
ELLA lo tiene todo: un poco más y mucho más. Anne (Trine Dyrholm) es una abogada competente y dedicada que maneja complejos casos de abusos. Está casada y tiene hermosas niñas gemelas con el sueco Peter (Magnus Krepper), quien aparentemente es médico en virología. La primera vez que escuchamos a la pareja hablar, se trata de que Anne, una vez más, deja que una de sus clientes se quede a pasar la noche. A Peter no le gusta que mezcle familia y trabajo. Ella dice que estuvieron de acuerdo a lo que Peter responde, “No, tuvimos un intercambio de opiniones que terminó contigo diciendo tal y tal cosa. Imagínate si por una vez dijeras: "Sí, tienes razón, dulce Peter". Anne repite, irónicamente, "Sí, tienes razón, dulce Peter" y demuestra quién escribe las reglas de la casa. La familia, clase media alta de profesionales exitosos, vive de forma sencilla, en una casa luminosa de grandes ventas y madera, en un ambiente rural y boscoso. Hay una chimenea incorporada a la altura perfecta de los ojos. Las zonas de estar fluyen hacia una sola, tanto por dentro como por fuera. El jardín se extiende hacia el bosque. En el fondo hay un lago resplandeciente. No hay ningún vecino hasta donde alcanza la vista. Es un entorno ideal para una familia moderna. Ana reina en medio de todo.
En la primera toma, vemos el cielo otoñal enmarcado por las copas de los árboles. Sólo cuando la cámara empieza a moverse al ritmo de la música minimalista que Jon Ekstrand compuso para “Dronningen” (el nombre danés de la película), los espectadores nos damos cuenta de que la imagen está al revés. La imagen nos produce una sensación de hundimiento en el estómago, un vértigo agudo, mientras el fotógrafo Jasper Spanning gira la cámara hacia abajo, en sentido antihorario, hasta que el paisaje queda nivelado. Nos encontramos en un terreno inestable, desde el principio, en un mundo en el que los valores aceptados se están poniendo patas arriba. Para ambientar aún más al espectador, Anne lee en voz alta fragmentos de “Alicia en el país de las maravillas” a sus niñas. La sección sobre cómo Alicia cae por la madriguera del conejo, a un ritmo lento, mientras reflexiona sobre sus impresiones en el camino. Todo parece estar construido dentro de límites estrictos, para demostrar que nada es fijo. Pronto la Tierra desaparecerá bajo los pies de Anne.

El primer flashback continúa. Ana camina por el bosque con un perro. Cuando llega a casa, Peter está haciendo las maletas. La policía ha llamado desde Estocolmo, solicitándole a Peter que fuera allí. El cielo es gris claro. Anne mira los árboles desnudos y la cámara se enfoca en una formación de ramas. Se acerca tanto que nos sentimos inmerso en el misticismo natural de la película “El regreso” (2003), del ruso Andrei Zvyagintsev. Una vez terminado el corte, retrocedemos en el tiempo, antes del verano en que el reino quedó en ruinas.
Anne es la fiscal en un caso de violación. Ella ayuda a una mujer joven a navegar el proceso judicial. Hay inquietud y expectación en la casa. Gustav, hijo de Peter de su matrimonio con Rebekka, llega a Dinamarca para vivir con su padre. Las niñas gemelas han hecho pequeños regalos. Anne se hace las uñas con su hermana Lina (Stine Gyldenkerne), que es esteticista. - ¿Qué dice Peter? - pregunta ella. "Probablemente esté deseando que llegue el momento", responde Anne.
Anne no está feliz. Si hay disturbios en la casa, ella misma será la fuente. Y Gustav, de 17 años, al principio es solo un joven hosco que odia todo lo relacionado con el hecho de haber sido colocado a la fuerza con su padre del que está distanciado y la molesta familia a los que sólo conoce por imágenes. Se comporta como lo siente: un huésped de hotel.
Las cosas empiezan a cambiar en la escena, donde de repente hay una chispa de contacto. Anne llega a casa y recoge el desorden en la habitación de Gustav. Ella mira sus cosas. Está leyendo “Un hombre” de Oriana Fallaci, una especie de escudo simbólico. En ese momento, Gustav entra de la ducha. Por un momento se cruzan sus miradas, la del adolescente mirado con deseo y la de la madrastra que mira el juvenil cuerpo mojado.
En los tribunales las cosas no van bien para Anne. Después de la absolución, el abusador, un delincuente con aspecto de jilguero, se queda de pie y alardea en el estacionamiento. Anne intenta consolar a la adolescente que defendía; enfrenta al hombre: "¿Estás ahí de pie celebrando una fiesta?"; No hay nada profesional en la forma en que ella reta al criminal. Es una forma de mostrar pdoer en un momento de impotencia, una manera de que algo de pasión emerja, de alguna forma.
Hay un robo en el perfecto hogar. Anne descubre que Gustav es el ladrón, le da un ultimátum. O bien se recompone y se une a la familia. O se lo cuenta a Peter y a la policía. Hay de nuevo un momento de contacto. Se está estableciendo un nuevo entendimiento. La tensión aumenta, los espectadores sabemos lo que sucederá. Ana toma la iniciativa y controla todo lo que sucede.
ANTES del oscuro tercer acto, donde nosotros, como espectadores, lo perdemos todo ante Anne porque ella ya no es Anne, se encuentra la representación real de la seducción, en la que Gustav y Anne son casi igualmente buenos. Ella es siempre la que pone las cosas en movimiento. Hay dos escenas de sexo precisas y elaboradas, una con Gustav y otra con Peter, que definen la identidad de Anne. Mientras tanto, en el Jardín del Edén transcurre un verano maravilloso. Gustav acaricia el brazo de Ana mientras la familia juega al escondite en el jardín. Por un momento, cada toque es eléctrico. Cuando Anne nada sola en el lago, el agua brilla blanca y dorada.

