymond Williams tiene todo un libro dedicado a esta dicotomía si desean profundizar sobre el asunto.
Esas escenas de paz casi engañan al espectador y le hacen pensar que esas colinas idílicas están exentas del virus y sus consecuencias. De hecho los problemas inician nuevamente cuando ven desde la ruta la ciudad de Manchester prendida fuego. Aunque el último acto acontece a las afueras de la metrópolis.

“Jim: The whole of Manchester, the whole city (Toda manchester, la ciudad entera)
Selena: No fire crews to put it out (Sin bomberos para apagarla)”
Llegan al bloqueo, lo encuentran abandonado. Frank se enfurece de frustración, no tienen un nuevo destino y eso lo abruma. Irónicamente, al descargar su ira contra un cuervo que se alimentaba de carne infectada, una gota de sangre del muerto cae en su ojo. La rabia lo ha infectado de Rabia. Con lo poco que le queda de conciencia se despide de Hanna, antes de que Jim tenga que matarlo una balas que salen de la nada lo hacen por él. Llegaron los militares, demasiado tarde para Frank, los uniformados los conducen a los protagonistas que quedan hacia su fortaleza: una mansión a las afueras de la ciudad.
Un tercer acto gótico.
Inglaterra tiene una larga tradición de relatos góticos, desde la publicación de The Castle of OTranto. A Gothic Story“ de Horace Walpole en 1764, muchos han sido los escritores ingleses que exploraron el género: Clara Reeve, William Beckford, Bram Stocker, Mary Shelley, entre otros. Este tipo de ficción se vio fuertemente inspirado por la arquitectura gótica y medieval, lo que podría explicar por qué los lugares (castillos, mansiones antiguas, cementerios, terrenos encantados, etc.) cumplen un rol fundamental en la construcción de ambientación y desarrollo de la trama. El último acto de 28 days later toma elementos de este tipo de narrativas y los incorpora a una historia de supervivencia para explotar al monstruo como una amenaza que se encuentra en el interior.
La primera característica gótica de la tercera parte de la película es el escenario. Todo ocurre en una mansión antigua y lujosa que los militares acondicionaron para que sea su cuartel. Un edificio antiguo, con puertas secretas en la pared, espejos enormes, vestidos de gala, ventanales enormes y un sinfín de habitaciones y pasillos; combinado con los elementos típicos de una base militar en el apocalipsis: vehículos militares, armas, cajas de provisiones, alambre de púas y fosas donde tirar a los muertos. Este lugar va a ser un personaje más que dará asilo o muerte según cómo interactúen con él.
La segunda característica es el tipo de personajes que presenta, suelen ser paroxísticos, cumplen un rol muy definido en el microcosmo gótico y algunos representan una idea mayor. El mayor Henry (Christopher Eccleston) es el anfitrión inteligente y carismático, vocero de algunas verdades como que el mundo sigue consistiendo en lo mismo: sobrevivir y personas que matan personas, o que los infectados morirán de hambre ya que en sus mentes no existe una noción de futuro; pero a su vez es alguien en que no se puede confiar, porque no tarda en revelar su faceta manipuladora y autoritaria. El sargento Farrell (Stuart McQuarrie) es portador de los valores de la civilización, no está de acuerdo con los planes secretos de sus compañeros y cree que todos se están volviendo locos, creyendo que es el fin del mundo, cuando en realidad Inglaterra fue puesta en cuarentena, mientras que en el resto del planeta todo sigue igual. El soldado infectado Mailar (Marvin Campbell) es el monstruo que el mayor elige tener “escondido” en el patio interno de la mansión. El soldado de más bajo rango es la empleada doméstica y el objeto de burla de los demás. Los soldados restantes poseen en mayor o menor medida las mismas cualidades: son abusivos, gritones, violentos, soberbios y cobardes, personajes pensados para ridiculizar a la milicia y morir en una noche de tormenta.

Durante las primeras horas, el mundo gótico parece ofrecer una salvación a los protagonistas, sin embargo, en cuanto los villanos, los militares, expresan sus verdaderas intenciones: usar a las mujeres, Selena y Hanna, para repoblar la Tierra; intentan huir sin éxito. A Selena y Hanna se les ordena que se preparen para la ocasión, Jim y el sargento, quien intentó ayudarlos, son enviados a un calabozo hasta que llega la orden de ejecutarlos. Durante el fusilamiento de Farwell, los verdugos se distraen y Jim logra escapar saltando el muro de la mansión. Los soldados lo dan por muerto, el afuera está lleno de infectados exiliados por el fuego de Manchester. En ese instante, el protagonista ve pasar un avión y con eso descubre que el sargento estaba en lo cierto, al otro lado del mar el mundo sigue transcurriendo con normalidad. Motivado por el descubrimiento, decide utilizar la astucia y la sorpresa para salvar a las doncellas en apuros.
La epifanía trae consigo la tan deseada lluvia. El clima se presta para un clímax puramente gótico. Jim se mueve por la mansión y los alrededores como un fantasma, nadie lo ve, pero siembra el caos por donde va, cuando se hace visible ya es muy tarde para sus enemigos. Aprovecha que está en la posición del cazador para separarlos y sorprenderlos uno por uno. Aunque tendrá un aliado, el monstruo que tenían encerrado, el soldado infectado Mailer es liberado por Jim, y lo ayuda en su tarea de eliminar al escuadrón. Después de varias escenas que acentúan lo gótico, como cuando Hanna se oculta de los infectados tras un espejo, o Mailer aparece en la ventana y la atraviesa para agarrar a uno de sus antiguos camaradas, los protagonistas logran escapar en el taxis de Frank, aunque Jim es herido por el mayor Henry en el proceso.

¿Hell or Hello?
Después de otro salto temporal de veintiocho días, la secuencia final nos regresa al campo que nuevamente es mostrado como un refugio para los protagonistas. En un sueño de Jim vemos la palabra “Hell” en medio de las verdes colinas inglesas, una re afirmación de lo que se nos ha mostrado a lo largo de todo el film, la Inglaterra de 28 days later es el infierno sobre la Tierra. Sin embargo, esa afirmación es re significada en la realidad, ya que los protagonistas usan los últimos retazos de telas que les queda para completar la palabra con la que llamarán la atención de los aviones extranjeros: “Hello”, el significante que Jim había utilizado al principio de la película para encontrar a alguien en una Londres deshabitada. Es una asociación interesante la que plantea Boyle, como en el inglés el infierno está a solo una letra de convertirse en un saludo, y entre esos extremos oscilan los espacios que construye este largometraje: son infernales pero al mismo tiempo le dan la bienvenida al espectador. Este relato tan inglés que no sería el mismo si aconteciera en otro sitio.

Muchas gracias por leer este análisis tan extenso, es difícil describir el espacio sin dar cuenta de su relación con los eventos y los personajes, después de todos los ambientes envuelven a todos los otros elementos del film, por eso resultan claves a la hora de hacer cine.
Invocaré Villana.




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