Solo se nace dos veces
Este artículo se concentrará principalmente en la primera película de la saga, no es por demeritar a Reloaded y Revolutions, de hecho, creo que ambas han visto como su reputación se ha redimido justamente con el paso de los años. En cuanto a Resurrections, simplemente no cuento con el conocimiento para analizarla, el metadiscurso de “Los reebots son estúpidos” con el que Lana Wachowski cubrió esa producción ha provocado (dos veces) el interrumpir la reproducción aproximadamente en el punto medio. La simple razón por la que el siguiente contenido hará referencia en su gran mayoría a la original de 1999 se debe a que, como lo indica la descripción de este concurso, el lugar en cuestión es integral en la narración y fundamental en la historia.
Al tomar los parámetros con los que Morfeo plantea la Matrix a Neo en su primer encuentro en “carne y hueso”, esta es la totalidad de la simulación en la que se encuentran, no importa el día, lugar u hora; están en la Matrix. Siendo así la trama de la película ocurre, a lo mucho en cuatro lugares: La simulación de la vida real, los programas de entrenamiento para Neo, brevemente en el campo de cosecha de humanos y la nave Nebuchadnezzar. Obviamente la Matrix es el primer lugar en tiempo útil para la historia con amplia diferencia. En las secuelas se aumenta el número de locaciones y se distribuye de diferente manera el tiempo.
Si bien compartimos el viaje de Neo durante toda la tetralogía, también es cierto que únicamente en la primera podemos conectar con él tal cual nosotros estuviéramos viviendo ese viaje. Su accionar, sus dudas, el concepto de aprender nuevamente las funciones básicas para la vida nos llevan de la mano con la historia, la fragilidad y la vulnerabilidad nos mantienen unidos a él, un espejo que nos muestra que haríamos nosotros en tal situación, Morfeo bien pudiera estar dándonos clases directamente. El resto de la tripulación son veteranos de ese mundo, la confianza de la experiencia construye una tenue barrera entre ellos y nosotros, tétricamente similar a los sintéticos de Alien. El recurso de un personaje de lienzo en blanco desaparece a partir del clímax, donde la profecía de “El Elegido” se confirma, en la segunda y tercera parte prácticamente vemos a un dios, como audiencia nos unimos al resto de los humanos en pantalla en tratarlo con veneración y admiración, no significa que sea mejor o peor, mantenemos una familiaridad con los personajes, pero hay que decirle adiós a ese nivel de inmersión que el Neo original nos brindaba, una consecuencia natural a la evolución de la historia sino queríamos sufrir de estancamiento.

La siguiente razón por la que quiero candidatear sobre todo a la primera película es por el rol que el Agente Smith se roba en Reloaded y Revelations, el villano principal. La Matrix no es únicamente un escenario, es una amenaza latente, que puede desplegar un ataque en un parpadeo, una casa embrujada sin fin donde cualquiera se puede transformar en un fantasma (agentes). La regla de que una muerte en la Matrix también resulta en la muerte corporal mantiene el riesgo a la vista, convirtiendo en irrelevantes hasta cierto punto las ventajas que la rebelión humana ha podido explotar a base de manipulaciones en el código. Sabemos que hay todo un imperio de máquinas detrás, pero hasta ese momento su representación principal es la simulación, con los agentes siendo la herramienta definitiva del sistema de seguridad, un gran peligro que no deja de estar al servicio de la Matrix. Cuando descubrimos que Smith ha adquirido un nivel de consciencia que lo hace repudiar su rol en el sistema y el programa del que forma parte, comienza el reajuste de la balanza en los villanos de la historia, aun así, él todavía tiene que rendir cuentas a la Matrix. Es en las secuelas donde el peso de la simulación en la trama se reduce irreversiblemente, nos distraen nuevos antagonistas, la rebelión personal de Smith gira prácticamente la cadena de mando en 180°, la Matrix es ahora un campo de juegos donde dos seres omnipotentes imponen su voluntad, la guerra contra las maquinas es un acto de segundo plano a la batalla entre Neo y Smith.
La división del tiempo
El género de ciencia ficción juega una apuesta consigo mismo cuando su trama involucra un planteamiento en el futuro cercano o lejano, quieran admitirlo o no, los autores aspiran un poco al rol de profetas, cuando mínimo quieren dejar tintes de clarividencia en sus historias. Mientras más adentrado en el futuro se ambienten las acciones, más tiempo de maniobra se dan, aun así, eventualmente el paso de los años trae esas fechas al presente. Skynet ya se activó cuando menos tres veces según la saga de Terminator y el 2015 fue el año del “futuro” en Volver al Futuro 2.
Matrix añadió una capa a esa dinámica, ahora procedíamos con dos momentos en el tiempo de manera simultánea, pero uno ficticio con el fin de cultivar un valioso recurso para el real. Simplemente sucede que esa herramienta se parecía en medida uno a uno a nuestro presente (el de finales del milenio pasado).