Aunque a medida que la tensión crece y la apuesta de Anne está por ser descubierta, cuando eso sucede, ella reacciona de una manera inesperada y dura, rechaza las expresiones de Gustav como una invención, explora y se sumerge en la vulnerabilidad del adolescente, que juega a ser un hombre. Ella lo rechaza, lo niega y miente, escupe todo lo que tenían y traiciona cada uno de sus valores, casi parece creer en su propia versión. Podemos entender la vergüenza y el pánico iniciales, pero no la crueldad constante. En cierto sentido, la película ofrece un retrato de una mujer que siente un anhelo, sigue un impulso y vive una necesidad. Anne cede a la tentación de una manera que la sorprende incluso a ella misma, o simplemente será que somos demasiados humanos y nosotros los humanos hacemos ese tipo de cosas.
Sin embargo, como espectadores vivimos un trauma, simplemente se nos hace imposible conectar la Anne del principio con la Anne del final. Se insinúan en la trama circunstancias de su crianza y posibles abusos, pero la Anne del principio no sería capaz de vivir, si traicionara a sus clientes. Si les fallara como le falló a Gustav, se derrumbaría. En cambio, vemos como de forma cínica y meticulosa encubre casa uno de sus movimientos. Incluso vemos como manipula al atormentado Peter, hasta que lo lleva a sospechar de su propio hijo y atornillar con más fuerza la representación del Gustav malicioso. La directora May el-Toukhy dice que la primera idea para “La Reina…” le surgió durante un período en el que varios conocidos fallecieron y salían a la luz secretos de sus vidas cotidianas ocultos para lo demás, que vivían en la ficción de haberlos conocido. Comenzó a preguntarse: "¿Cuándo y cómo surge un secreto familiar?". Y no menos importante, “¿Cómo se sostiene?". En ese aspecto la película es extraordinaria. Muestra cómo se crea un secreto.

El personaje de GUSTAV (Gustav Lindh de 22 años), a medida que se instala, adquiere el hábito de entrevistar a todos sobre sus antecedentes. Él interroga a Anne después de haber tenido sexo. "¿Quién fue la primera persona con la que estuviste?" Ella no quiere hablar de eso. "A veces lo que ocurre y lo que no debería ocurrir es lo mismo". "Un poco como nosotros dos", dice Gustav; es una escena muy bien escrita. “La Reina...” vive y respira a través de la actuación de Trine Dyrholm. Anne es una de sus mejores actuaciones de una galería impresionantemente grande: desde la madre encarcelada en Crimes y la hija del borracho en “Little Soldier” hasta la víctima de amor herida en “The Collective” y el papel principal en “Nico” (1988). Dyrholm siempre está en total solidaridad con sus personajes. Una habilidad que debe haber sido llevada hasta su límite máximo en “La Reina…”. Es una película con múltiples colores, reflexiva y estéticamente lograda. Un retrato puntillista de una mujer paradójica y una contribución al debate #MeToo sobre las normas y los límites de la naturaleza del abuso. Un reconocimiento de la violencia psicológica en forma física. "No era que estuvieras exactamente desinteresado", se burla Anne de Gustav mientras llega a su fase más monstruosa. El personaje es el resultado de muchas consideraciones y reuniones en la escritura del guion. Reaccionas como se espera cuando termina. Pero en el fondo, en el corazón mismo, es una película que se vive y se siente. Antes de que comience la oscuridad, el mundo está abierto de par en par. Es una película que debe ser vista por la representación cruda y pura de la relación erótica. No por todo el envoltorio moral, aunque sea difícil porque está trabajando desde el mismo registro de los Tabúes.
Es justo antes del descenso que la directora May el-Toukhy se interna en la leyenda de Fedra, la película es principalmente un mito sobre el descenso al abismo. En términos nietzscheanos: “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse en monstruo. Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira ti”. La Anne de Dyrholm desciende de Madame Bovary y se pone en contacto con otras antiheroínas: Anne Bancroft como la seductora Sra. Robinson en “The Graduate” (1967); Cloris Leachman, Ruth la esposa del entrenador en “The Last Picture Show” (1971); Kate Winslet como Hanna en “The Reader” (2009); Kim Basinger, Marion en “The Door in the Floor” (2003). Tal vez el pariente nórdico más cercano no sea la señora Junkersen en “The Chronic innocent” (1985), sino la maestra de “All Things Fair” (1995) del director Bo Widerberg.
Todas estas mujeres tenían sus razones. Es cierto que después se las suele ver con los ojos del hombre (los invito a la lectura de mi ensayo: “El Arte y la mirada masculina sobre las Mujeres: ¿Puede el Cine influir en la Realidad?”), la mirada melancólica del sexo. Anne no tiene piel, es cruda y extremadamente serena. Un personaje tan complejo que parece construido para la ocasión. O tal vez simplemente soy un escritor de cine sin empatía que no sabe nada sobre las mujeres reales.




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