Es aquí donde quiero inflar el pecho por mi generación (milenial) y todo miembro de las pasadas que haya visto The Matrix en el cine. Fue una experiencia que sacudió un poco los cimientos, muchos adoptaron como si le estuviera hablando directamente a ellos, el dato de que el presente “real” de la película es el año 2199 llegó a nuestros oídos y en primera instancia lo alejamos tan pronto como pudimos, como un mosquito incomodándonos mientras hacemos algo infinitamente más importante; en este caso asimilar el concepto de la simulación. El pensar que, hasta nuestro estado de ánimo era una serie de unos y ceros fungiendo como una rueda de hámster o que el experimentar un Déjà vu era en realidad un guiño del código de programación, fueron asociaciones soldadas en nuestro cerebro durante años, algunos todavía no se desprenden de ellas completamente. Audiencias más jóvenes cuentan con un distanciamiento intrínseco por su edad, el día a día de finales de mileno bien pudiera ser una reliquia, por lo que no se concreta ese paralelismo que provoca un furtivo filtro de paranoia con el que interpretamos al mundo que nos rodea.
¿Cuál tomarías tú?

Cypher tiene un punto, claramente es un traidor de la especie, pero no deja de tener un punto válido. En retrospectiva, el planteamiento de Morfeo durante la decisión de las píldoras no es tan abierto como parece una vez que conocemos la verdadera realidad, es cierto que se menciona a grandes rasgos la situación a la que está sujeta el cuerpo físico y el funcionamiento general de la Matrix, sin embargo se omiten detalles que pudieran voltear la decisión de un lado u otro, Morfeo habla como un reclutador porque técnicamente lo es, idealizando su causa, buscando añadir elementos para la guerra más importante de la humanidad.
También es cierto que no todo mundo tiene material de soldado. Si nos basamos en la despotricada que Cypher hace mientras desconecta a la tripulación, podemos deducir que todos reciben un discurso más o menos similar al que escuchamos en la escena con Neo, excluyendo la suposición que el candidato es una especie de mesías. Entonces el poder de convencimiento para el resto de los reclutados pasa más bien por la frustración general a la vida, la pesadez de la monotonía, el hambre de progreso que sea ha quedado insatisfecha. Motivos bastante poderosos, aunque ¿es seguro que todos intercambiarían eso por la vida de las trincheras? La respuesta gutural e idealista lleva un si a toda velocidad, pero si tomamos en cuenta todo lo que realmente espera del otro lado del umbral, no cualquiera puede asumir con temple la tarea dantesca que les cae encima.

Dudo que Cypher haya sido el único caso con remordimiento de comprador, basta con anhelar nostálgicamente pequeñas comodidades que desaparecieron o esos breves estímulos de placer sensorial que no se volverán a experimentar. Hay ejemplos incontables de reclutas cargados de entusiasmo en las semanas de entrenamiento para después quedar paralizados ante la brutalidad verídica de la guerra. Es más, existen casos históricos de traidores a la patria, viéndose seducidos por la influencia y promesas de un poder extranjero, lo que Cypher hace es ciertamente una magnificación de ellos, pero no hay que darle tanto crédito a la raza humana. En el día a día millones de personas, si, millones, eligen activamente cometer un crimen que en menor o gran medida sacrifica el orden y el bien común, por un poco de avance personal. Cypher está dándole su lista de deseos a un genio virtual, una variación a una fantasía muy recurrente en la psique humana. Con todo eso establecido, ¿Cuántos recurrirían a la red de confort de la píldora azul?




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